Al menos los pitucos caen en buen colchón y terminan en política o haciendo lobby en la industria.
A ese pobre infeliz solo le ha quedado reciclar y berrear viejas ideas en una sucia plaza como reflejo de su ignorancia y resentimiento.
Sería un digno personaje de cuento ribeyriano o película salviniana como "El caudillo pardo".
En un universo paralelo hubiese sido genial un enfrentamiento dialéctico entre Jaime y Jorge Pohorylec.