No solo es KATSEYE: El problema con los grupos de pop globales

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No solo es KATSEYE: El problema con los grupos de pop globales


En los últimos meses, las secciones de comentarios en YouTube y las tendencias de TikTok se han inundado de críticas feroces hacia el grupo femenino KATSEYE. El estreno de videoclips como "Gnarly" encendió las alarmas debido a una estética de lencería y coreografías cargadas de twerking que muchos consideran una hipersexualización injustificada, especialmente al ver el drástico cambio de imagen de integrantes que ingresaron al ojo público siendo menores de edad [INDEX]. Canales de crítica y fanáticos expresan su incomodidad, apuntando con el dedo a las empresas detrás del proyecto.
Sin embargo, la conversación actual sufre de una visión de túnel alarmante. Al centrar toda la indignación colectiva en un solo nombre, el público se está perdiendo el panorama completo: el problema no es KATSEYE; el problema es un sistema corporativo globalizado y con profundos sesgos de colorismo.


La trampa de los "Grupos Apátridas"

Para entender lo que está pasando, debemos dejar de medir a estas agrupaciones con la vara del pop tradicional. No estamos ante bandas que nacieron de forma orgánica en un garaje o en un barrio de Latinoamérica. Estamos ante "grupos apátridas" diseñados de forma científica en los laboratorios de las llamadas Big 4 del K-Pop (HYBE, JYP, SM) en alianza con sellos occidentales [INDEX].
En este modelo corporativo, las identidades de los jóvenes artistas son tratadas como funciones de un catálogo de software. Las empresas "activan" o "desactivan" la herencia cultural de los miembros según las necesidades del algoritmo o el mercado que toca explotar esa semana [INDEX]. El caso de Drew Venegas, líder de la nueva boyband SANTOS BRAVOS (HYBE Latin America), es el ejemplo perfecto: durante su etapa en el grupo anglo The Future X, su ascendencia mexicana era invisible; hoy, al cambiar de mercado al plano pan-latino, sus raíces son sobreexpuestas por marketing, a pesar de que apenas está aprendiendo el idioma en clases intensivas.
Ojo: antes de continuar aclaro que la sexualización no solo es cosa de chicas y los chicos de Santos Bravos y los de Now United también no se salvaron (menos mal se salvaron los chicos de Dear Alice pero igual uno nunca sabe solo estemos más alertas con esto).


El color del pelo y de la piel dicta el concepto

El punto más crítico y oscuro de este modelo de negocio es el sesgo geopolítico y de colorismo sistémico que determina qué integrantes son expuestas al ojo público y bajo qué roles. Mientras que las pieles pálidas y los rasgos hegemónicos occidentales son posicionados por la industria como el estándar de la "neutralidad pop" e inocencia, la hiperexotización y la hipersexualización recaen de forma desproporcionada sobre los miembros de pelo, ojos y piel más oscura.
Existe una lista innegable de popstars globales, procedentes del Sur Global (Latam, el Sudeste Asiático, el Sur de Asia, la África Subsahariana, la región MENA y la diáspora latina en EE. UU.), cuyos rasgos físicos han sido instrumentalizados bajo clichés coloniales:


  • Now United (El Cliché de Postal): Desde 2017, la maquinaria de Simon Fuller encasilló a miembros menores de edad como Any Gabrielly (Brasil) y Sabina Hidalgo (México) en el estereotipo de la "pasión latina", mientras que a integrantes afrodescendientes como Lamar, Diarra, Mélanie y Desiré, o del Medio Oriente como Nour, se les redujo a cuotas visuales de "fuerza urbana" o misticismo exótico.
  • KATSEYE (El Laboratorio Quirúrgico): El propio video del canal El Mundo Ilustrado admite en su minuto 6:28 que las críticas señalan cómo Daniela y Lara son las más expuestas [INDEX]. La industria asocia la piel morena con la madurez sexual, utilizándolas como el vehículo "natural" para el contenido atrevido.
  • SANTOS BRAVOS (La Ensalada Trilingüe): Al no existir una lingua franca interna, el grupo opera en un caos lingüístico (inglés, español y portugués). Sin embargo, a miembros oscuros como Kauê Penna (Brasil) o el propio Drew, se les exige encarnar el mito del "swing afro-brasileño" o la "actitud chicana" para validar comercialmente un proyecto de reguetón corporativo.

La Doble Moral y el Espejismo del "Empoderamiento"

Como bien señala la literatura feminista y sociológica actual —desde la teoría de “Consumir al Otro” de bell hooks hasta la crítica de la “Raunch Culture” de Natasha Walter—, las grandes agencias le han lavado el cerebro a las audiencias vendiendo la hipersexualización como un sinónimo de "liberación femenina" o "reconexión cultural". No es una decisión artística libre; es una jaula de marketing diseñada por ejecutivos hombres que genera millones de dólares utilizando el cuerpo de las jóvenes.
Y aquí es donde entra el doble rasero del público. Las redes sociales devoran vivas a las integrantes de KATSEYE [INDEX], pero guardan un silencio sepulcral ante el drástico cambio de GIRLSET (antes VCHA), a quienes JYP Entertainment pasó de una infantilización forzada e inocente a vestirlas con ropa diminuta y conceptos sensuales de la noche a la mañana tras un rebranding corporativo. Nadie dice nada porque el algoritmo ya los condicionó a normalizarlo.
Incluso el mercado de las colaboraciones sufre este impacto: la gigantesca Young Miko tomó la decisión estratégica de rechazar proyectos con leyendas de la vieja escuela como Vico C para subirse al barco del remix de "Gabriela" con KATSEYE, demostrando que en el pop actual, el pase de abordar hacia el mercado global depende de aliarse con estos laboratorios transnacionales.


Conclusión: Exijamos música, no mercancía humana

No podemos permitir que el debate se quede en el chisme de la semana de un solo grupo [INDEX]. Lo que está ocurriendo con Daniela, Lara, Drew, Kauê, Any y tantas otras popstars globales es la mercantilización absoluta de la identidad humana y racial.
Ojalá que los creadores de contenido y los críticos musicales tengan el valor de abrir los ojos y realizar segundas partes en sus análisis para denunciar este sistema de raíz. La diversidad cultural es hermosa y el talento vocal de estos chicos es impresionante; merecen conceptos artísticos que hagan brillar sus habilidades musicales en lugar de ser reducidos a un empaque exótico, sensual y desechable diseñado para los clics de TikTok [INDEX].
Es hora de exigirle a las Big 4 y a las agencias occidentales que dejen de vender piel y nos entreguen, de una vez por todas, buena música.


 

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