Deben privatizarse en realidad. El Estado deja de meter mano directa y les da beneficios tributarios a las empresas que se encarguen de brindar esas ollas. Los ingresos más altos podrían venir de publicidad, promocionando marcas y productos de patrocinadores, que podrían mejorar su reputación de marca con ayuda social en vez de contratar a vagonetas fracasados como Josi Martinez o Benjadoes.