Para un recién nacido, todos los idiomas son fáciles de aprender; prueba de ello es que en todo el mundo los niños comienzan a hablar a partir del año de nacido, se expresan con gran claridad a los cuatro o cinco, y dominan bastante bien el idioma hablado más o menos a los siete u ocho años.
Cualquier idioma es tan fácil de aprender en esta etapa, que incluso niños que nacen en ambientes con dos idiomas distintos los atienden ambos sin demasiada dificultad.
Cómo segunda lengua, la dificultad varía bastante, dependiendo de factores como cercanía con el idioma materno, edad para comenzar a estudiar, oportunidad de practicar, interés en la cultura.
Para un hispanohablante, sería más fácil aprender portugués, italiano, o francés, ya que se comparte gran cantidad de vocabulario y gramática, y el inglés le parecería un poco más difícil, igualmente, para un angloparlante, la tendría algo más fácil con el noruego, el neerlandés y el sueco, aunque no les sería muy útil, y en ese aspecto, el español sería un idioma favorecido, lo mismo que el inglés para los que hablamos español.