Martha Hildebrandt: la primera entrevista de su vida a El Comercio

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Ayer, 8 de diciembre de 2022, falleció a los 97 años, en su casa de la avenida 28 de Julio, en Miraflores, la destacada lingüista y colaboradora del diario El Comercio, la doctora Martha Hildebrandt. Recordamos aquí la primera entrevista que este diario le hizo a raíz del premio nacional ‘Javier Prado’, que recibió a comienzos de los años 50.​


Lima, 26 de enero de 1976. Martha Hildebrandt, como en muchas otras ocasiones, conduciendo una reunión académica, donde su voz era escuchada y apreciada por tirios y troyanos. (Foto: GEC Archivo Histórico)

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Lima, 26 de enero de 1976. Martha Hildebrandt, como en muchas otras ocasiones, conduciendo una reunión académica, donde su voz era escuchada y apreciada por tirios y troyanos. (Foto: GEC Archivo Histórico)


El dictador Manuel A. Odría llevaba un año y cinco meses en el poder. Pese a la tensa situación política y social en que aún vivía el país, la vida cultural seguía su curso. Los merecidos premios a la actividad intelectual e investigativa se dieron sin retrasos; de esta forma, la joven doctora Martha Hildebrandt Pérez Treviño (1925-2002) recibió la noticia de que su tesis doctoral había obtenido el premio nacional de fomento a la cultura ‘Javier Prado’, edición 1949.

El diario decano arrancó la entrevista, publicada el 1 de abril de 1950, con una breve reseña biográfica de la premiada, y en ella se indicó que la “señorita doctora” había nacido en la Hacienda Chiclín, en el valle de Chicama, Ascope (La Libertad); y que sus estudios secundarios los había hecho en el Colegio Nacional ‘Rosa de Santa María’ en Lima.

Se sabía entonces que Martha Hildebrandt había postulado como menor de edad a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no se le permitió llevar ningún curso hasta que tuviera la “edad mínima” para poder hacerlo. Cuando pudo estudió simultáneamente dos carreras humanísticas (estaba permitido entonces): Letras y Pedagogía. Martha Hildebrandt logró el grado de bachiller en Humanidades en 1948; y en 1949 hizo el doctorado de Letras, especializándose en Lingüística.


Titular que encabezó la primera entrevista que dio la doctora Martha Hildebrandt a El Comercio, publicada el 1 de abril de 1950. (Foto: GEC Archivo Histórico)

Titular que encabezó la primera entrevista que dio la doctora Martha Hildebrandt a El Comercio, publicada el 1 de abril de 1950. (Foto: GEC Archivo Histórico)


El Comercio informaba que Hildebrandt enseñaba en la Cuatricentenaria universidad el curso de “Fonética General”, y lo hacía en el Instituto de Filología de la Facultad de Letras. Su tesis de doctorado fue justamente la que había recibido el premio nacional de fomento a la cultura ‘Javier Prado’ 1949, empezó la doctora precisando el dato. Su tesis giró en torno a un tema estrictamente lingüístico: el español en Piura, contó entonces.

La entrevista del 1 de abril de 1950 siguió su curso.

“—Le agradeceríamos, doctora, informarnos algo sobre la naturaleza de su obra premiada.

Ella trata de las peculiares evoluciones del idioma español en la región piurana –nos indica gentilmente. Comprende, en consecuencia –prosigue diciéndonos–, estudios sobre el vocabulario, la fonética, la sintaxis, la influencia de idiomas indígenas, rezagos y arcaísmos”.


El redactor del diario decano explicó que la joven maestra universitaria había viajado en dos oportunidades a Piura; allí había visitado muchos pueblos, “pequeños y alejados donde perduran con más vigor las manifestaciones folklóricas del idioma”. (EC, 1/4/1950)

Joven rostro de la doctora Martha Hildebrandt reproducida en el diario decano, el 1 de abril de 1950. (Foto: GEC Archivo Histórico)

Joven rostro de la doctora Martha Hildebrandt reproducida en el diario decano, el 1 de abril de 1950. (Foto: GEC Archivo Histórico)


—¿Este estudio lingüístico suyo abarca a todo el Departamento de Piura?

No, únicamente la zona costeña de ese Departamento, o sea las ciudades de Piura, Paita, Sullana y pueblos anexos.

—¿Podría usted indicarnos algunos peculiares casos lingüísticos de esa zona?

Rasgo notable en el castellano de Piura es la ausencia casi total de quechuismos; su proporción es menor que en el lenguaje de Lima. Otra particularidad idiomática es la presencia de gran cantidad de arcaísmos, palabras castizas que han caído en desuso en el resto del Perú: estas palabras se conservan allí con su significado propio o con algunas variantes.

—¿Por ejemplo?

La palabra ‘limeta’. Esta palabra en castellano antiguo significa ‘botella’, y actualmente en Piura se da el nombre de ‘limeta’ a una calabaza, que tiene la forma de botella y que se usa para llevar líquidos”.


Fascinado el redactor de turno, este explicó a los lectores que la doctora Hildebrandt se empeñaba en dar más detalles fonéticos.Podemos señalar la línea melódica especialísima y que, desgraciadamente, no puede ser captada totalmente sino por medio de una grabación fonográfica”, explicó la maestra sanmarquina.

Lima, 14 de abril de 1972. Nombramiento de Martha Hildebrandt como directora del Instituto Nacional de Cultura (INC). (Foto: GEC Archivo Histórico)

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Lima, 14 de abril de 1972. Nombramiento de Martha Hildebrandt como directora del Instituto Nacional de Cultura (INC). (Foto: GEC Archivo Histórico)


Martha Hildebrandt advirtió, ya para entonces, que dichos rasgos peculiares “van desapareciendo día a día, sobre todo en la ciudad de Piura, a causa del intercambio comercial intensificado por la Carretera Panamericana”, dijo la doctora a El Comercio.

“—¿Ha publicado usted algunas obras?

Hasta la fecha, solo artículos. Tales como en la revista ‘Mar del Sur’: “Toponímicos y patronímicos en la región de Piura”, que es el apéndice de mi tesis ‘El español en Piura”; y en la revista ‘Letras’ de la Universidad de San Marcos el capítulo ‘Vocabulario’, también parte integrante de la tesis en referencia.

—¿Está usted preparando algún otro trabajo?

Sí. El libro ‘Fonética General’ a base de las lecciones que dicto sobre la materia en el Instituto de Filología de la Universidad Nacional de San Marcos.

—¿Y qué nos dice usted sobre los estudios filológicos en el Perú?

El Perú es uno de los campos de investigación lingüística más interesante del mundo.

—¿Por qué?

Porque además de las peculiares evoluciones que ha sufrido el español en las diferentes regiones del país y de las lenguas más importantes y estudiadas, como el quechua y el aimara, existen en la selva amazónica más o menos ochenta idiomas diferentes. El Instituto Lingüístico de Verano de la Universidad de Oklahoma, de Estados Unidos de Norteamérica, tiene actualmente un grupo de lingüistas investigando en diversas zonas de la selva; un trabajo que realizan en colaboración con el Ministerio de Educación Pública”.


La doctora Martha Hildebrandt de ese año, de 1950, rebozaba salud, una gran energía intelectual y una insobornable confianza en las posibilidades de la ciencia lingüística. Sobre la herencia filológica (estudio de las expresiones de una lengua), Hildebrandt dijo, retomando el tema, que “los estudios filológicos en el Perú se hallan todavía en un estado incipiente. Hay necesidad de despertar interés por esos estudios, especialmente entre los alumnos de las universidades. El folklore lingüístico va desapareciendo a medida que la civilización invade los pueblos antes aislados y es una verdadera pena que se pierdan estas manifestaciones sin haber sido recogidas”, dijo.

Lima, 19 de marzo de 1975. Martha Hildebrandt en una cita regional como directora del INC. (Foto: GEC Archivo Histórico)

Lima, 19 de marzo de 1975. Martha Hildebrandt en una cita regional como directora del INC. (Foto: GEC Archivo Histórico)


Y eso fue lo último que dijo esa mañana del viernes 31 de marzo de 1950, antes de que el reportero corriera a la redacción de Lampa con Miró Quesada, en el Centro de Lima, para empezar su tarea de redactor.

La Martha Hildebrandt de entonces respiraba lingüística, filología, humanismo. Más tarde obtendría la beca latinoamericana, entregaba por la American Association of University Women, gracias a la cual hizo estudios de Lingüística Estructural en la Northwestern University en Illinois (EE.UU.). Dos años después de esta entrevista, en 1952, la joven doctora estudió Lingüística Descriptiva en la Universidad de Oklahoma.

Fue solo el comienzo de una extensa y rica vida intelectual, una intensa carrera profesional en el Perú y el extranjero, y aunque luego, en la década de 1990, a Martha Hildebrandt le interesó también la política parlamentaria, más allá de cualquier crítica a su desempeño en ese campo, nunca dejó de ser una interesada defensora del habla culta en el Perú. Que en paz descanse, doctora.

 

genetica en Peru? me suena a un plan tipico Peronista de "Toco y me voy". Pero Felicidades por Martha
 
Una especialista muy competente en su campo pero como persona y política una mierda.

Bien la describió otro Hildebrandt.

César Hildebrandt Blog​

agosto 9, 2006​

Hermanita querida​

Filed under: Artículos — cesarhildebrandt @ 3:33 pm
(La Primera) Hermanita querida

La doctora Martha Hildebrandt Pérez Treviño –es decir una de las hijas con que mi prolífico y algo distraído padre aderezó el mundo– se ha sentido ofendida por lo que escribí de ella en este diario acogedor que me aguanta y que encima me paga.
No veo por qué ofenderse, hermanita, cuasi hermana, sacha hermana, semi frattella, half sister.

Sólo dije lo que de ti piensa todo el mundo: que eres una oportunista de siete suelas, una rabona que va mudando de paisaje pero no de oficio a medida que las tropas avanzan y cambian los generales pero no tu arrastradera.

Y que, además, eres la única parlamentaria virgen en cuanto a proyectos de ley presentados –has tenido el morro de no presentar ninguno– y una de las más recalcitrantes cobradoras del bono de escolaridad cuando lo cierto es que tu única hija limita ya con la menopausia.

Fuiste la amante reseca del general Velasco mientras te dio trabajo. Cuando fue derrocado te olvidaste de él y merodeaste por la casa de Morales Bermúdez, que tenía órdenes de no darte bola.

Durante el segundo belaundismo te recluiste en casa a ver telenovelas y a botar sirvientas. Fue en esa época que le dijiste a tu hija que la solución para el Perú era “la bomba cholónica, el equivalente nacional de la bomba neutrónica”.

Matibel, tu única hija felizmente, lo contaba muy divertida, así como contaba lo maravillosa madre que fuiste al enterarte de que ella estaba en cinta la mismísima noche en que dio a luz a Nadiana allá en París.

–Mi madre dice que habría que poner a un millón de indios en el zanjón y lanzar una bomba atómica. Sería la bomba cholónica –contaba Matibel doblándose de la risa.

No se doblaba de la risa sino que se le abrían los ojos cuando contaba lo afortunada que eras teniendo una cuenta off shore en un paraíso fiscal para no pagar impuestos en el Perú.

Y se le abrían más los ojos cuando contaba cómo el banco tonto que recibía tu guardado (jerga vieja) se equivocó un día y te abonó electrónicamente cincuenta mil dólares, jugoso error que tú no comunicaste a tu sectorista tropical y que terminó engrosando tu patrimonio. Porque hasta cajoneadora has sido, hermanita. ¡Y luego dices que a ti nadie puede hablarte de faltas éticas!

Lo que hiciste, en esa oportunidad, fue robar, dear almost sister. Y le acabas de robar ya no a un banco caribeño sino al Estado cobrando tus 16 mil soles de gastos de instalación cuando hace rato que estás instalada en la casa de 28 de Julio y en el reino de la conchudez insolente.

Esa platita de los 50 mil dólares te llegó porque así eres de suertuda, además. Bueno, para algunas cosas. Tienes la suerte, por ejemplo, de que la gente te tema por tu boquita de paltera arequipeña con prurito en el poto.

Y tienes la suerte de que los periodistas te tengan terror porque ellos hablan mal y tú bien. Porque ellos son cholos y tú blanca. Porque ellos no gritan y tú sí. Porque a ellos les asusta tu facha de ekeka de mala leche y peor uva, en suma.

Bueno, aquí hay un periodista que, más allá de las sangres en curso o derramadas, jamás te tuvo miedo. Y por eso te puedo responder como lo que –más allá de las buenas formas hasta ahora guardadas por mí– eres de modo militante e inocultable: una lingüista formidable y una persona despreciable, una filóloga eminente y una sobreviviente rastrera, una intelectual sanmarquina y una lombriz de la moral pública. Alguien tenía que decírtelo en este país de periodistas que gallinean en el corral.

Llamaste Simón Bolívar a Alan García cuando coqueteabas con el aprismo a ver si algo te ligaba. Y a Fujimori no necesitaste llamarlo Yamamoto –que se lo merecía por traidor intrínseco y gemelo de tu alma– para trepar su higuera y salir por el techo como una buganvilia maquillada al estilo noche con turistas en el Moulin Rouge.

En el muladar de Fujimori fuiste, querida Martha, barchilona con tu bacín atento, dadora de coartadas, escurridora de mocos, limpiadora de plastas, inspectora de cagarrutas perpetradas por el cholo Siura (aj), sirvienta con cama adentro para lo que mande, justificadora de los asesinatos de La Cantuta, rentada defensora de lo más zafio de la basura con galones que te pensionaba, cobardemente altiva desde el poder, calladita a la hora de perderlo aquella tarde en que te quitaron el cetro del Congreso y tú perdiste el celular que te dio el Chino (no fuera a llamar ahora que no servía para nada).

Si el apellido Hildebrandt –los apellidos los adquiere uno sin proponérselo, son etiquetas banales– vale algo, no es por ti, Marthita querida. Valdrá algo por tu hermana Esther, ser humano delicado y feliz, o sea el envés de tus reveses de bailarina andrófoba.

O valdrá algo por algunos de tus parientes, que de ti nada tienen y que deben haber sentido vergüenza –supongo yo– por lo que has hecho en estos años para conservar el chofer y las regalías, que eso es lo único que te importa.

O valdrá por mi hermana Ana María, cuya tenaz decencia va a contramarcha de tu indecoro intelectual. O, más tarde quizás, por mi hijo, un Hildebrandt Chávez buenmozo y mestizo, de esos que a ti te asquean porque te crees aria y discípula mental de Gobineau.

O por algún otro vástago que por allí saque la cara por este apellido que vino ileso de Hannover y que tú insistes en escupir diciendo que la seguridad social es para los que tengan que padecerla y que no aceptarás que te quiten el seguro privado que deberías pagar con tu sueldo.

¿Qué te has creído? ¿Es el Perú tu chacra de Paramonga, el establo que te trae recuerdos, la acequia con pichi que te parecía idílica? ¿Hasta dónde va a llegar tu talento para hacer el ridículo? ¿Tiene límites la procacidad?

Hace meses fuiste a mi programa y antes de sentarte me agradeciste por haber contratado a tu hija Matibel como productora. Siento que, al poco tiempo, tuviera Matibel que irse por una orden mía: la inteligencia, como sabrás, no se hereda inexorablemente.

En todo caso, yo ya no puedo volver a contratarla, lo siento mucho. No estoy en la tele porque la tele me echó y yo eché a la tele de mi vida.

Como te echó a ti de la suya el pobre señor Altuve, tan fino y embajador él, tan venezolano y caballero él, soportando tus berrinches de maldita a bordo y tus groserías de contralto de cocina mientras lanzabas completa la vajilla y todo lo punzocortante que encontraras a tu paso, que eso era para ti el orgasmo supremo del carácter.

Se salvó el señor Altuve. Vivió feliz lejos de ese hígado que a veces pensaba en que te habías convertido, hermanita. Por esa huida fue que necesitaste de la política. El pobre señor Altuve ya no estaba para bancarte las demasías.
Altuve debe haber muerto feliz.

Tan feliz como vivo plenamente yo, hermanita, al lado de una maravillosa mujer espléndidamente joven que suma a su inteligencia su integridad, a su talento su generosidad, a su belleza su capacidad de ser siempre coherente con sus ideas progresistas.

O sea todo lo opuesto a ti, hermanita Brujilda, escoba casi póstuma de todas las malías, Hermelinda linda, hada madrina y consejera de Dennis Falvy, marida de Lord Vader, hermanita querida, histórico mojón de la frontera con Tiwinza.

 

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