Braun
Miembro de plata
Advertencia:El sentido de "pendejo" aquí es el local, el que está cayendo en desuso, no por la interculturalidad con otros hispanohablantes, sino por la alienación de un grupo de pendejos -en el uso no peruano de la palabra- , alentado por el "costumbrismo" de las redes sociales . Sé que los boomers hicieron lo mismo con los anglicismos del siglo pasado, pero ni modo, ¡CHINGUEN A SU MADRE, CUERDA DE FORROS RECULIAOS!
Cuando Toledo trepó al poder, gracias a una carambola que acabó con Andrade, Castañeda y después (gracias, Vladi) con Fujimori, hubo varios sectores de la sociedad que hicieron visibles sus reclamos. Y claro, era justo,
Si un cojudigno es un tipo honesto pero majadero al fin en su ceguera de que su apuesta es aun peor que la que abomina, el pendedigno aparece como neutral, un independiente sosegado que trae la paz al final de la trifulca política y, " muy a pesar de él", se ve obligado a subirse al carro ganador. Por supuesto, si el gobierno que defiende sutilmente comienza a embarrarse hasta la impopularidad, comenzará a dejar la combi para ponerse del lado del pueblo.
Pendedignos existen como cancha en la historia política nacional, desde los nombrados hasta los pendedignos con mayúsculas, El Comercio en casi todas sus versiones, que se dirige desde su púlpito a un grupo selecto de feligreses hasta los pendedignos del pueblo: Lúcar, Belmont, Mávila Huertas, Rosa María Palacios, Álvarez Rodrich, etc. Están los pendedignos partidarios, como Salaverry, Valle Riestra y nuestro entrañable Hermanón. Todas son pulgas que brincan, en busca de sustento, de una tienda política a otra y huelen la derrota de sus huéspedes, antes de que estos caigan en desgracia. También hay pendedignos de poca monta, como tu vecino que gritaba en junio "No al comunismo", pero recordó que tiene un primo que lo puede colocar en Perúpetro. Vamos, si las putas no lo hacen por el puro gusto, tampoco estos bichos que tienen hijos y obesidad mórbida.
La pendedignidad no es el antónimo de la cojudignidad, sino su visión práctica, porque de cojudo a pendejo pasas casi sin que tus escrúpulos te lo anuncien.
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