LittleCaprice
Miembro frecuente
Era el tiempo en que “aún” vagaba con la patineta. Tres días antes de mi cumpleaños, a las 7pm, en día de lluvia, andaba de camino a tomar el bus para subir al parque de la municipalidad de VMT con mi tabla (Sí, skate en lluvia; masoquista de mi parte). Crucé el puente de la estación del tren, y, al doblar por la esquina, mientras recorría la última cuadra restante para llegar al paradero, miré al suelo, pues algo llamó mi atención. Afuera de un restaurante, que en ese momento estaba cerrado, y al costado de una iglesia del Movimiento Misionero Mundial, había un pucho, un pequeño fardo de billetes; lo metí a mi bolsillo. Había un señor en terno, sentado en una silla de plástico que aparentemente vigilaba la entrada de la iglesia. Cuando agarré los billetes, solo me miró. No sé si sabía de los billetes o si era una trampa cristiana, o quizás sólo era corto de vista y, en medio de tanta lluvia, no se percató del detalle en el suelo. Así que, seguí mi camino y, dentro del bus, lo desenrollé, eran 350 soles; dudé, quizás eran falsos. Y al llegar al parque, con ganas de patinar, solo atiné a sentarme en la esquina habitual donde normalmente se juntan los skaters, bikers o gente que quiera tomar. Solo encontré dos patas, a los cuales saludé, uno tenía ticla y el otro estaba sentado, fumaba. Me ofreció el pucho, pero rechacé. Empecé a conversar con él, me dijo que antes montaba longboard y, luego, le mostré lo que había encontrado, me dijo que eran de verdad. Al regresar a casa le mostré a mi padre el dinero, aduciendo que era la primera paga de algún auspicio skater, y ya luego la verdad le dije. Tiempo después ese dinero desapareció, pues se gastó en trago, cosas que invité a mis amigos y algo más que no puedo decir acá. Ah, me olvidaba, en ese fardo no solo encontré los billetes; enrollado con ellos había un papelito bond con algo escrito dentro. En ese momento le di una ojeada; sin embargo, no le tomé mucha atención cuando me di cuenta de que era una especie de cuento. Pero ahora ha llegado el momento adecuado para relatarlo, pues supongo que el que lo escribió eso hubiese querido. Y dice así: <<Viose un niño, de arrugada frente y mente amancebada… con la suerte de un payaso de indecente pecunio y un talento indudablemente Mozartiano, pero hablamos de billas. Caminaba, pues, por las arenosas calles de un barrio limeño; y cansado estaba, el niño, y decidió descansar en un parque cercano de escasa vegetación. Donde debía haber césped, rosas y geranios, sólo habían granos… granos de arena. Y Un lugar para sentarse, con la mirada, buscaba, y, en eso, divisó un punto rojo y amarillo ―en una banca lejana― que llamó su atención, pues contrastaba con el cariz habitual de aquel barrio. Era un payaso, pero en sollozos yacía. ¿No debería ser repelente de tristeza un payaso decente, y segregar serotonina gratis o a cobranza?… El niño se acercó lento, en aras de pasar desapercibido, y dijo:
―Hola, ¿cómo estás?, ¿cómo te ha ido? Hace tiempo que no pasas por aquí, qué bueno verte…
―Desde que te fuiste todo es tan…― musitó el payaso en automático en su mente, pero al instante, tras secarse raudamente las lágrimas, se dirigió al niño y le dijo: ―Oye, ¿y tú cómo conoces esa canción?
―Mi padre solía cantarla― respondió el muchacho mirando hacia el suelo y aparentemente acongojado.
―Oh, lo siento, no sabía que había falle…
―¿Ah? No, no. Mi papá está en casa… durmiendo.
―¿Y entonces por qué hablas en pasado?
―Porque eres un payaso, y se supone que deberías estar alegre, riendo, o almenos haciendo reír a alguien.
Una nictémera y temeraria risa brotó del payaso.
―¿Qué edad tienes?
―¿Hoy o ayer?
―¿Y eso qué importa?
―Es que ayer fue mi cumpleaños, pues, señor payaso― respondió el niño, mientras se reía.
―¿Sabes qué, niño? Mejor vete.
―Ya, discúlpame, sólo quería que te rías, no vuelvo a hacerte bromas.― dijo el niño ―Pero, ¿Por qué estás triste, payasito?
―Problemas
―¿Pero, qué problemas, pues, señor payaso? Cuente.
Y tras un suspiro y una rápida ojeada al niño, el payaso, mirando al suelo, dijo:
―Hubo un concurso de payasos… la semana pasada… para todo el cono sur, y me preparé con mucho esmero…. Sucede, pues, que salí campeón, y eso es, ahora, lo que me apena.
―Paya… sito, pero… ¿¡cómo te va a apenar!? Si has ganado debes estar feliz.
―Es que… no entiendes. Que me haya ido bien acá, quiere decir que se avecina algún mal, pues así se mantiene el equilibrio. Puede ser salud… quizás en unas semanas me entere que he contraído una infección, o… ¡No sé! Algo… ¡Carajo!, o tal vez mañana, el viernes o este jueves me accidente… atro-pello, la línea de la casualidad es feble, débil…
―¿Feble? ―dijo el niño suavemente, pero el payaso continuó sin atención darle.
―¿Es que no te das cuenta? Mi victoria rompe mi tan amado equilibrio; una vida sin sobresaltos ni caídas fuertes; simplemente, llanura. Terreno plano y tranquilo. Y peor aún, ahora sigue la fase municipal, y… ¡No!, tengo miedo, no quiero ir, ¿para qué?... ¿para que a mi mujer le pase algo? ¿para que a mis hijos algo les pase? ¡No! Me niego…
―Payasito, tranquilo por favor. ―dijo con voz aterrada― Si en verdad no hubieses querido romper tu “equilibrio”, entonces no hubieses participado. ¿Por qué participaste, eh? ¿Por qué?
―Porque…
―Tienes talento, payaso, no seas cobarde y afronta, da cara, el equilibrio no es propio de los genios, de la gente con talento, como tú… comprenderás.
―Pero… no me puedo arriesgar, tengo salud, una bonita familia, el dinero justo y necesario para ser y hacer felices a los que amo, además, yo participé porque sabía que no iba a ganar.
―No… mientes, tú sabes que eres hombre de talento, ¡payaso mentiroso!... sucede que eres un cobarde, y no estás dispuesto a asumir lo que conlleva tal habilidad.
Sileee... …eeencio
Lágrima por lágrima brotaba del oclayo payasístico.
―Tranquilo, payasito, no llores… sólo que no puedes vivir así, angustiado… pensando y pensando en que si algo bueno llega, algo malo te pasará.
―Es que no puedo, no puedo dejar de pensar en este equilibrio que hay dentro de mí, es como una persona que vive allí y….
Pero ya no pienses en eso, pues payasito, dijo el niño… y el payaso, de pensar, dejó.>>
Esperemos que este “cuento” no tenga calidad ni gane ningún premio; de ser así, mal fario tocará la puerta del autor…
―Hola, ¿cómo estás?, ¿cómo te ha ido? Hace tiempo que no pasas por aquí, qué bueno verte…
―Desde que te fuiste todo es tan…― musitó el payaso en automático en su mente, pero al instante, tras secarse raudamente las lágrimas, se dirigió al niño y le dijo: ―Oye, ¿y tú cómo conoces esa canción?
―Mi padre solía cantarla― respondió el muchacho mirando hacia el suelo y aparentemente acongojado.
―Oh, lo siento, no sabía que había falle…
―¿Ah? No, no. Mi papá está en casa… durmiendo.
―¿Y entonces por qué hablas en pasado?
―Porque eres un payaso, y se supone que deberías estar alegre, riendo, o almenos haciendo reír a alguien.
Una nictémera y temeraria risa brotó del payaso.
―¿Qué edad tienes?
―¿Hoy o ayer?
―¿Y eso qué importa?
―Es que ayer fue mi cumpleaños, pues, señor payaso― respondió el niño, mientras se reía.
―¿Sabes qué, niño? Mejor vete.
―Ya, discúlpame, sólo quería que te rías, no vuelvo a hacerte bromas.― dijo el niño ―Pero, ¿Por qué estás triste, payasito?
―Problemas
―¿Pero, qué problemas, pues, señor payaso? Cuente.
Y tras un suspiro y una rápida ojeada al niño, el payaso, mirando al suelo, dijo:
―Hubo un concurso de payasos… la semana pasada… para todo el cono sur, y me preparé con mucho esmero…. Sucede, pues, que salí campeón, y eso es, ahora, lo que me apena.
―Paya… sito, pero… ¿¡cómo te va a apenar!? Si has ganado debes estar feliz.
―Es que… no entiendes. Que me haya ido bien acá, quiere decir que se avecina algún mal, pues así se mantiene el equilibrio. Puede ser salud… quizás en unas semanas me entere que he contraído una infección, o… ¡No sé! Algo… ¡Carajo!, o tal vez mañana, el viernes o este jueves me accidente… atro-pello, la línea de la casualidad es feble, débil…
―¿Feble? ―dijo el niño suavemente, pero el payaso continuó sin atención darle.
―¿Es que no te das cuenta? Mi victoria rompe mi tan amado equilibrio; una vida sin sobresaltos ni caídas fuertes; simplemente, llanura. Terreno plano y tranquilo. Y peor aún, ahora sigue la fase municipal, y… ¡No!, tengo miedo, no quiero ir, ¿para qué?... ¿para que a mi mujer le pase algo? ¿para que a mis hijos algo les pase? ¡No! Me niego…
―Payasito, tranquilo por favor. ―dijo con voz aterrada― Si en verdad no hubieses querido romper tu “equilibrio”, entonces no hubieses participado. ¿Por qué participaste, eh? ¿Por qué?
―Porque…
―Tienes talento, payaso, no seas cobarde y afronta, da cara, el equilibrio no es propio de los genios, de la gente con talento, como tú… comprenderás.
―Pero… no me puedo arriesgar, tengo salud, una bonita familia, el dinero justo y necesario para ser y hacer felices a los que amo, además, yo participé porque sabía que no iba a ganar.
―No… mientes, tú sabes que eres hombre de talento, ¡payaso mentiroso!... sucede que eres un cobarde, y no estás dispuesto a asumir lo que conlleva tal habilidad.
Sileee... …eeencio
Lágrima por lágrima brotaba del oclayo payasístico.
―Tranquilo, payasito, no llores… sólo que no puedes vivir así, angustiado… pensando y pensando en que si algo bueno llega, algo malo te pasará.
―Es que no puedo, no puedo dejar de pensar en este equilibrio que hay dentro de mí, es como una persona que vive allí y….
Pero ya no pienses en eso, pues payasito, dijo el niño… y el payaso, de pensar, dejó.>>
Esperemos que este “cuento” no tenga calidad ni gane ningún premio; de ser así, mal fario tocará la puerta del autor…
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