Braun
Miembro de plata
Es la lengua propiamente americana más hablada en el continente, utilizada hasta en 6 países (Perú, Bolivia, Ecuador, norte de Chile, noroeste de Argentina y en el extremo sur andino de Colombia) y por una población considerable en los tres primeros países; el quechua es también la lengua sudamericana que más ha aportado numéricamente en palabras a nivel hispanohablante. Hoy existen términos derivados del quechua, usados coloquialmente en Argentina, Uruguay, Panamá y aun en Islas Canarias. Desafortunadamente, el estado, por años, no ha tenido políticas inteligentes por incentivar el bilingüismo a nivel nacional, pese a los avances en TV Perú, Radio Nacional y otros medios aislados. En fin, ese es un tema para otro post.
Lo que sí ha venido en alza es el aprovechamiento de la, digámosle ignorancia, de gran parte de la población peruana respecto de esta lengua, que es usada desafortunadamente por ciertos políticos, no para extender su mensaje de manera positiva a ese 13% que lo habla nativamente en el país, sino para que el emisor en dicho idioma se convierta en un patán en señal abierta, personaje que sería incapaz de decir lo mismo en español, con la clara intención de saltarse la valla de lo apropiado en los medios.
Tuvimos, en Primera vuelta, el antecedente de Ciro Gálvez, al que después de no decir absolutamente nada sobre su plan de gobierno; camuflaba en el quechua frases agresivas, que eran vistas con humor por los torquemadas de la corrección y la tolerancia. Hoy este personaje, que parece sacado de un sketch ochentero de Tulio Loza, es, supongo por este “mérito”, nuestro ministro de cultura.
En el mismo tono, el Premier Bellido, después de reafirmar su vocación autoritaria en una entrevista y demostrando que de concertador no tiene un pelo, expresó en Quechua que “le había doblado las plumitas al periodista”. Como si su presencia como premier fuera la victoria de los andinos contra los limeños y no de la arrogancia contra las dudas que se ciernen contra él. Habría sido interesante que Bellido arrojara también la frase en español; pero, felizmente no hubo necesidad, hay millones de quechuhablantes en nuestro país que dieron cuenta de la soberbia de este personaje y se deben sentir incómodos que la lengua originaria más popular en las Américas se la utilice políticamente solo para lanzar calificativos que el entrevistador, o algunos los espectadores, no podrán entender y refutar.
Posdata: No son válidos los agravios, sea cual fuere la lengua usada.
Lo que sí ha venido en alza es el aprovechamiento de la, digámosle ignorancia, de gran parte de la población peruana respecto de esta lengua, que es usada desafortunadamente por ciertos políticos, no para extender su mensaje de manera positiva a ese 13% que lo habla nativamente en el país, sino para que el emisor en dicho idioma se convierta en un patán en señal abierta, personaje que sería incapaz de decir lo mismo en español, con la clara intención de saltarse la valla de lo apropiado en los medios.
Tuvimos, en Primera vuelta, el antecedente de Ciro Gálvez, al que después de no decir absolutamente nada sobre su plan de gobierno; camuflaba en el quechua frases agresivas, que eran vistas con humor por los torquemadas de la corrección y la tolerancia. Hoy este personaje, que parece sacado de un sketch ochentero de Tulio Loza, es, supongo por este “mérito”, nuestro ministro de cultura.
En el mismo tono, el Premier Bellido, después de reafirmar su vocación autoritaria en una entrevista y demostrando que de concertador no tiene un pelo, expresó en Quechua que “le había doblado las plumitas al periodista”. Como si su presencia como premier fuera la victoria de los andinos contra los limeños y no de la arrogancia contra las dudas que se ciernen contra él. Habría sido interesante que Bellido arrojara también la frase en español; pero, felizmente no hubo necesidad, hay millones de quechuhablantes en nuestro país que dieron cuenta de la soberbia de este personaje y se deben sentir incómodos que la lengua originaria más popular en las Américas se la utilice políticamente solo para lanzar calificativos que el entrevistador, o algunos los espectadores, no podrán entender y refutar.
Posdata: No son válidos los agravios, sea cual fuere la lengua usada.