La tarde del 1 de enero de 1972, Luis Banchero Rossi fue brutalmente asesinado en su mansión de Chaclacayo por Juan Vilca Carranza, hijo de su jardinero. Vilca golpeó repetidamente a Banchero con una estatuilla y, tras dejarlo inconsciente, lo apuñaló salvajemente. Las investigaciones policiales y fiscales confirmaron la brutalidad de este crimen, considerado uno de los casos más impactantes y mediáticos del Perú en el último tercio del siglo XX.
El empresario pesquero Luis Banchero Rossi (en el medio) disfrutando de la vida, la que después se le apagaría brutalmente aquella tarde del 1 de enero de 1972, en su casa de Chaclacayo. Su asesinato causó verdadera conmoción en todo el país. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
El brutal asesinato del magnate pesquero y empresario de medios Luis Banchero Rossi sacudió Lima desde aquel fatídico 1 de enero de 1972. Este caso generó rumores sobre traiciones, dinero ilícito, envidias, venganzas y pasiones descontroladas. La investigación policial tomó un giro oscuro cuando Eugenia Sessarego, la secretaria personal de Banchero, fue señalada como cómplice del asesinato perpetrado por Juan Vilca Carranza, hijo del jardinero de la tristemente célebre residencia en Chaclacayo, al este de Lima. La historia fue marcada por una compleja intriga y violencia extrema.
Luis Banchero Rossi, nacido en Tacna el 11 de octubre de 1929, fue un destacado empresario peruano que estudió ingeniería química en la Universidad Nacional de Trujillo. Inició su carrera comercializando azúcar y aceites, pero en 1948 incursionó en la industria pesquera. En 1955, cofundó una envasadora de bonito y más tarde fundó Pesquera Humboldt, consolidándose como el mayor productor pesquero del Perú y líder mundial en harina de pescado a fines de los años 60.
El imperio de Banchero abarcó sectores como astilleros, minería, banca, publicidad, fútbol y medios de comunicación. En 1968, presidió la Sociedad Nacional de Pesquería y adquirió la Empresa Periodística Nacional S.A. (Epensa). Sin embargo, su prometedora carrera terminó trágicamente en Chaclacayo cuando fue asesinado a los 42 años.
El viernes 31 de diciembre de 1971, tras despachar asuntos de fin de año, Banchero celebró sobria y brevemente la llegada de 1972. En la mañana del 1 de enero, dejó su lujosa habitación en el Hotel Crillón, en el centro de Lima, y se dirigió a su casa de campo en Chaclacayo. Allí, acompañado por su secretaria María Eugenia Sessarego, pidió a su personal que le prepararan el almuerzo antes de que se retiraran a la casa destinada para ellos, ubicada a 90 metros de la residencia principal.
Luis Banchero Rossi era un empresario con visión de país; no era raro verlo alternar con políticos como el presidente Fernando Belaunde. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
A las 11 y 30 de la mañana, el mayordomo José Leonidas y la cocinera Eugenia abandonaron la propiedad de Banchero Rossi. Poco después, el jardinero Juan Vilca Huarote, de 45 años, también se retiró, pero dejó en la “vivienda de empleados” a sus hijas Lucía y Elisa, de 17 y 15 años, respectivamente, junto a su hijo mayor, Juan Vilca Carranza, de 19 años, quien fue visto merodeando por los jardines cercanos a la casa principal. Según las leyes peruanas de la época, Vilca Carranza era aún era considerado menor de edad.
Alrededor de las seis de la tarde, el jardinero Vilca Huarote regresó a la residencia de Banchero, donde encontró el cuerpo inerte de su jefe en la sala principal de la casa grande. Este descubrimiento marcó el inicio de uno de los crímenes más sonados en la historia del Perú.
CASO BANCHERO: LO QUE HALLÓ LA POLICÍA QUE INVESTIGÓ EL CASO EN LA CASA DE CHACLACAYO
Cuando los agentes policiales llegaron a la escena del crimen, encontraron el cuerpo de Luis Banchero Rossi en posición cúbito dorsal; se notaba una profunda herida en la espalda, el rostro desfigurado a golpes y una parte de su camisa junto a una cuerda atadas alrededor del cuello. Sus manos y pies también estaban atados con soguillas. Vestía zapatillas, pantalón y una camisa sin chaqueta, mostrando signos de violencia extrema.Juan Vilca Huarote, el jardinero y guardián de la residencia, relató que todos los empleados regresaron después de las seis de la tarde. Sin embargo, fue él quien descubrió primero el cuerpo de Banchero y solicitó ayuda a los vecinos. Luego, un médico de apellido Morón trasladó los restos del empresario a la clínica Javier Prado de San Isidro, donde se confirmó su muerte.
Banchero Rossi comenzó a trabajar desde muy joven y se dedicó con decisión a la industria pesquera y a los medios de prensa (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
El cuerpo del empresario peruano Luis Banchero Rossi permaneció todo el sábado 2 de enero de 1972 en una camilla de la clínica Javier Prado. Para la Policía de Investigaciones (PIP), el caso parecía estar prácticamente resuelto, según las declaraciones de su director, Julio Esquivel Trigoso. Incluso el ministro del Interior, confiado en el avance de la investigación, viajó ese mismo sábado a Piura. El principal sospechoso era Juan Vilca Carranza, hijo del jardinero, a quien la Policía consideraba como el único culpable.
El jefe policial Esquivel también confirmó que la mujer que estuvo con Banchero en el momento del crimen era su secretaria, María Eugenia Sessarego de Smith. La prensa reveló que Sessarego, cuyo esposo ecuatoriano, Manville Smith, estaba fuera del país, se encontraba en proceso de divorcio. Hasta ese momento, ella solo era considerada testigo del asesinato de su jefe.
El principal sospechoso, Vilca Carranza, estaba detenido por la Policía Judicial en el Palacio de Justicia, bajo la custodia del Juez Instructor de Turno, Raúl Cubillas León, quien tuvo un día agitado el sábado 2 de enero. Vilca había sido interrogado por la Guardia Civil y pronto lo interrogaría también la PIP. Mientras tanto, otros testigos clave como María Eugenia Sessarego, el jardinero Juan Vilca Huarote y su hija de 15 años, Elisa Vilca, ya se encontraban en el Departamento de Homicidios de la PIP.
CASO BANCHERO: LAS VERSIONES DEL HECHO CRIMINAL EMPEZARON A CRUZARSE Y CONTRADECIRSE
Elisa Vilca Carranza declaró que, alrededor de las seis de la tarde del 1 de enero de 1972, recibió una llamada a través del intercomunicador de María Eugenia Sessarego, quien le informó que “algo grave había ocurrido” y le pidió que fuera a la casa principal. Elisa relató que entonces buscó a su hermano Juan, a quien encontró cerca de la entrada de la residencia. Sin embargo, cuando le pidió que la acompañara porque lo necesitaban, él se mostró indiferente y no respondió.
Banchero Rossi fundó Epensa y creyó siempre en el talento del trabajador peruano. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
Según el testimonio de María Eugenia Sessarego, secretaria de Luis Banchero Rossi, ella llamó inmediatamente a Orlando Cerruti Soto, cuñado del empresario y esposo de Mary Banchero, informando sobre un “accidente”. Cerruti llegó acompañado del médico Juan Morón Vizcarra. Ambos, creyendo que Banchero aún estaba con vida, lo llevaron en automóvil a la clínica Javier Prado, donde solo pudieron confirmar su fallecimiento.
Antes de su sepelio, el cuerpo del influyente empresario peruano fue trasladado a la Morgue Central de Policía. Los forenses certificaron que Luis Banchero Rossi había sufrido dos heridas de arma blanca: una en el tórax y otra en el abdomen, además de contusiones y traumatismos en el cráneo y rostro, confirmando la agresividad del ataque.
A pesar de la reserva inicial en las investigaciones policiales, el diario El Comercio, en una nota del 3 de enero de 1972, ya revelaba que Sessarego había prestado declaración ante la Policía de Investigaciones. Ese mismo domingo, la exsecretaria fue trasladada a la Cárcel de Mujeres de Chorrillos, donde continuó dando sus declaraciones a los representantes del Noveno Juzgado de Instrucción de Lima.
“El hijo del jardinero, armado con un revólver, nos redujo, y luego bajo amenaza de muerte, me obligó a atarle las manos a Banchero Rossi; después me condujo a la segunda planta, donde me encerró. Mientras estuve encerrada, se produjo el homicidio”, dijo Sessarego.
María Eugenia Sessarego, la secretaria personal de Luis Banchero Rossi, estuvo involucrada directamente en el asesinato del empresario peruano, ocurrido el 1 de enero de 1972. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio / Jorge Ángulo)
La mujer relató que el joven Juan Vilca Carranza regresó a la habitación donde ella estaba encerrada y durante aproximadamente una hora la amenazó de muerte y la forzó a tener relaciones sexuales. Finalmente, Vilca le entregó la pistola Luger “Parabellum” con la que había amenazado tanto a ella como a Banchero Rossi antes de abandonar la casa. Se descubrió que Vilca había robado esa pistola a su patrón hacía meses. Hasta ese momento, la hipótesis de la Policía era que el agresor había atacado primero a Banchero con un cuchillo grande de cocina y luego lo había golpeado la cabeza con una piedra.
Eugenia Sessarego protestó por su internamiento en un penal, y así lo haría todo el tiempo que estuvo en prisión sin condena. “¡Yo estoy aquí solamente para colaborar con la policía; no sé por qué razón me llevan a la cárcel de mujeres!”, reclamó.
Los restos de Luis Banchero Rossi, destacado empresario peruano, fueron velados el sábado 2 de enero de 1972 en la Iglesia de la Virgen del Pilar, en San Isidro. El velorio fue multitudinario, contando con la presencia del edecán del presidente Juan Velasco Alvarado. El domingo 3 de enero, en medio de una extensa y variada multitud que incluía miembros del gobierno militar, empresarios y trabajadores, el cadáver fue sepultado en el Cementerio El Ángel. Según El Comercio, antes del entierro, se colocó sobre la tumba un detente del Señor de los Milagros, imagen sagrada a la que el empresario rendía devoción.
CASO BANCHERO: UN PROCESO QUE SE LLENÓ DE MENTIRAS, PRESIONES E HISTRIONISMO
Durante los primeros días de la investigación, tanto Eugenia Sessarego como Juan Vilca fueron inicialmente considerados testigos, aunque ambos permanecieron detenidos. Los resultados del protocolo ampliatorio de autopsia, solicitado por el juez para esclarecer las condiciones exactas del cuerpo de Banchero, revelaron que la víctima no había sido maniatada antes de su muerte, contradiciendo las declaraciones previas de Sessarego.
Juan Vilca Carranza, trabajador de la casa de Chaclacayo, fue el victimario de Banchero Rossi, así lo dictó la sentencia final del caso. Aunque, al parecer, no actuó solo. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
La autopsia reveló que, debido a la naturaleza y extensión de las lesiones, era imposible que Luis Banchero Rossi hubiera luchado con su agresor o agresores. Los forenses identificaron escoriaciones en uno de los arcos superciliares (sobre las cejas) y un severo golpe en la nariz, que destruyó prácticamente el tabique. También se encontraron dos profundas heridas punzocortantes en la espalda que atravesaron el tórax hasta la cavidad abdominal.
Dicha “autopsia ampliatoria” confirmó que las puñaladas en la espalda, realizadas con un cuchillo doméstico, fueron tan violentas que la punta del arma se rompió al impactar con una costilla. Este hallazgo sugiere un ataque brutal, casi de odio, que denotaba una extrema crueldad.
El juez Raúl Cubillas León, del Noveno Juzgado de Instrucción de Lima, abrió la investigación. La defensa civil de la víctima, representada por el hermano de Banchero, Juan Banchero Rossi, fue asumida por el jurista Luis Roy Freyre. La defensa de Eugenia Sessarego estuvo a cargo del abogado Carlos Enrique Melgar.
CASO BANCHERO: LA VOZ DEL PADRE Y OTROS TESTIGOS QUE DEFENDÍAN AL JOVEN JUAN VILCA
“¡Mi hijo es inocente! Él no tiene motivos para matar a nadie. Es un muchacho sano, sin vicios, que se acuesta temprano; él no es asesino”, vociferaba el veterano jardinero Juan Vilca Huarote, quien junto con su hija, Elisa Vilca, fue liberado por la PIP una vez que ambos dieron sus declaraciones.Juan Vilca Huarote, padre del acusado, había trabajado durante diez años en la propiedad de Chaclacayo; los últimos tres años bajo el mando de Luis Banchero Rossi y los siete años previos con la familia Beltrán, anterior propietaria. La intervención del padre de Vilca sorprendió a la opinión pública, sugiriendo por primera vez la posibilidad de una trama más compleja que el simple asesinato por parte de un joven jardinero.
El padre del asesino, el jardinero Juan Vilca Huarote (al medio), nunca dejó de afirmar que su hijo era inocente. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
El abogado de la familia Banchero, Luis Roy Freyre, declaró a El Comercio que descartaba a Juan Vilca Carranza como el autor del homicidio, argumentando que las condiciones físicas del joven no coincidían con la fuerza requerida para cometer el brutal apuñalamiento de la víctima.
Testimonios adicionales comenzaron a cuestionar la acusación contra Juan Vilca. Martha Yolanda Mantilla, de 21 años, vecina de Chaclacayo y residente a una cuadra del lugar del crimen, declaró que vio a Vilca conversando con su padre, el señor Mantilla, en su casa desde las 8 hasta las 9 de la noche del 1 de enero de 1972, antes de que el joven sospechoso fuera detenido por la Guardia Civil.
“Juan estaba como de costumbre, sereno, no presentaba síntomas de nerviosismo. Se portó como siempre, muy respetuoso y amigable. Mi familia lo conoce desde hace años. Lo calificaría como alguien educado y casi siempre muy silencioso, aunque algunas veces pedante”, explicó la Martha Yolanda Mantilla.
El testimonio de Ricardina Sánchez, dueña de un kiosko situado a unos 200 metros de la casa de campo de Banchero, brindó claridad al caso. Sánchez, quien conocía a Juan Vilca desde que era un niño, afirmó: “Conozco a ese muchacho desde que tenía cinco años y lo veo a diario. No es una persona loca, sino normal, sana, humilde y respetuosa. Todos los días viene al kiosko a comprar el periódico, y siempre converso con él; nunca he observado ninguna actitud fuera de lo normal.”
Otro testimonio crucial provino de Juan Villalobos, propietario del taller de artesanía en Chaclacayo, donde Vilca había comenzado a trabajar seis meses antes. Él declaró: “La acusación contra Juan Vilca Carranza como el asesino del industrial Luis Banchero Rossi es una novela barata. Conozco muy bien a este joven y sé que es incapaz de agredir a alguien, a menos que esté bajo el efecto de una droga. En el breve tiempo que trabajó aquí, ganó la confianza de sus compañeros y el aprecio de la familia”.
Eugenia Sessarego acudió en un inicio como testigo, pero después se convirtió en coinculpada en el caso Banchero. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio / Armando Torres)
CASO BANCHERO: LA DEFENSA FEROZ DE SESSAREGO Y LOS DETALLES DE LAS INVESTIGACIONES
Durante los primeros días de enero de 1972, los medios de comunicación difundieron ampliamente la versión de Eugenia Sessarego sobre el asesinato de Luis Banchero Rossi. La mujer alegó que Juan Vilca había llegado a la residencia el 1 de enero, alrededor del mediodía, los amenazó con una pistola y un cuchillo, y la obligó a atar a Banchero. Luego, la encerró en una habitación, desde donde escuchó golpes, quejas y el sonido como de “telas rasgándose”, seguido de un largo silencio.
Aseguró que Vilca había torturado a Banchero durante cinco horas, la amenazó y ultrajó antes de desaparecer. Indicó que, en medio del ataque, Vilca le había pedido a Banchero dinero y una carta de recomendación para una clínica de cirugía plástica. La ex secretaria relató que pudo finalmente llamar al cuñado de su jefe para pedirle ayuda.
A medida que avanzaba el proceso judicial, las inconsistencias en las hipótesis del crimen y las circunstancias forzadas para incriminar a Vilca Carranza generaron dudas, tanto en la prensa como en la opinión pública, convirtiendo el caso en uno de los más complejos de investigar, resolver y sentenciar en la historia judicial peruana.
En el careo público entre Eugenia Sessarego, Juan Vilca y otros implicados, se revelaron detalles contradictorios, recriminaciones e incluso difamaciones entre los protagonistas del crimen. El caso de Luis Banchero Rossi parecía no llegar a una conclusión clara.
El martes 4 de enero de 1972, Vilca sorprendió al declarar que él era el autor de la muerte de Banchero, sin dar más detalles. Su versión entró en contradicción con la de Sessarego, especialmente en cuanto a la hora del crimen y el rol de esta en el caso. Vilca afirmó que la mujer lo había ayudado a maniatar a Banchero, mientras que Sessarego insistió en que fue violada por el hijo del jardinero, quien la había amenazado con un revólver que presumiblemente pertenecía a la víctima. Vilca, por su parte, insistió en que la relación íntima había sido de mutuo acuerdo.
La menor Elisa Vilca Carranza (izq.) fue testigo en el caso que involucró a su hermano Juan. Siempre confió en su inocencia. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
Sessarego declaró que Banchero fue atado sentado en una silla por la espalda, pero los testigos que lo vieron tanto en la silla como ya fallecido en la clínica indicaron que estaba atado de manos por delante. Estas contradicciones y errores en los testimonios generaron sospechas entre los jueces, quienes consideraron que la historia presentada era forzada y no coincidía con los datos. Se confirmó que Luis Banchero sufrió una agonía prolongada de casi seis horas, durante las cuales tanto Sessarego como Vilca mostraron una indiferencia alarmante hacia la vida del empresario.
Según la declaración de la exsecretaria al Juez Instructor Raúl Cubillas León, Juan Vilca apuñaló a Banchero alrededor de la 1 y 30 de la tarde. Luego, este la llevó al dormitorio y abusó de ella hasta las 5:30 de la tarde, momento en que pudo finalmente pedir ayuda. La autopsia realizada a la 1 de la madrugada del 3 de enero de 1972 determinó que la víctima había fallecido aproximadamente seis horas antes, es decir, poco antes de las 7 de la noche en la clínica Javier Prado. Esta cronología estableció que Sessarego y Vilca pasaran de ser testigos a ser acusados formalmente.
Juan Vilca fue interrogado por el Departamento de Homicidios de la PIP, donde también admitió su culpabilidad en el asesinato de Luis Banchero. Además, la Policía de Investigaciones interrogó al ex capitán de la Guardia Civil, Orlando Cerruti Soto, y al médico Juan Morón Vizcardo, quienes auxiliaron a Banchero y lo llevaron a la clínica. Asimismo, se analizaron los objetos recuperados de la escena del crimen, que incluían evidencias manchadas con sangre de la víctima.
Entre los objetos examinados se encontraban un pisapapeles rectangular, aparentemente de piedra, que se sospechaba habría sido utilizado para golpear a Banchero en el rostro; un par de zapatos y zapatillas de la víctima; cordones de luz eléctrica; un cordón de persiana con manchas de sangre; una casaca azul tipo pescador; dos mangas de camisa parcialmente ensangrentadas, y un juego de ropa interior.
Eugenia Sessarego durante las primeras semanas del proceso penal que se le siguió. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
CASO BANCHERO: LA VOZ DE VILCA. MÁS SOSPECHAS Y CONTRADICCIONES
Durante enero de 1972, el entorno de la familia Vilca se volvió un foco de atención, debido a la afluencia de personajes inusuales cerca de ellos. Abogados espontáneos ofrecieron sus servicios para defender a Juan, mientras que policías de civil se mantuvieron en vigilancia discreta. Pero, lo que más llamó la atención pública fueron las breves y enigmáticas declaraciones de Juan Vilca Carranza a la prensa, hechas tras sus interrogatorios, generando aún más controversia y especulación en torno al caso.No se inculpó como había dicho ante la PIP, sino todo lo contrario. A las 9 y 30 de la noche del 5 de enero de 1972, mientras lo conducían desde el Departamento de Homicidios hasta la Dirección de la PIP, Juan Vilca respondió a una pregunta al paso del reportero de El Comercio. “¿Eres o no eres el autor?”, le interrogó el periodista. Y un Vilca sonriente, hasta con sorna, dejó nuevamente en el aire la incertidumbre. Y así sería durante todo el proceso.
“¿Autor de qué? ¿Ustedes creen que un muchacho como yo haya hecho eso? Mañana, si regresan, sabrán toda la verdad. Yo se las voy a contar”, anunció Vilca. Un día antes, su abogado, Juan Marcone, había informado que su defendido se había declarado culpable de homicidio: “Mi defendido se ratifica en que mató al señor Luis Banchero”, afirmó Marcone, quien reiteró ante la prensa esa declaración suya, solo minutos antes de que el propio Vilca lo contradijera.
Al día siguiente de las impactantes declaraciones de Juan Vilca Carranza, se llevó a cabo la reconstrucción del homicidio de Luis Banchero Rossi. El 6 de enero de 1972, tanto Vilca como Sessarego realizaron sus reconstrucciones por separado. A medida que salían a la luz los detalles de la violencia del asesinato, los acusadores de Vilca comenzaron a dudar de la capacidad del joven para haber cometido un acto de tal magnitud, especialmente por su físico delgado.
Juan Vilca, con una estatura de 1.52 metros y un peso de 50 kilos, se encontraba en una celda del penal de El Sexto. Su frágil físico parecía incompatible con la fuerza y violencia descritas en el asesinato de Banchero. Sin embargo, la PIP mantenía su firme sospecha. En respuesta, Luis Roy Freyre, abogado de la familia Banchero, solicitó la designación de un Juez Instructor ad hoc para agilizar el proceso. Así, el doctor José Santos Chichizola asumió el caso, buscando esclarecer los complejos detalles del homicidio.
Ya sea por nerviosismo o por un oculto afán personalista, Juan Vilca Carranza se comportaba durante el proceso penal muchas veces con un histrionismo que sorprendía. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
La autopsia definitiva del cadáver de Luis Banchero Rossi, realizada tras su asesinato el 1 de enero de 1972 en su residencia de Chaclacayo, confirmó las heridas mortales sufridas por la víctima. El informe forense concluyó que la causa de la muerte fue una “herida por instrumento punzocortante penetrante en el abdomen, inferida por mano ajena”, detallando así las circunstancias del crimen.