Héroes Rappi en la tragedia de Real Plaza Trujillo: “Nos nació del corazón”

Soldierskereo10

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El trágico suceso en el Centro Comercial Real Plaza cumple diez días. Los venezolanos motorizados ayudaron en las tareas de rescate.

RAPPI 1



REPARTIENDO AYUDA. Erick no pensó dos veces al momento de ayudar en medio de la tragedia.



El viernes 21 de febrero a las 8:40 de la noche, Erick —natural de Caracas— miraba su teléfono celular sin sobresaltos. Como cada día, estacionado junto a sus compañeros y otros repartidores en la avenida Prolongación César Vallejo, a metros del Centro Comercial Real Plaza, en la zona de locales de chifa, pizza y demás, esperaba el llamado del delivery.

Esta medida se implementa debido al incumplimiento de las disposiciones de seguridad y protección establecidas en la normatividad.



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Era una jornada más, nutrida de pedidos y con intervalos de descanso. Pero al siguiente minuto, todo cambió: al grupo de WhatsApp que comparte con sus compañeros motorizados llegó una alerta.


“¡Mira lo que está pasando!”, decía el mensaje, acompañado de una imagen de la estructura colapsada en el patio de comidas del Real Plaza. En ese momento, sus compañeros y otros motorizados —conocidos popularmente como rappis— recogían pedidos en el local de Papa John’s, ubicado justamente en ese concurrido patio de comidas cuyo techo empezaba a caer. Entonces, Erick, repartidor de Domientrega, junto a sus colegas de Rappi y otras empresas de este servicio de entrega rápida corrieron hacia allá.

Cuando llegaron encontraron un escenario terrorífico: personas que corrían desesperadas, gritos de auxilio y de dolor, niños bajo las estructuras desplomadas, gente sepultada. Erick, junto a otros repartidores empezaron a tender los brazos, a rescatar a las personas con rapidez, en medio de los gritos y la angustia.


“Éramos seis, y ayudamos a muchas personas. Más que todo estábamos pendiente de los niños. La verdad, fuimos a salvar a nuestros amigos, pero al estar ahí, ayudamos a todos los que pudimos”, narra este valiente venezolano, parado junto a su moto de delivery, en el mismo lugar en que se encontraba, hace una semana, cuando ocurrió la tragedia.

En las afueras más repartidores se vistieron de héroes: encendieron sus motocicletas y se dirigieron hasta la compañía de bomberos para trasladar a esos otros héroes de siempre vestidos de rojo al centro comercial trujillano y que atiendan la emergencia.

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EL ÁNGEL GABRIEL

Si uno pregunta sobre la noche trágica del Real Plaza a los chicos y chicas que hacen servicio de delivery en Trujillo, no hay quien no haya escuchado el nombre de Gabriel. Es uno de los baluartes de aquella noche. Venezolano, al igual que Erick y la mayoría de ellos, sin embargo, huye de las cámaras. “No me grabes, no me grabes”, le recriminó a un hombre de prensa. Tampoco quiere fotos, ni entrevistas. “Ya ayudé, ya hicimos los que nos nació hacer, pero ya pasó”, dice, escueto e inexorable.

Pero su testimonio es elocuente y nos deja imágenes muy nítidas de lo ocurrido.

Esa noche, Gabriel ingresaba al patio de comidas, cuando se escuchó el ruido que anunciaba la desgracia. Vio cómo iba cediendo la estructura, y la gente empezó a correr angustiada hacia el pasillo. Y él también hizo lo mismo. Pero de pronto se detuvo.

“Yo corrí como 5 o 6 pasos y me detuve, giré, y vi cuando la estructura cedió desde el medio, y vi cuando cayó. Luego de eso, ahí mi instinto fue socorrer a las personas que estaban adentro”, relata desde las afueras del Real Plaza, donde decenas de personas hacen vigilia y piden justicia para las víctimas.

El muchacho venezolano pudo socorrer a más de una decena de personas, entre ellas menores, niños de 8 a 10 años en promedio. “Entre nosotros cuatro pudimos ayudar a rescatar, ¿verdad, Moisés?”, le dice a su amigo, otro joven venezolano que trabaja en el delivery.

Moisés asiente, da también su versión como testigo: “Sacamos a una chica que tenía rota la cabeza, la cara cortada; una adolescente, una señora que se había fracturado la clavícula y el pie izquierdo”.

DESDE EL CORAZÓN

En el estacionamiento del otro gran centro comercial de Trujillo, el Mall Plaza, los motorizados delivery esperan el llamado. Entre nacionales y extranjeros, comentan los hechos heroicos de sus compañeros. July, una chica venezolana, habla de la hazaña, aunque no estuvo ahí. Oward, otro muchacho venezolano, sí llegó hasta la Compañía de Bomberos de la avenida España y llevó a algunos de los pocos que quedaban. “Mis amigos ya habían llevado a todos”, dice, sonriente y orgulloso.

Erick Espinoza tiene claro que lo ocurrido el viernes 21 ha cambiado, al menos un poco, la imagen que muchos tienen de ellos, debido a hechos protagonizados por delincuentes de su país.

“Eso se escapa de las manos de nosotros. En todas partes hay personas malas, independientemente de si somos venezolanos o no”, manifiesta.

E incide en algo, a manera de sentencia:

“Pero nosotros somos así, nos nace del corazón. Ayudamos porque nos nació del corazón, reaccionamos así, sea aquí o donde sea. No importa la nacionalidad. Somos seres humanos, igual que ustedes”.

"DEMOSTRARON CALIDAD HUMANA"

"La situación que viene atravesando Trujillo es muy lamentable. Nos llena de orgullo ver cómo nuestra flota de repartidores registrados en Rappi se convirtieron en héroes de Trujillo, demostrando la calidad humana que los caracteriza, no solo en cada entrega, sino también en su vida cotidiana. Desde Rappi, seguiremos de cerca la evolución de la situación para activar los mecanismos de apoyo necesarios en este momento tan difícil", explicó Hemerson Paéz, Head de Operaciones de Rappi Región Andina.



Si tan solo todos fuesen así
 
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A mí no me engañan... Se metieron debajo de los escombros a ver qué podían robar.

Como sea la prensa quiere lavarle la cara a los parásitos caribeños.
 

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