Creo que fueron 20 soles cuando era un niño. Fui a comprar gaseosa y, cuando llegué a la tienda, me di cuenta de que no tenía el billete en mi bolsillo. En mi casa estábamos acostumbrados a tomar gaseosa ciertos fines de semana y, por culpa de mi descuido, nos quedamos sin gaseosa esa vez. Ahora me da risa, en ese entonces me quedé triste.
La peor situación fue cuando se me cayó mi billetera cuando iba a tomar el tren en Estados Unidos. Nunca cargo efectivo, pero me tío me había pedido que hiciera un envío a mi país y me dio 300 dólares que tenía que depositar. Me di cuenta de que la billetera se me había caído en algún momento camino a la estación y no podía volver a comprobar si estaba por el camino. Tuve mucha suerte que esa vez no cargaba mi tarjeta del seguro social o la de residencia permanente, porque ya se me había caído en algún momento y un gringo me había salvado llamándome y dándomela en una estación de tren. Una semana después, unos vecinos tocaron a mi puerta y me dijeron que habían encontrado mi billetera al frente de la puerta de nuestro edificio. Estaban todos mis documentos, pero los 300 dólares habían desaparecido. La persona que la encontró fue cruel, pero justa.
Curiosamente, yo jamás en mi vida había perdido mi billetera, pero en Estados Unidos me paso dos veces en un mismo mes... Y ambas veces me las devolvieron. Tuve mucha suerte esa vez que perdí la green card, porque estaba aplicando a trabajos y, sin ella, básicamente tenía que seguir atrapado en mi trabajo hasta recibir una nueva.