El nuevo paisaje ayacuchano nos presenta enigmáticos bosques de piedra y la renovada creatividad de sus emprendedores y artesanos. Pero es el avistamiento del majestuoso cóndor –secreto antes solo conocido por los pobladores del valle del Sondondo– la ruta definitiva para la reactivación turística local.
LA RUTA ENCANTADORA DEL CÓNDOR. En el 2019, Ayacucho registró 50 mil visitantes durante las fiestas de Pascua, pero la pandemia paralizó el aparato turístico de la región. Hoy se abre una ruta que puede competir con el Colca: su impresionante espectáculo de cóndores.
Hasta antes de la pandemia, Ayacucho era sinónimo de Semana Santa, de Cristos dolientes e iglesias llenas de incienso y fieles, de calles cubiertas con palmas, flores y también de penitentes no tan piadosos que preferían ahogar pecados en lugar de confesarlos. La pandemia dejó al borde de la subsistencia a toda la maquinaria turística de la región. Ahora, luego de casi dos años de la llegada del virus al Perú, Ayacucho se reabre al mundo y tiene bajo la manga una maravilla natural solo vista hasta el momento en el valle del Colca: el avistamiento de decenas de majestuosos cóndores.
Esta nueva ruta turística, “La ruta encantadora del cóndor”, impulsada por el Patronato Pikimachay, Marca Ayacucho y Latam Airlines, empieza en Huamanga, desde donde se parte hacia Andamarca en un viaje que puede tomar hasta nueve horas. Luego de 20 minutos más de viaje, el valle del Sondondo (3.595 m. s. n. m.) se presenta rodeado de verdes andenes e intensos tonos celestes del cielo y ahí, surcándolo, unos despreocupados gigantes que revoloteaban imperturbables ante la mirada atónita de los visitantes, que sentían en sus rostros la suave brisa provocada por los cercanos y vigorosos aleteos. Grandes machos de collarín blanco y hembras de plumaje negro sólido, revolotean luego de pasar cerca de una hora tomando sol en una de las laderas de los cerros cercanos al mirador. Según Rómulo Ayala, guía turístico originario de Uchuraccay, los pobladores han llegado a contar hasta 80 cóndores volando a poco más de dos metros de distancia.
LABERINTO. Luego de descender en rapel por el cañón de Qorihuillca, se ingresa a las mismas entrañas de la montaña, donde unas galerías hacen las veces de laberinto lítico. Algo por corregir urgente- mente: la gente se ‘olvida’ de sus botellas.
Luego del valle del Colca, el valle del Sondondo es el segundo lugar en el Perú donde se pueden avistar en su hábitat natural a estas maravillosas aves. Pero estos cóndores están en peligro. Unos cables de alta tensión colocados por la empresa Electrodunas en la zona misma donde los cóndores hacen sus recorridos matutinos, ha electrocutado y causado la muerte de más de uno. En redes sociales incluso circula, desde hace unos años, un video donde se ve el impacto de un ave en los cableados. “Si la población hubiera visto esto, nunca habría tendido estos cables que están en el mirador de los cóndores”, cuenta Rómulo con una mezcla de indignación y tristeza.
NOS VEMOS EN EL PISO. No es el nombre de un trago selvático, sino la consigna a la hora de montarse en los arneses del rapel. Con las medidas de seguridad necesarias, este deporte de aventura es uno de los más requeridos en la nueva ruta turística de Ayacucho.
Justamente, el avistamiento de los cóndores es el plato fuerte de esta nueva ruta turística. Antonio Olórtegui, gerente de asuntos corporativos de Latam Airlines, ve en esta nueva oferta un potencial de desarrollo para el golpeado sector turístico nacional. “Esta ruta no era comercial, la conocían solo los originarios de Ayacucho y algunos guías. La Marca Ayacucho y el Patronato de Pikimachay han decidido abrir este secreto al mundo y para ello nos convocaron, para que este tesoro se convierta en impulso para la reactivación turística”. A unos metros del mirador se encuentra un bosque de piedras, talladas por el artista Julián Cuarezma, moyobambino que en el 2015 empleó su tiempo libre en tallar diferentes figuras y escenas en las grandes piedras del lugar. Como parte de esta ruta turística también se encuentran los deportes de aventura en el cañón de Qorihuillca, donde se puede hacer rapel, adentrándose en las cuevas y pasadizos internos del cañón.
BOSQUE DE PIEDRAS. Julián Cuarezma, artista moyobambino, ha tallado desde el 2015 las imponentes piedras del valle del Sondondo. Este bosque lítico es parte de la ruta del cóndor.
Segundo vuelo
Pero no solo los imponentes cóndores alzan vuelo en Ayacucho, sino también mujeres artesanas emprendedoras que pusieron garra, creatividad y mucho talento para sacar adelante a sus familias. Se trata de las Sunqu Suwa (“Ladronas de Corazones”), que trabajan con la ONG Khana y Latam Airlines para convertir usados uniformes en artículos utilitarios y decorativos. El proyecto se llama “Segundo vuelo” y empezó en el 2019, bajo la batuta de Alejandrina Guevarra, artesana que logró congregar a un talentoso grupo de mujeres. Pero la pandemia detuvo sus planes. “En el 2019 nos empezaron a capacitar, pero el COVID-19 nos malogró y lo dejamos. No sabíamos qué hacer por la situación, porque este era un trabajo seguro y cuando hacíamos nos pagaban y podíamos apoyar en casa”, cuenta Alejandrina.
Actualmente, las Sunqu Suwa son 15 mujeres artesanas que transforman viejos uniformes y botellas de plástico usadas en hermosas piezas decorativas y utilitarias. Iniciativas como las desarrolladas por Latam, el patronato Pikimachay, Marca Ayacucho y Khana demuestran que el bienestar económico y la sostenibilidad pueden ir de la mano. //
elcomercio.pe
LA RUTA ENCANTADORA DEL CÓNDOR. En el 2019, Ayacucho registró 50 mil visitantes durante las fiestas de Pascua, pero la pandemia paralizó el aparato turístico de la región. Hoy se abre una ruta que puede competir con el Colca: su impresionante espectáculo de cóndores.
Hasta antes de la pandemia, Ayacucho era sinónimo de Semana Santa, de Cristos dolientes e iglesias llenas de incienso y fieles, de calles cubiertas con palmas, flores y también de penitentes no tan piadosos que preferían ahogar pecados en lugar de confesarlos. La pandemia dejó al borde de la subsistencia a toda la maquinaria turística de la región. Ahora, luego de casi dos años de la llegada del virus al Perú, Ayacucho se reabre al mundo y tiene bajo la manga una maravilla natural solo vista hasta el momento en el valle del Colca: el avistamiento de decenas de majestuosos cóndores.
Esta nueva ruta turística, “La ruta encantadora del cóndor”, impulsada por el Patronato Pikimachay, Marca Ayacucho y Latam Airlines, empieza en Huamanga, desde donde se parte hacia Andamarca en un viaje que puede tomar hasta nueve horas. Luego de 20 minutos más de viaje, el valle del Sondondo (3.595 m. s. n. m.) se presenta rodeado de verdes andenes e intensos tonos celestes del cielo y ahí, surcándolo, unos despreocupados gigantes que revoloteaban imperturbables ante la mirada atónita de los visitantes, que sentían en sus rostros la suave brisa provocada por los cercanos y vigorosos aleteos. Grandes machos de collarín blanco y hembras de plumaje negro sólido, revolotean luego de pasar cerca de una hora tomando sol en una de las laderas de los cerros cercanos al mirador. Según Rómulo Ayala, guía turístico originario de Uchuraccay, los pobladores han llegado a contar hasta 80 cóndores volando a poco más de dos metros de distancia.
LABERINTO. Luego de descender en rapel por el cañón de Qorihuillca, se ingresa a las mismas entrañas de la montaña, donde unas galerías hacen las veces de laberinto lítico. Algo por corregir urgente- mente: la gente se ‘olvida’ de sus botellas.
Luego del valle del Colca, el valle del Sondondo es el segundo lugar en el Perú donde se pueden avistar en su hábitat natural a estas maravillosas aves. Pero estos cóndores están en peligro. Unos cables de alta tensión colocados por la empresa Electrodunas en la zona misma donde los cóndores hacen sus recorridos matutinos, ha electrocutado y causado la muerte de más de uno. En redes sociales incluso circula, desde hace unos años, un video donde se ve el impacto de un ave en los cableados. “Si la población hubiera visto esto, nunca habría tendido estos cables que están en el mirador de los cóndores”, cuenta Rómulo con una mezcla de indignación y tristeza.
NOS VEMOS EN EL PISO. No es el nombre de un trago selvático, sino la consigna a la hora de montarse en los arneses del rapel. Con las medidas de seguridad necesarias, este deporte de aventura es uno de los más requeridos en la nueva ruta turística de Ayacucho.
Justamente, el avistamiento de los cóndores es el plato fuerte de esta nueva ruta turística. Antonio Olórtegui, gerente de asuntos corporativos de Latam Airlines, ve en esta nueva oferta un potencial de desarrollo para el golpeado sector turístico nacional. “Esta ruta no era comercial, la conocían solo los originarios de Ayacucho y algunos guías. La Marca Ayacucho y el Patronato de Pikimachay han decidido abrir este secreto al mundo y para ello nos convocaron, para que este tesoro se convierta en impulso para la reactivación turística”. A unos metros del mirador se encuentra un bosque de piedras, talladas por el artista Julián Cuarezma, moyobambino que en el 2015 empleó su tiempo libre en tallar diferentes figuras y escenas en las grandes piedras del lugar. Como parte de esta ruta turística también se encuentran los deportes de aventura en el cañón de Qorihuillca, donde se puede hacer rapel, adentrándose en las cuevas y pasadizos internos del cañón.
BOSQUE DE PIEDRAS. Julián Cuarezma, artista moyobambino, ha tallado desde el 2015 las imponentes piedras del valle del Sondondo. Este bosque lítico es parte de la ruta del cóndor.
Segundo vuelo
Pero no solo los imponentes cóndores alzan vuelo en Ayacucho, sino también mujeres artesanas emprendedoras que pusieron garra, creatividad y mucho talento para sacar adelante a sus familias. Se trata de las Sunqu Suwa (“Ladronas de Corazones”), que trabajan con la ONG Khana y Latam Airlines para convertir usados uniformes en artículos utilitarios y decorativos. El proyecto se llama “Segundo vuelo” y empezó en el 2019, bajo la batuta de Alejandrina Guevarra, artesana que logró congregar a un talentoso grupo de mujeres. Pero la pandemia detuvo sus planes. “En el 2019 nos empezaron a capacitar, pero el COVID-19 nos malogró y lo dejamos. No sabíamos qué hacer por la situación, porque este era un trabajo seguro y cuando hacíamos nos pagaban y podíamos apoyar en casa”, cuenta Alejandrina.
Actualmente, las Sunqu Suwa son 15 mujeres artesanas que transforman viejos uniformes y botellas de plástico usadas en hermosas piezas decorativas y utilitarias. Iniciativas como las desarrolladas por Latam, el patronato Pikimachay, Marca Ayacucho y Khana demuestran que el bienestar económico y la sostenibilidad pueden ir de la mano. //
La ruta escondida en Ayacucho donde se puede ver al majestuoso cóndor andino
Turismo en Ayacucho. El nuevo paisaje ayacuchano nos presenta vistas de los cóndores, enigmáticos bosques de piedra y la renovada creatividad de sus emprendedores y artesanos.