Braun
Miembro de plata
Me había prometido no usar este foro como blog personal, pero no puedo, pues foreros, con mi genio. En todo caso, lo haré para propósitos constructivos, para algo que me funcionó y que, con suerte, puede que te funcione. Comencemos.
Vale aclarar que cada cuerpo es diferente y que lo que es infalible para uno para otro no lo es; también que el aumento de peso va más allá de lo que comas o dejes de comer o de lo que te ejercites. Depende en mucho de nuestro metabolismo, de lo bien que funcione ese mecanismo de asimilación de nutrientes. De modo que, si tienes un desorden de tiroides o una enfermedad similar, por más Everest que escales estarás en las mismas.
A inicios de enero del año antepasado tenía un sobrepeso algo vergonzoso; comenzaba a botar las camisetas más o menos ceñidas que guardaba para la estación. Todo un desastre económico. Había comido por ansiedad todo el invierno, azúcares y carbohidratos, y esas eran las consecuencias.
Voy a ser sincero, no me agradan los gimnasios aunque los considero necesarios. Algunas personas trotan a lo largo de un parque cerca de mi casa. Se me pasó por la cabeza la idea de hacer las cosas en grande y pensé en la graciosa escena de Forest Gump corriendo por todo su país para dejar atrás el pasado. Bueno, yo lo quería hacer también. El primer día comencé comprando alimentos en un mercado a dos kilómetros de casa; luego (tenía tiempo disponible porque trabajo por la noche) fui a visitar a un amigo que vive en la Avenida Salaverry. Esos primeros viajes me llevaron a dolores musculares de una semana, hasta que me puse como reto llegar al mar desde mi casa y regresar en pleno pico del verano; a veces trotando y otras caminando. En ocasiones me daba tiempo de hablar por teléfono para no sentir la pegada o canturrear una vieja canción.
Lo curioso es que, al ver algunos pequeños progresos y al estar medio día trotando, perdí el apetito por ansiedad y la cantidad de azúcar y calorías que consumía era mínima. Además, mi cuerpo se sintió más ágil para otras cosas, sexo incluido. Caminaba y me ponía metas algo disparatadas, hasta que comenzando marzo mi peso era el mismo que tenía en los tiempos de universidad, cuando por ahorrar pasaje, hacía el viaje de San Marcos a casa.
Hoy, con un poco de más kilos que entonces, producto del trabajo en casa, aunque sin el escandaloso sobrepeso de 2019, pienso aventurarme a aquellas rutinas. Está claro que Lima ya no es la misma, que los delincuentes merodean las esquinas menos sospechadas y que el mundo se ha vuelto más paranoico con un tipo que camina sudoroso por distintas arterias de la capital.
Algunas preguntas.
¿Has intentado la caminata como opción? Cuenta los resultados.
¿Tienes otras opciones?
Vale aclarar que cada cuerpo es diferente y que lo que es infalible para uno para otro no lo es; también que el aumento de peso va más allá de lo que comas o dejes de comer o de lo que te ejercites. Depende en mucho de nuestro metabolismo, de lo bien que funcione ese mecanismo de asimilación de nutrientes. De modo que, si tienes un desorden de tiroides o una enfermedad similar, por más Everest que escales estarás en las mismas.
A inicios de enero del año antepasado tenía un sobrepeso algo vergonzoso; comenzaba a botar las camisetas más o menos ceñidas que guardaba para la estación. Todo un desastre económico. Había comido por ansiedad todo el invierno, azúcares y carbohidratos, y esas eran las consecuencias.
Voy a ser sincero, no me agradan los gimnasios aunque los considero necesarios. Algunas personas trotan a lo largo de un parque cerca de mi casa. Se me pasó por la cabeza la idea de hacer las cosas en grande y pensé en la graciosa escena de Forest Gump corriendo por todo su país para dejar atrás el pasado. Bueno, yo lo quería hacer también. El primer día comencé comprando alimentos en un mercado a dos kilómetros de casa; luego (tenía tiempo disponible porque trabajo por la noche) fui a visitar a un amigo que vive en la Avenida Salaverry. Esos primeros viajes me llevaron a dolores musculares de una semana, hasta que me puse como reto llegar al mar desde mi casa y regresar en pleno pico del verano; a veces trotando y otras caminando. En ocasiones me daba tiempo de hablar por teléfono para no sentir la pegada o canturrear una vieja canción.
Lo curioso es que, al ver algunos pequeños progresos y al estar medio día trotando, perdí el apetito por ansiedad y la cantidad de azúcar y calorías que consumía era mínima. Además, mi cuerpo se sintió más ágil para otras cosas, sexo incluido. Caminaba y me ponía metas algo disparatadas, hasta que comenzando marzo mi peso era el mismo que tenía en los tiempos de universidad, cuando por ahorrar pasaje, hacía el viaje de San Marcos a casa.
Hoy, con un poco de más kilos que entonces, producto del trabajo en casa, aunque sin el escandaloso sobrepeso de 2019, pienso aventurarme a aquellas rutinas. Está claro que Lima ya no es la misma, que los delincuentes merodean las esquinas menos sospechadas y que el mundo se ha vuelto más paranoico con un tipo que camina sudoroso por distintas arterias de la capital.
Algunas preguntas.
¿Has intentado la caminata como opción? Cuenta los resultados.
¿Tienes otras opciones?





