Castiasno era un improvisado en el poder.
Cuando Fuji dio su golpe ya había un consenso general en todo el país de que los pasos que Fuji estaba dando eran los correctos. En ese sentido, militares, empresarios, intelectuales y hasta el mismo pueblo estaba con Fujimori en contra del Congreso. Y desde el exterior, el FMI, el Banco Mundial y el Club de París, aprobaban la gestión de Fuji porque eso significaba que les iban a devolver los préstamos.
Cuando Julio César cruzó el Rubicón con sus tropas (el equivalente a un golpe de estado en Roma) él ya se había anticipado y adelantado a todo. No se tiró a la piscina con los ojos cerrados. Toda su tropa le era leal por todo el botín repartido y porque amaban a César. El pueblo lo amaba por todo el dinero que se gastó organizándole juegos y espectáculos. Pompeyo y Craso ya eran sus aliados y ya habían hecho acuerdos y tendido puentes para forma el primer triunvirato. Cuando cruzó el Rubicón, el senado ya estaba muerto.
Pero el asno Castillo al contrario, hizo el ridículo mundial: se tiró a la piscina y no había agua. Ni el político mas inexperto comete tantas estupideces.