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Miembro de bronce
Los 42 años que el estrecho de Ormuz fue parte de la Monarquía Hispánica.
Esta es la historia tan desconocida que ligó a la isla del Golfo Pérsico con los intereses de España y Portugal en la Edad Moderna.
Todo se remonta al siglo XVI, cuando este enclave tan codiciado -del que se decía que “el mundo es un anillo y Ormuz es su piedra preciosa”- pasó a integrarse en el Reino de Portugal tras la conquista de Afonso de Albuquerque, en 1515. De esta forma, cuando en 1580 las coronas de Portugal y España se fusionaron en el conglomerado de territorios del patrimonio de Felipe II que compondrán la Unión Ibérica, este paso estratégico pasó a ser controlado por los reyes del linaje español de los Habsburgo, hasta su pérdida definitiva en 1622.
En el siglo XVI, dominar los mares resultaba decisivo para los imperios. El emperador Carlos V se dio cuenta de esta situación al heredar las Españas, ya que pudo conocer de primera mano la lucha histórica peninsular por establecerse en los presidios africanos, desde donde se pretendía controlar a los berberiscos. Sin embargo, el gran enemigo del momento fue el Imperio otomano de Solimán el Magnífico, cuya armada se podía considerar la más poderosa del mundo, a la que Felipe II trató de poner freno en socorros como el de Malta (1565) y en batallas decisivas como la de Lepanto (1571).
El estrecho de Ormuz adquirió una especial relevancia como retaguardia del Imperio otomano, al permitir abrir un nuevo frente a la Sublime Puerta para disuadirla de sus intentos de conquistar a través del Mediterráneo la Santa Sede y por el Este, el Sacro Imperio Romano. Por eso fue tan importante el año 1515, cuando el Reino de Portugal, con el objetivo de controlar la Ruta de las Especias, conquistó gracias a la destreza de Afonso de Albuquerque este estrecho clave para el comercio entre Asia y Europa. A partir de entonces, los lusos erigieron una fortaleza en la isla y contaron con la colaboración de un rey-vasallo musulmán, cuyo requisito fundamental fue no abandonarla en ninguna circunstancia.
Imagen de la fortaleza hispano-lusa de Ormuz. Fuente: Wikimedia Commons.
Desde esa posición, los lusos se envalentonaron en la conquista de nuevos territorios en su avance por el Mar Rojo, como la ciudad de Yeda -actual Arabia Saudí-, a un día de camino de La Meca. El Imperio portugués había logrado una expansión marítima envidiable para cualquier potencia de la época y decidió gestionar estos protectorados desde la ciudad de Goa, donde establecieron su capital imperial en Asia.El comercio de Ormuz se consideró “el mayor de toda la India”.
En Ormuz convivieron persas, turcos, armenios, indios, chinos, venecianos, portugueses… El historiador Joan-Pau Rubiés apunta en su artículo 1622 y la crisis de Ormuz, como aquella “isla era un lugar bastante inhóspito, esencialmente una gran roca de sal que, a causa de la falta de agua y de su infertilidad, debía ser abastecida desde territorios vecinos, por no hablar del clima horriblemente caluroso durante el verano (lo que obligaba a los habitantes a dormir en los tejados y pasar el día en piscinas llenas de agua), las rentas de sus aduanas compensaban con creces el esfuerzo de fortificarla, poblarla y mantenerla bajo control imperial”.
Para la estabilidad del comercio asiático, las buenas relaciones de los reyes cristianos con el sah de Persia resultaron fundamentales, ya que el comercio de Ormuz se consideró “el mayor de toda la India”. No obstante, en paralelo también existía el interés geopolítico común de frenar la expansión otomana por todo el orbe. Esto explica como victorias decisivas contra los turcos como la de Lepanto (1571) o la recuperación de Tabriz (1603), beneficiaron tanto a los cristianos como a los persas.
El quebradero de cabeza de los reyes de España
En 1580, con la campaña de Portugal emprendida por Felipe II por sus derechos sucesorios, los dominios portugueses pasaron a depender de la Monarquía Hispánica. De esta manera, el patrimonio de los Habsburgo creció exponencialmente, sobre todo en Asia, donde siguieron contando en el estrecho de Ormuz con una guarnición lusa para proteger los nuevos intereses de la Unión Ibérica contra los corsarios.
Más adelante, con la llegada al trono de Felipe III, se optó por buscar la paz con las Provincias Unidas, en rebelión abierta desde 1581 tras firmar el Acta de Abjuración. Este movimiento desencadenó en la Tregua de los Doce Años (1609-1621), que permitió que aquella República se consolidara con este “alto al fuego” y se catapultara como la fuerza naval más potente de Europa. Además, potenció su Compañía de las Indias Orientales (VOC) con el objetivo de establecer su expansión comercial en Asia, donde comenzó a suponer una amenaza seria para los portugueses, tal y como recoge el libro 'La huella de España en Flandes' (SEKOTIA, 2026).
Desde la época portuguesa de Ormuz, el misionero Francisco Javier envió jesuitas a aquel enclave del Golfo Pérsico, como Gaspar de Berze o Francisco da Costa, quienes trataron de proteger a las minorías cristianas en Persia. Por otro lado, los agustinos también estuvieron sobre el terreno, siendo la que más tiempo mantuvo su presencia en época de la Monarquía Hispánica. ¡Existieron disputas entre ambas para ver quien tenía más poder en la zona!
La pérdida definitiva de Ormuz
La dinastía safávida en el poder en Persia, representada por el sah Abbas I el Grande, logró recuperarse como una potencia de primer orden y consiguió comenzar a ser una seria amenaza para un debilitado Imperio otomano. De hecho, enviaron diferentes embajadas para pedir a la Monarquía Hispánica una nueva guerra contra el turco, iniciativa que fue descartada por los reyes españoles.
“La noticia de la caída de Ormuz no llegó hasta un año después a Madrid”
Este fue uno de los motivos por los que Abbas I decidió en 1622 abalanzarse contra el estrecho de Ormuz. Aunque no lo hizo sin apoyos, desde hacía tiempo los ingleses y neerlandeses lo apoyaron en esta empresa para debilitar el patrimonio de los Habsburgo. Así fue cómo esta isla dejó de formar parte de la órbita hispánica, a pesar de que los portugueses insistieron en todo momento en su recuperación, una idea que no fue bien vista por los españoles, quienes, al final, tuvieron la última palabra en este caso.
La noticia de la caída de Ormuz no llegó hasta un año después a Madrid. La realidad es que los intereses hispano-lusos no fueron en consonancia: mientras desde la capital se priorizó la defensa de los Países Bajos o incluso Brasil, se renunció a recuperar aquel enclave tan preciado para Portugal. ¡Incluso se llegó a crear la Junta de Persia para solucionar aquel conflicto! Esta historia tan desconocida refleja el alcance global que tuvo la Península Ibérica en el mundo, cuyo único elemento en común que era el soberano Habsburgo, quien se vio incapaz de proteger todos sus dominios de su Monarquía Católica.
Los 42 años que el estrecho de Ormuz fue parte de la Monarquía Hispánica
Esta es la historia tan desconocida que ligó a la isla del Golfo Pérsico con los intereses de España y Portugal en la Edad Moderna