MAPOCHO INCAICO: la fundación de Santiago de Chile no fue española, fue incaica

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"El libro de Rubén Stehberg demuestra, con evidencia arqueológica y documental, que en el corazón de Santiago existió el centro político y ceremonial más austral del Tahuantinsuyo. A través de esta investigación, el arqueólogo busca cambiar la manera en que los santiaguinos entienden la historia de la ciudad que habitan. “La ciudad no empieza con Pedro de Valdivia”, resume. Para él, Santiago forma parte de una historia mucho más extensa, una continuidad que se remonta al año 900 después de Cristo y que llega hasta el presente.

La idea de que Pedro de Valdivia fundó una ciudad sobre un territorio vacío es, para Rubén Stehberg, una distorsión histórica. Según plantea, cuando el conquistador español llegó al valle del Mapocho encontró un territorio ya organizado: una provincia inca en pleno funcionamiento, articulada mediante redes camineras y viales que la conectaban con el resto del mundo andino. Entre ellas destacaba el Camino del Inca, que llegaba hasta el lugar donde hoy se ubica la Plaza de Armas de Santiago.

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Rubén Stehberg es autor de “Mapocho Incaico”, publicado por Editorial Planeta Chile, libro que explora la fundación de Santiago a lo largo de 156 páginas.
El arqueólogo ha dedicado años a la investigación de la ocupación inca en Chile y, en esta reciente publicación, sintetiza décadas de trabajo sobre los orígenes de la capital y la relevancia de personajes poco conocidos, como el gobernador Quilicanta, quien colaboró con la expedición de Diego de Almagro en Quillota en 1536 e hizo lo mismo con Pedro de Valdivia en el valle del Mapocho en 1541.

“Quilicanta había brindado todo tipo de apoyo a la expedición de Diego de Almagro en 1536. No tengo claro por qué colaboró tanto con Pedro de Valdivia, pero colaborar significa que lo mantuvo, que sostuvo la expedición. La expedición de Diego de Almagro estaba compuesta por 600 soldados, 300 caballos —que había que alimentar— y un par de miles de indígenas de carga y de servicio. Y Quilicanta lo hizo”, explica.

“Entonces, después se vino a vivir al Mapocho, y eso le aseguraba a Pedro de Valdivia que no solo llegaba a un valle irrigado, lleno de chacras y con mucha comida, sino también a un gobernador favorable al acceso español”, dice el arqueólogo.

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Una continuidad histórica desde la cultura Aconcagua

Para el arqueólogo, la historia de Santiago comienza mucho antes de lo que habitualmente se reconoce como la fundación de la ciudad por parte de Pedro de Valdivia. “Esto empieza con la cultura Aconcagua, sigue con los incas, continúa con Pedro de Valdivia y luego con el Estado español, que siguió interesado en controlar desde acá a la población del sur”, señala.

Esa repartición administrativa, afirma el autor, puede rastrearse incluso hasta hoy. “La Moneda, desde donde se administra este país, está a 400 metros de donde gobernaba Quilicanta. Y la Panamericana está entre dos antiguos caminos: uno era el camino a los promaucaes y el otro era el Camino del Inca. Entre ambos está la carretera Panamericana. Por lo tanto, esa lógica de controlar el país desde este lugar puede entenderse como una línea continua desde el año 900 después de Cristo, cuando surge la cultura Aconcagua, hasta hoy”, concluye.


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La omisión de la presencia indígena en la historiografía

Para Rubén Stehberg, la invisibilización de la presencia incaica en el valle del Mapocho responde, en parte, a una construcción historiográfica heredada desde la propia conquista española. Según explica, ya existía en España una preocupación por el impacto que la ocupación de centros indígenas estaba provocando en las poblaciones originarias, por lo que la Corona impulsaba la idea de fundar ciudades en territorios que no afectaran asentamientos preexistentes.

En ese contexto, sostiene que Pedro de Valdivia difícilmente podía reconocer ante el rey que había ocupado y destruido un centro administrativo indígena para instalar Santiago. El arqueólogo afirma que el conquistador se apropió del espacio gobernado por Quilicanta, a quien además habría mandado matar, mientras sus soldados ocuparon las chacras y recursos del valle.

Stehberg también apunta a las crónicas de la época como parte de esta omisión histórica. Menciona el caso de Jerónimo de Vivar, cronista de Valdivia, quien habría evitado relatar estos hechos en sus escritos. “Omitir no es lo mismo que mentir”, aclara el investigador, aunque sostiene que esa omisión terminó instalando la idea de que Santiago fue fundado en un territorio vacío.

Según plantea, esa visión fue la que durante décadas predominó en la enseñanza escolar chilena, donde se presentaba a Pedro de Valdivia como el creador absoluto de la ciudad, sin reconocer la infraestructura, los sistemas agrícolas y las redes organizativas que ya existían en el territorio antes de la llegada española.

El simbolismo indígena detrás de la fundación de Santiago

Stehberg plantea que uno de los principales objetivos de “Mapocho Incaico” es cambiar la manera en que los santiaguinos entienden la historia de la ciudad que habitan. “La ciudad no empieza con Pedro de Valdivia”, resume el arqueólogo. Para él, Santiago forma parte de una historia mucho más extensa, una continuidad que se remonta al año 900 después de Cristo y que llega hasta el presente.

Según explica, Pedro de Valdivia eligió el valle del Mapocho precisamente porque ya existía información en Perú sobre la importancia estratégica del lugar: un territorio fértil, organizado y gobernado por Quilicanta, quien había mostrado disposición a colaborar con los españoles. En ese contexto, Stehberg sostiene que el acto fundacional de Santiago estuvo cargado de simbolismos políticos e indígenas que hasta ahora habían sido poco explorados.

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Hallazgos en el libro

Uno de los hallazgos que destaca el libro es que el cabildo del 11 de junio de 1541 —cuando los españoles nombraron gobernador a Pedro de Valdivia— se habría realizado en un edificio público incaico conocido como el Tambo Grande. Además, afirma que la fecha no habría sido casual: bajo el calendario juliano vigente en esa época, el 11 de junio coincidía con el solsticio de invierno, el momento más sagrado del calendario indígena.

Para Stehberg, Valdivia comprendía perfectamente el peso simbólico de ese gesto. “Lo que quería era que la población indígena lo reconociera como la nueva autoridad”, explica. El investigador asegura que esta interpretación no había sido planteada anteriormente y que constituye uno de los aportes más novedosos del libro.

Más allá de la discusión historiográfica, el arqueólogo sostiene que su intención es abrir una nueva mirada sobre el pasado de Santiago y sobre la herencia indígena presente en Chile. “Hay un aporte tremendo anterior a 1541”, insiste. Y concluye con una reflexión que, según dice, atraviesa toda la investigación: “Que la gente ya no se avergüence más de descender de los indios”."




Revisar el artículo científico que es sustento del libro:

 

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