El fraudismo: "En tiempos donde la verdad se mide en cantidad de likes y seguidores en redes sociales"
El proceso electoral avanza lento hacia su desenlace y van quedando en evidencia quienes comenzaron a lanzar virulentas acusaciones de fraude desde las semanas previas al día de los comicios: partidos, instituciones, medios, empresarios se vieron involucrados en flamígeros discursos como parte de maquinaciones siniestras para torcer la voluntad de la ciudadanía.
Las cifras de las postulaciones más violentas se fueron deteriorando en los sondeos y la respuesta popular que recibían en las plazas públicas visitadas en el último tramo de la campaña distaba de ser auspiciosa.
Luego del 12 de abril, los ataques a la prensa y las encuestadoras pasaron de la sobrecarga de adjetivos a una narrativa que dibuja complejas y delirantes tramas de dolo para perjudicar determinada candidatura, verbalizada con unos extremos de procacidad nunca vistos por los peruanos en un aspirante a la Presidencia de la República.
Irregularidades, por supuesto que las hubo, y deben ser y están siendo investigadas en profundidad por los canales del Ministerio Público y la Junta Nacional de Justicia. Pero como han sostenido técnicos y jurisconsultos, ninguna de estas alcanza para invalidar el proceso en su conjunto.
Como ha sugerido Alfredo Torres en su análisis de las reacciones políticas contra las mediciones de Ipsos, que son las que más se acercaron a los resultados de la primera vuelta electoral, en tiempos en que la verdad tiende a medirse en cantidad de
likes y seguidores en las redes sociales, es muy fácil enlodar a quienes defienden –con perdón del término freudiano– el principio de realidad, por encima de cualquier narrativa o interés político.
La modalidad de propalar falsedades y atacar a los medios ha sido consistente desde el lanzamiento de ciertas campañas que hoy se sienten afectadas: no son solo espontáneas pataletas de perdedor (que ciertamente le añaden un plus de toxicidad a la candidatura). Y tampoco es necesario salir del continente americano para verificar que, en la era del vale todo de las redes sociales, las estrategias políticas, de izquierda o derecha, basadas en insultos, promesas irrealizables y verdades fabricadas han reportado pingües réditos electorales.
Pero el compromiso del periodismo, tal como lo entendemos en Perú21, no es con los discursos, sino con los hechos. Y a ellos nos atenemos.