Pedro Albizu Campos nació el 12 de septiembre de 1891 en la localidad puertorriqueña de Ponce y falleció el 21 de abril de 1065 en San Juan de Puerto Rico. De padre criollo, descendiente de venezolanos de origen español y madre mulata descendiente de esclavos africanos, fue el más importante líder político y teórico del independentismo puertorriqueño. Estudió en las mejores universidades de Estados Unidos: Ingeniería Química en la Universidad de Vermont, y Derecho, en la de Harvard. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el Ejército de los Estados Unidos durante cuatro años consecutivos. En 1921 regresó a Puerto Rico para trabajar como abogado, pero, a pesar de tener un futuro prometedor en la profesión, decidió consagrar su vida a la lucha por la independencia de Puerto Rico de Estados Unidos. En 1936 fue apresado por la fuerza de ocupación colonial estadounidense y fue condenado de once años de prisión, siendo trasladado para cumplir su pena a la cárcel de Atlanta. Regresó a Puerto Rico en 1947 con su moral intacta y continuó su lucha por la independencia de Puerto Rico. Fue nuevamente encarcelado en 1950, indultado por el gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, en 1953, y vuelto a encarcelar en 1954.
Durante su confinamiento comenzó a tener importantes quemaduras en su cuerpo y, desde la prisión, Albizu denunció que estaba siendo sometido a intensas radiaciones. El doctor Orlando Dumy, presidente de la Asociación de Cáncer de Cuba, confirmó que las quemaduras que sufría se debían a la radiación a la que había sido expuesto. Las autoridades americanas se defendieron diciendo que Albizu estaba delirando y no le brindaron ninguna atención médica. Indultado el 15 de noviembre de 1964, falleció el 21 de abril de 1965. A su entierro asistió una multitud de proporciones jamás vista en Puerto Rico.
En 1994, bajo la administración del presidente Bill Clinton, el Departamento de Energía reveló y reconoció que entre los años 1950 y 1970 había llevado a cabo experimentos con radiación en seres humanos en las cárceles sin el consentimiento de los prisioneros. Pedro Albizu Campos, el más íntegro e importante político e intelectual de la historia e Puerto Rico, fue una de las víctimas de aquellos experimentos. Pagó cara su inquebrantable voluntad de conseguir la independencia puertorriqueña. Durante toda su carrera política e intelectual, defendió la obra de España en América y fustigó a los pensadores negrolegendarios, acusándolos de estar al servicio del imperialismo yanqui, y hasta el último minuto de su vida defendió la herencia católica y española de Puerto Rico. En España, casi nadie lo conoce y, en Puerto Rico, los más jóvenes ya han olvidado su nombre. Rescatarlo del olvido es un deber de todo hombre de bien.
Durante su confinamiento comenzó a tener importantes quemaduras en su cuerpo y, desde la prisión, Albizu denunció que estaba siendo sometido a intensas radiaciones. El doctor Orlando Dumy, presidente de la Asociación de Cáncer de Cuba, confirmó que las quemaduras que sufría se debían a la radiación a la que había sido expuesto. Las autoridades americanas se defendieron diciendo que Albizu estaba delirando y no le brindaron ninguna atención médica. Indultado el 15 de noviembre de 1964, falleció el 21 de abril de 1965. A su entierro asistió una multitud de proporciones jamás vista en Puerto Rico.
En 1994, bajo la administración del presidente Bill Clinton, el Departamento de Energía reveló y reconoció que entre los años 1950 y 1970 había llevado a cabo experimentos con radiación en seres humanos en las cárceles sin el consentimiento de los prisioneros. Pedro Albizu Campos, el más íntegro e importante político e intelectual de la historia e Puerto Rico, fue una de las víctimas de aquellos experimentos. Pagó cara su inquebrantable voluntad de conseguir la independencia puertorriqueña. Durante toda su carrera política e intelectual, defendió la obra de España en América y fustigó a los pensadores negrolegendarios, acusándolos de estar al servicio del imperialismo yanqui, y hasta el último minuto de su vida defendió la herencia católica y española de Puerto Rico. En España, casi nadie lo conoce y, en Puerto Rico, los más jóvenes ya han olvidado su nombre. Rescatarlo del olvido es un deber de todo hombre de bien.
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