Es fácil jugar a la revolución desde la comodidad: con acceso a educación, libertad de expresión, redes sociales y una vida segura. Es fácil levantar consignas cuando no hay consecuencias reales. Pero mientras algunos posan de rebeldes en países libres, otros viven bajo los mismos sistemas que estos defienden… y ahí la historia es muy distinta: represión, hambre, censura y opresión.