Relato: Ya no deseo escribir más cuentos / Autor: Bruno Molina

Bruno Molina

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Hoy no pensé escribir un cuento. Ya poco de imaginación es la que me queda. El día a día, la cotidianidad, la realidad... Enemigos de la fantasía, sin dudas. Pero, si me lo preguntan, a veces la fantasía no es tan gratificante. Hoy, por ejemplo, soñé que era un cazador de demonios. Soñé que tenía una compañera de aventuras. Y tenía, ¿cómo le dicen Ah, sí, un escudero, también. Uno muy leal, aunque sin mucho talento en combate. ¡Y un caballo! ¿Para qué ser un cazador de demonios, si no se puede tener un caballo? Uno de fuego.

Soñé y soñé y no sé en qué punto pensé: ¡qué genial!, pero ¿eso es todo?

Luego... Luego desperté, como era de esperarse, aunque no siempre suceda, y la vi: la fantasía jamás contada, y con vestido de tutú, hablándome de las mismas tonterías que mi inútil escudero del mundo de los sueños. Y era tan negada en el combate como él... Aunque, a veces cuando me sonríe, suelo sentir que ya he perdido. Pelear sin pelear. Ser derrotado, sin tener a un ser descomunal destrozándome los huesos. ¿Magia? Definitivamente. Aunque nunca he escuchado de una escudera con conocimientos avanzados de hechicería.

Me hablaba, mientras comía mantequilla de maní. Mientras, solo podía pensar en lo trasparente de sus pensamientos y en lo bello de sus ojos chiquitos. Como ella, que pronto cumple ocho.

Junto a ella, mi compañera de aventuras. No huele a sangre, ni tiene un arco en su espalda... ¡No, ¡qué va! Pero su mirada me atraviesa los sesos. Con ella a mi lado no puedo pensar. No puedo hablar. Ni puedo hacer otra cosa que no sea verla, mientras mis latidos se oyen como las fuertes tonadas de un campanario de Notre Dame, o de un pueblo en Cajamarca, del cual ya olvidé el nombre. Es más que lo que está más y más allá, y es mucho más, de lo que jamás será contado. Es fuerte, valiente, heroica. Junto a ella siento que puedo enfrentar al dragón final. Aquel dragón rojo que solo aparece si has cumplido con las misiones más difíciles. Aquellas en la que te juegas la vida.

Y, sí, yo daría mi vida... por ella. Por un segundo más. Por conservar uno solo de sus cabellos. Uno de esos que se caen mientras hacemos el amor, cuando la escudera tiene escuela o visita a sus primitas.

Hoy no pensé escribir un cuento. Y no lo hago. Ya no sé cómo hacerlos. La fantasía me resulta tan insulsa ahora... ¿Por qué anhelar montar un caballo de fuego, si puedo repetir mil desayunos más con mantequilla de maní, risas y las mujeres más hermosas del mundo a mi lado?

Escucho un ladrido en el patio. Qué curioso. No recordaba que tuviese un perro... ¡Demonios! ¿Es que acaso sigo en el sueño? Si es así, solo le ruego al Cielo o al Señor de las Fantasías -el que responda primero-, una cosa: QUE JAMÁS ME DEJE DESPERTAR. Porque yo... Yo ya no deseo escribir más cuentos.
 
Última edición:

Con razón, no te das cuenta de la realidad por estar fantaseando... Ahora entiendo porque preguntaste "Porque los jóvenes ya no quieren tener hijos o familia"... No sabes nada de la realidad...
 
Con razón, no te das cuenta de la realidad por estar fantaseando... Ahora entiendo porque preguntaste "Porque los jóvenes ya no quieren tener hijos o familia"... No sabes nada de la realidad...
No recuerdo tal mensaje. Sabes más que yo, acerca de lo que yo escribo. Eso quiere decir que lo que dije te marcó, aunque fuese irrelevante para mí.

Tener familia es un privilegio que no todos deberían tener, dicho sea de paso. Debería ser solo para aquellos que trabajan y sienten amor por sus parejas e hijos.
 
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Hoy no pensé escribir un cuento. Ya poco de imaginación es la que me queda. El día a día, la cotidianidad, la realidad... Enemigos de la fantasía, sin dudas. Pero, si me lo preguntan, a veces la fantasía no es tan gratificante. Hoy, por ejemplo, soñé que era un cazador de demonios. Soñé que tenía una compañera de aventuras. Y tenía, ¿cómo le dicen Ah, sí, un escudero, también. Uno muy leal, aunque sin mucho talento en combate. ¡Y un caballo! ¿Para qué ser un cazador de demonios, si no se puede tener un caballo? Uno de fuego.

Soñé y soñé y no sé en qué punto pensé: ¡qué genial!, pero ¿eso es todo?

Luego... Luego desperté, como era de esperarse, aunque no siempre suceda, y la vi: la fantasía jamás contada, y con vestido de tutú, hablándome de las mismas tonterías que mi inútil escudero del mundo de los sueños. Y era tan negada en el combate como él... Aunque, a veces cuando me sonríe, suelo sentir que ya he perdido. Pelear sin pelear. Ser derrotado, sin tener a un ser descomunal destrozándome los huesos. ¿Magia? Definitivamente. Aunque nunca he escuchado de una escudera con conocimientos avanzados de hechicería.

Me hablaba, mientras comía mantequilla de maní. Mientras, solo podía pensar en lo trasparente de sus pensamientos y en lo bello de sus ojos chiquitos. Como ella, que pronto cumple ocho.

Junto a ella, mi compañera de aventuras. No huele a sangre, ni tiene un arco en su espalda... ¡No, ¡qué va! Pero su mirada me atraviesa los sesos. Con ella a mi lado no puedo pensar. No puedo hablar. Ni puedo hacer otra cosa que no sea verla, mientras mis latidos se oyen como las fuertes tonadas de un campanario de Notre Dame, o de un pueblo en Cajamarca, del cual ya olvidé el nombre. Es más que lo que está más y más allá, y es mucho más, de lo que jamás será contado. Es fuerte, valiente, heroica. Junto a ella siento que puedo enfrentar al dragón final. Aquel dragón rojo que solo aparece si has cumplido con las misiones más difíciles. Aquellas en la que te juegas la vida.

Y, sí, yo daría mi vida... por ella. Por un segundo más. Por conservar uno solo de sus cabellos. Uno de esos que se caen mientras hacemos el amor, cuando la escudera tiene escuela o visita a sus primitas.

Hoy no pensé escribir un cuento. Y no lo hago. Ya no sé cómo hacerlos. La fantasía me resulta tan insulsa ahora... ¿Por qué anhelar montar un caballo de fuego, si puedo repetir mil desayunos más con mantequilla de maní, risas y las mujeres más hermosas del mundo a mi lado?

Escucho un ladrido en el patio. Qué curioso. No recordaba que tuviese un perro... ¡Demonios! ¿Es que acaso sigo en el sueño? Si es así, solo le ruego al Cielo o al Señor de las Fantasías -el que responda primero-, una cosa: QUE JAMÁS ME DEJE DESPERTAR. Porque yo... Yo ya no deseo escribir más cuentos.
El final de Tu publicación (ya que dices que no es cuento) me recordó al final de El Episodio de el enemigo de Borges:

Puedo hacer una cosa -le contesté.
-¿Cuál? -me preguntó.
-Despertarme.

Y así lo hice.
 
El forerío es bien cagón con los comentarios.
Como reza una frase de nuestros tiempos: una prueba de que hiciste las cosas bien, es la cantidad de haters que tienes. :) Así que en ese sentido, solo queda aceptar a esos sujetos que hagas lo que hagas, dirán que es mierda lo que haces.
 
El final de Tu publicación (ya que dices que no es cuento) me recordó al final de El Episodio de el enemigo de Borges:

Puedo hacer una cosa -le contesté.
-¿Cuál? -me preguntó.
-Despertarme.

Y así lo hice.
Lindo cuento ese que mencionas. Es genial como con palabras tan sencillas pueda dibujar todo un escenario tan concreto y unos cuestionamientos tan complejos.
 
Muy bonito el cuento, amiguito. (L) Escribes muy bacán, ojalá solo sea el título y aún escribas más cuentos, ya que eres un capo. Crea otro concursito, se leen varios cuenticos cheverolas algunas veces.
 

Muy bonito el cuento, amiguito. (L) Escribes muy bacán, ojalá solo sea el título y aún escribas más cuentos, ya que eres un capo. Crea otro concursito, se leen varios cuenticos cheverolas algunas veces.
Jajaja, nica, ya no hago otro concurso. Otro cuento sí, otro concurso nica, ya nadie quiere participar, da flojera estar rogándoles que escriban. Gracias por decir que escribo cheverola jajaja, aunque primera vez que escucho esa palabra. No creo que sea muy bueno, pero me esfuerzo. Muchos se lanzan a decir que soy malo, así que creo que, o me tienen tirria, o de verdad soy malo. :D
 

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