Tenía 15 años, estaba en tercero de secundaria si recuerdo bien. Me volví muy activo en un foro que pertenecía a una importante empresa de videojuegos en Latinoamérica y me interesé en volverme colaborador de alguna manera. Debido a la importancia del puesto, la empresa te pagaba si te volvías moderador. No lo dudé, contacté a una trabajadora interna por mensaje privado y me dijo que le encantaría entrevistarme. En plena entrevista supo sobre mi edad, pero luego de discutirlo con los ejecutivos, me dijo que había luz verde para autorizarme a trabajar con ellos. 100% remoto, lo cual era una locura en ese tiempo, y un sueldo común para un part-time, pero grandioso para un chico de 15.
Estuve allí un poco más de un año, tuve la suerte de conocer al equipo de moderación interno y a los trabajadores de la oficina central. Por supuesto, yo era el más joven. Obtuve muchos cargos importantes en ese entonces, incluido el de moderador en algunos juegos más, Game Master en un juego interno, y administrador de eventos online en el shooter de la empresa. Debido a mi juventud y mi propia personalidad retraída, dentro de los juegos me encantaba tener ese reconocimiento y fama cuando los jugadores me escribían internamente, sorprendidos por ver mi título de administrador y un logo que nadie más poseía.
Luego de una rotación de empleados, tuve que dejar el puesto. Un par de años después, una ex-compañera me contó que el jefe más importante de la empresa estuvo en contra de un comunicado que emití y esa había sido la razón real por la que me habían pedido marcharme. Internamente, se negó durante mucho tiempo que existían hacks, aunque se trataba de trabajar con el equipo de Corea del Sur para frenarlos de golpe. Muy probablemente se trataba de una vulnerabilidad de nuestro parche de seguridad para hacks. Dentro de la empresa, el jefe obligó a negar que existían los hacks, pese a todas las pruebas y vídeos que publicaban los usuarios. Pese a la negación, al menos se trataba en cada actualización el problema, aunque a las pocas horas volvíamos a tener los mismos hackers de siempre. A mí jamás me notificaron nada, pese a que sabía que las reglas establecían que borráramos cualquier contenido relacionado a dichos hacks.
En algún momento, un usuario muy importante compartió su opinión sobre la situación del juego, lo mal que se sentía la comunidad online (quienes eran muy unidos) y el gran problema que era el tema de los hacks. Decidimos mantener el tema porque se notaba que era muy importante dentro de la comunidad, y yo compartí mi opinión al respecto. Fue un comunicado en el cual agradecía a todos los usuarios, entendía su frustración al respecto en cuanto a ciertos problemas que teníamos y que estábamos trabajando muchísimo para poder resolver todo el asunto de raíz. Para esto, teníamos ya casi un año con ese problema. Yo tenía una muy buena reputación entre todos los usuarios, sobre todo porque me conocían dentro de algunos juegos por mi puesto y me habían visto online recurrentemente, así que me agradecieron mucho mi opinión. A ojos del jefote, yo estaba admitiendo que existían los hacks y armó un escándalo en la oficina. No solo eso, el tipo era probablemente la peor persona viva en el planeta, así que me imagino lo mal que lo pasaron en la oficina central. Por suerte, a mí me trataron muy bien y me comentaron que, debido a una rotación, yo dejaba el puesto. Me despedí de la comunidad y todos los usuarios me dejaron muchos mensajes hermosos. En ese entonces, habré tenido 16 años.
Luego de eso, no hubo marcha atrás. Soy quien soy ahora gracias a esa experiencia. El hecho de haber tenido tanta influencia cuando fui joven me enseñó mucho sobre humildad. El hecho de haber sido considerado un genio joven en el mundo tecnológico me llenaba de orgullo. Conocer el mundo empresarial de los videojuegos a tan corta edad me permitió admirar a los empresarios, desarrolladores y trabajadores de empresas de videojuegos en todo el mundo. Lidiar con temas económicos de ese estilo estando tan pequeño me abrió los ojos. Los regalos que recibía internamente en los juegos por mi posición los solía regalar a mi mejor amigo, quien era un jugador común y corriente con el que solía pasar el tiempo con mi cuenta personal. Seguramente se sentía un dios con todo ese contenido exclusivo. Para mí, de lejos, uno de los mejores trabajos que tuve. Mi pequeña notebook, con su pantallita chiquita, me ayudó durante todo ese tiempo. La empresa ya no es lo que era, pero me dejó muy buenos recuerdos. Ese trabajo me marcó mucho en cuanto a la visión que tenía sobre el futuro de Perú, y es una de muchas razones por las que me gustó mucho la idea de quedarme a vivir en Estados Unidos cuando recibí la residencia permanente.