Tal vez esta historia no encaja con el tema de los locos, pero, ya pues qué importa.
El colegio San Juan de Barranco hizo su festival pues, en el parque Torres Paz. Hubo himno, discurso y luego actuación.
Nosotros no éramos estudiantes de esa escuela, ya habíamos pasado esa etapa. Pero parábamos en la esquina del barrio, yo tocando la guitarra, el resto cantando y bailando. Nos pasaron el yara que había festival en el parque y fuimos de curiosos. No sé cómo, a uno de nuestro grupo, se le ocurrió acecarse a la presentadora para decirle que nosotros también podíamos participar. Ella nos llamó a un lado y nos pidió que toquemos cualquier canción. Lo hicimos y a ella le pareció bien. Entonces nos anunció.
"Aquí tenemos a un grupo musical del barrio vecino que nos deleitarán con una canción. Por favor un aplauso para los muchachos". La gente aplaudió.
Del palco yo podía ver al frente, en primera fila. las únicas sillas, donde estaban el cuerpo administrativo del director, tal vez el alcalde o algún consejal. lo cierto que esto de política siempre me importó un pedo. El asunto es que estaban de saco y corbata y ellas con vestido y zapato de taco alto. Detrás estaba todo el resto del público.
Resulta que al cantante se le ocurrió cantar en inglés. La canción, Let it be, de los Beatles.
Empiezo con la tonada y a nuestro cantante se le vino un tono desentonante que dolía el oído, el orgullo, lo cuerdo en el cerebro, en una simple definición, una cagada increíble.
Pero el público la tomó de otra manera. Todos se reían de nuestra presentación. En eso, uno de nuestro grupo, que estaba detrás mío haciendo coro, se le ocurre asomar su cara entre el cantante y yo y dijo, ¡"Oh yes máma"!
Las risas se convirtieron en carcajadas.
Para colmo, tan mal nos estaba saliendo la canción que alguien desde atrás nos tiró un ladrillo. Y lo peor de todo es que el ladrillo al caer delante de nosotros ni siquiera rebotó sino que cayó de plano y se quedó quieto después del ¡bump!.
Eso ya fue el dequicio completo. Yo veía a los que estaban sentados inclinándose de un lado al otro agarrándose el estómago de tanta risa. Para nosotros fue toda una tragedia, para los espectadores un cague de la risa.
Terminada la canción, otro de nuestro grupo se acercó al micrófono anunciando nuestro proximo número y la presentadora corrió y le arrancho el micrófono y nos dio las gracias y nos botó del escenario. Ningún aplauso sino risas y más risas.
Al día siguiente, iba yo con uno de los patas a tomar el omnibus para ir a ver a dos hembras que habiamos conocido en la playa. Todo iba de lo más bien en la calle, cuando en eso miro a dos muchachas bonitas pasando caminando por la otra vereda y al mirarme se rieron y una le dice a la otra, "mira, allí va uno de los locos de ayer".