rickycardo1
Miembro de plata
Realmente era desquiciado desde antes.Logro navegar el amazonas,con sus marañones por ese rio y termino en isla margarita mato a sus autoridades y al ser acorralado mato a su hija y fue asesinado, lo dieron de comer a los perros.Y maldicieron su familia., mas de 14 meses de horror.
Lope de Aguirre, conocido como "El Loco del Amazonas",
fue un conquistador vasco-español del siglo XVI que se rebeló contra la Corona española durante una expedición por el Amazonas. Apodado "El Loco", "El Tirano" y "La Ira de Dios", se le recuerda por su crueldad, su rebelión contra el rey Felipe II y su muerte en 1561 en Venezuela. Su figura se ha convertido en un anti-héroe en la literatura y el cine debido a su trágica y violenta historia.
SU RUTA paso pueblos canibakles y grandes calores. No desembo en brasil, pero logro conectar amazonas con ORINOCO.
La expedición de Lope de Aguirre no conectó el Amazonas y el Orinoco, sino que
descendió por el río Marañón (afluente del Amazonas) desde Perú, y más tarde, llegó a los alrededores del río Orinoco en su rebelión contra la Corona española. El concepto de una conexión fluida y directa entre ambos ríos, el Caño Casiquiare, fue más tarde navegado y estudiado en el siglo XVIII por exploradores como Alexander von Humboldt, que demostró que era una vía natural de conexión.
Fracasada expedición a los reinos de Omagua y El Dorado y Alzamiento.
EXPEDICION
Tal vez porque se desarrollaron en ámbitos urbanos, la historiografía especializada en el ciclo de guerras civiles y rebeliones perulerasa> sostiene que éstas terminan en 1554 y así suelen soslayar a la última: aquella que unos seis años después encabezó Lope de Aguirre en medio de la selva amazónica.
Desde temprana edad fue claro para él que sus opciones estaban limitadas a dedicarse al sacerdocio o irse en busca de fortuna a América, pues siendo el segundo hijo del matrimonio de sus padres, la herencia familiar iría a su hermano mayor. Es así como Lope De Aguirre se embarcó hacia América en 1534. Tras su llegada a América, se trasladó a Perú y participó en la conquista y colonización de varios lugares. Poco después se involucró en la represión de distintas rebeliones, tales como la de la batalla de Las Salinas, la expedición de Diego de Rojas, la batalla de Chupas (apoyando a Vaca de Castro contra Diego de Almagro) y las guerras civiles de Perú. Más tarde apoyó a Núñez de Vela contra Gonzalo Pizarro. Igualmente, apoyó a Melchor Verdugo en la batalla de Jaquijaguana y posteriormente a Baltasar de Castilla.
En 1551 el juez Esquivel condenó a Lope de Aguirre a ser azotado públicamente en Potosí por infringir las leyes que protegían a los indios. En represalia por la condena, Lope de Aguirre asesinó a Esquivel una vez finalizado el mandato del juez. Huyó prófugo durante varios años hasta 1554 cuando se vio beneficiado por la amnistía concedida por Pedro de Alvarado a todos los que se alistaran para luchar contra la rebelión de Hernández Girón. En 1560 se enroló en una expedición organizada por el virrey del Perú y comandada por Pedro de Ursúa que buscaba encontrar el legendario El Dorado. Conformada por centenares de soldados, la expedición partió el 26 de septiembre de ese año. Después de recorrer el río Amazonas infructuosamente, el descontento general de los hombres desencadenó en un motín liderado por Lope de Aguirre, quien asumió el mando de la expedición tras asesinar a Pedro de Ursúa.
Todo empezó con motivo de una empresa de expedición, espoleada por informes de algunos indios de Brasil sobre la existencia de unos fabulosos reinos<> ribereños del Amazonas: Omagua y El Dorado. En 1558 el virrey marqués de Cañete encomendó al famoso conquistador don Pedro de Ursúa> que encabezara la misión. La hueste empezó la navegación del gran río el 26 de septiembre, pero cuatro meses después y antes de que lograran alcanzar la desembocadura, en enero de 1561 hubo un motín que culminó con el asesinato del capitán Ursúa y de algunos de sus adeptos. Los rebeldes, acaudillados por Lope de Aguirre, navegaron hacia el norte seis meses y desembarcaron en la isla de la Margarita en el mes de julio, luego se internaron por el actual territorio de Venezuela, hasta alcanzar Barquisimeto, donde los supervivientes se enfrentaron a los soldados del rey. La malograda aventura concluyó ahí, con la muerte de Lope de Aguirre el 27 de octubre de 1561.
La expedición de Ursúa -que luego se convertiría en la rebelión de Aguirre- fue una más de las empresas expedicionarias españolas en que un escenario natural hostil y desconocido, así como la frustración en alcanzar los objetivos de apropiación de riquezas y poblaciones dieron al traste con todo. En esta lista, por ejemplo, puede incluirse la exploración a la Baja California de 1533, en la que se registró el motín de Fortún Jiménez y el homicidio del capitán Diego de Becerra; y ya antes habían sufrido motines Colón y Magallanes, aunque lograron salir con bien de ellos.
Sin embargo, una vez que en el seno de las expediciones se desataba la violencia, prácticamente no había vuelta atrás; el cabecilla solía eliminar al comandante, tomaba el control de la empresa y prometía (con o sin intenciones de cumplir) repartir equitativamente el futuro botín entre los hombres, sin considerar al empresario que hubiera financiado el proyecto. En consecuencia, aparte de la sublevación contra un jefe, el motín pretendía "resolver" una demanda económica, que era lo que tocaba más de cerca y afectaba los intereses de los participantes en estas empresas.
Aquí vale la pena explicar que, aparte de su natural jefatura política y militar acordada con las autoridades superiores, el comandante de una expedición era por lo común socio o inversionista del proyecto. Era su responsabilidad proveer el avituallamiento (barcos, caballos, pertrechos militares, alimentos, etc.), que él adquiría a crédito y que vendía a los participantes. De tal forma que si la empresa fallaba, las pérdidas no iban tanto en detrimento suyo, pues de cualquier manera retenía el botín logrado por escaso que fuese, sino de la tropa, que al repartirse la deuda, acababa por cargar con el mayor peso de ella.
Por ello, los expedicionarios anhelaban encontrar y hacerse de riquezas cuanto antes y cuando esto no sucedía, era fácil que afloraran las inconformidades y luego la sedición. Por el carácter doble de autoridad-empresario de los jefes, lo que podía haber quedado circunscrito a una demanda comercial privada, trascendía al ámbito político y judicial para convertirse en delito de insubordinación.<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742016000200013#fn6"><sup>6</sup></a> En caso de sobrevivir a un motín y de llevar el caso a tribunales, el jefe ultrajado siempre podía esgrimir haber sido víctima de la rebeldía y la ambición desmedida de sus hombres; los amotinados, en cambio, solían denunciar a su comandante por tiranía y fraude al real fisco.
En su primera fase, la rebelión de Lope de Aguirre se ajustó a lo arriba descrito, por ello, fue similar a las demás, en cuanto a que las principales motivaciones fueron económicas. Pero la muerte de Ursúa cambió el cariz y los alzados buscaron legitimarla con el argumento de haber suprimido a un mal representante de la autoridad regia, a fin de reemplazarlo por otro más justo. Entre los insurrectos hubo una redistribución del poder, sin que se cuestionara el orden establecido, aunque pronto la situación se transformaría radicalmente.
Cuando Gonzalo Pizarro< se alzó en el Perú, nunca mostró intenciones de romper los vínculos que lo unían a su rey, por mucho que su plan fuese establecer una monarquía, autónoma de la castellana, que gobernaría el territorio. En las misivas que envió al monarca, Pizarro confirmaba su obediencia y adhesión al poder real y sólo denunciaba la injusticia de las Leyes Nuevas, que eran lesivas de los legítimos intereses de los encomenderos. Pero no existía algún asomo de que intentara "independizarse" o "desnaturarse", según la expresión jurídica vigente.<> Garcilaso de la Vega corroboraba en sus Comentarios reales que Gonzalo Pizarro no deseaba emancipar al Perú "porque el respeto natural que a su príncipe tenía pudo más en él que la persuasión de sus amigos".
Hoy las monarquías han perdido su aura sacralizada, pero en aquella época, uno de los actos más graves que podía concebir la sociedad era el rompimiento de la fidelidad al monarca. Por tanto, la rebelión pizarrista fracasó precisamente por no haber comprendido el sentir de los súbditos españoles a los que deseaba integrar a sus fines. El respeto a la imagen del soberano era un deber supremo y un valor compartido por la comunidad,<> así que no muchos se dejaban arrastrar a la vorágine de una rebelión. Hacerlo no sólo suponía la pérdida del favor de su señor y arrostrar la "ira del rey", sino también echarse encima el baldón de traidores que rompían el vínculo de vasallaje, lazo consagrado por las antiquísimas Partidas.> Además, toda vez que se asumía que el poder del rey emanaba de Dios, quien lo desafiara se transformaba también en un doble transgresor, es decir, que el quebrantamiento era tanto de orden civil (delito), como espiritual (pecado).
En este sentido y distinguiéndose de las demás, la rebelión de Lope de Aguirre no se circunscribió al aspecto económico-reivindicativo ni a liquidar a su comandante como hicieran tantas otras, sino que fue mucho más allá, al atreverse a romper con la Corona de Castilla y proclamarse, por así decirlo, "independiente", una situación absolutamente insólita y sin precedentes hasta ese momento en los nuevos dominios.
Traspuestos los límites, se trazó un fin: "reconquistar" el Perú y liberarlo de la metrópoli. Los sediciosos empezaron por proclamar una "nueva monarquía", cuya cabeza sería don Fernando de Guzmán, un hidalgo sevillano que, por proclamación de sus compañeros, se convirtió en "rey de Perú, Tierra firme y Chile". Pero no bastaba con "entronizar" a un nuevo soberano, Aguirre estaba convencido de que el éxito de la empresa sólo se aseguraría si toda su gente se emancipaba o "desnaturaba" de Castilla, negando el vasallaje a Felipe II y repudiando su autoridad, es decir, rompiendo formal y legalmente los vínculos que los ligaban a su rey y señor. En términos jurídicos, era la única manera de sentar las bases de una monarquía independiente y alterna a la castellana en las Indias.
Empero, en la madrugada del 22 de mayo de 1561, Aguirre tomó la decisión de dar muerte al insípido "rey" Fernando de Guzmán, pues se había enterado de los tratos que tuvo con sus capitanes para traicionarlo. La eliminación de Guzmán derivó en otros cauces. Aguirre descartó en adelante el establecimiento de un reino paralelo y se decidió a asumir personalmente el control de la expedición, a cuyos efectos se autodenominó "Fuerte caudillo de los Marañones". En su nuevo proyecto, los conquistadores -ahora organizados en un tipo de "república" o cuerpo político a cargo de un jefe- serían los encargados de todo. El virreinato sería "reconquistado" y escindido de Castilla para que lo gobernaran los "desposeídos", como el propio Aguirre. Todos participarían activa y proporcionalmente en el reparto de las riquezas de un territorio que sería "reconquistado" por ellos.<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742016000200013#fn12"><sup>12</sup></a>
Los motivos de Aguirre: contraimagen del mundo
A esta altura de sus proyectos, Aguirre se dedicó afanosamente en poner por escrito los motivos de su rebelión y a manifestar sus intenciones de "desnaturamiento", lo que hizo en tres cartas sucesivas.<
La primera, del 8 de agosto de 1561, fue escrita en la isla de la Margarita, luego de enterarse de la deserción de varios de sus "marañones" que habían sido comisionados para apoderarse de un navío del provincial dominico fray Francisco de Montesinos, así que la misiva la dirigía al prelado y a los fugitivos que se habían puesto bajo su amparo. En sus líneas refuta que él y sus leales puedan ser considerados traidores, explica a Montesinos las razones de su alzamiento y le exhorta a pasarse a su bando y en cuanto a los renegados que lo habían abandonado, les recuerda que son culpables de una doble traición: el asesinato de Ursúa y el juramento al "príncipe" Guzmán, por lo que no alcanzarían jamás el perdón real. Y de paso se expresa burlonamente de que "a los traidores Dios les dará la pena y a los leales el rey resucitará. Aunque hasta ahora no veo ninguno resucitado; el rey ni sana heridas ni da vidas"> Y, finalmente, convencido de que no había vuelta atrás ni salida posible, cierra su texto con la expresión: "César o nihil", lo que claramente daba a entender que o triunfaba en su intento o sucumbiría en él.<
Su segunda y más célebre carta, redactada entre la salida de Burburata, el 20 de septiembre de 1561 y la llegada a Valencia, el 14 del mismo mes, iba destinada a Felipe II y en ella queda de manifiesto su desconocimiento de la figura del rey, puesto que suprime la fórmula protocolaria para dirigirse al monarca, "Vuestra Majestad", y la reemplaza por un simple "tú".
Las líneas le comunican a Felipe que él y sus marañones habían determinado salir
De lo primero, denuncia la perversidad de la administración, encabezada por el virrey Cañete, "malo, lujurioso, ambicioso tirano", quien "premió" a los hombres que combatieron la rebelión de Hernández Girón con persecuciones y castigos. Según Aguirre, si los hombres de armas leales se hubieran pasado al bando insurrecto, Francisco Hernández Girón se hubiera convertido en el rey del Perú.<a h Los oficiales reales, "malos, que de cierto lo son [...] llaman servicio [a] haberte gastado ochocientos mil pesos de tu real caja para sus vicios y maldades" y encima, se comportan con los demás con soberbia inaudita, pues "quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos [...]". Contra ellos alerta al soberano: "no fíes en esos letrados tu real conciencia, que no cumple a tu real servicio descuidarte, que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas" y en acrecentar sus haciendas personales.
Bajo la LIBERTAD: LIBRO
www.agenciabalcells.com
La novela
Lope de Aguirre, príncipe de la libertad de Miguel Otero Silva reconstruye la vida del conquistador español Lope de Aguirre, enfocándose en la expedición a El Dorado y su posterior rebelión contra la corona española. La trama narra cómo la arbitrariedad del líder de la expedición, Pedro de Ursúa, y las penurias del viaje llevan a Aguirre a tomar el control, declarar la independencia del Perú y sembrar el terror en su camino. La obra explora la ambición, la locura y el concepto de libertad a través de la visión humanizada del personaje, a pesar de su brutalidad.
La expedición y la rebelión: Aguirre se une a la expedición de Ursúa hacia El Dorado, pero la ineficiencia y la crueldad del líder provocan un motín. Tras el asesinato de Ursúa, Aguirre toma el mando, asesina a sus rivales y declara la independencia de España, autoproclamándose "Príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile".
El terror y la caída: La rebelión se convierte en una serie de crímenes brutales en el Amazonas y en la isla Margarita. Aguirre, cada vez más paranoico, ejecuta a muchos de sus seguidores, incluida a su propia hija, antes de ser finalmente derrotado y asesinado en Barquisimeto.
Una perspectiva alternativa: La novela busca ofrecer una visión menos demonizadora del personaje, presentando la rebelión de Aguirre como un acto de protesta contra el poder opresor de la corona española, aunque sin justificar su crueldad
Y bajo el Sicoanálisis
El presente artículo busca crear una primera aproximación psicoanalítica al relato de la expedición de conquista que protagoniza Lope de Aguirre, enfocando particularmente su análisis en la Relación de la jornada de Omagua y el Dorado de Pedrarias de Almesto (1562), recientemente publicada por Álvaro Baraibar (2012). Proponemos leer el relato dando énfasis a los aspectos relacionados con la transgresión de las diversas instancias de la Ley, lo cual nos llevará a identificar tres nudos psicoanalíticos: las resonancias míticas de la jornada, su estructuración perversa y el rol de testigo cómplice en la figura del propio Almesto. Lo anterior nos ayudará a establecer una hipótesis sobre la amplia y contradictoria recepción que ha tenido la jornada a más de 400 años y, además, nos permitirá vincular este relato mítico con las raíces coloniales de América Latina, cuestionando, incluso, algunos aspectos de la teoría psicoanalítica.
Lope de Aguirre, conocido como "El Loco del Amazonas",
fue un conquistador vasco-español del siglo XVI que se rebeló contra la Corona española durante una expedición por el Amazonas. Apodado "El Loco", "El Tirano" y "La Ira de Dios", se le recuerda por su crueldad, su rebelión contra el rey Felipe II y su muerte en 1561 en Venezuela. Su figura se ha convertido en un anti-héroe en la literatura y el cine debido a su trágica y violenta historia.
SU RUTA paso pueblos canibakles y grandes calores. No desembo en brasil, pero logro conectar amazonas con ORINOCO.
La expedición de Lope de Aguirre no conectó el Amazonas y el Orinoco, sino que
descendió por el río Marañón (afluente del Amazonas) desde Perú, y más tarde, llegó a los alrededores del río Orinoco en su rebelión contra la Corona española. El concepto de una conexión fluida y directa entre ambos ríos, el Caño Casiquiare, fue más tarde navegado y estudiado en el siglo XVIII por exploradores como Alexander von Humboldt, que demostró que era una vía natural de conexión.
Fracasada expedición a los reinos de Omagua y El Dorado y Alzamiento.
EXPEDICION
Tal vez porque se desarrollaron en ámbitos urbanos, la historiografía especializada en el ciclo de guerras civiles y rebeliones perulerasa> sostiene que éstas terminan en 1554 y así suelen soslayar a la última: aquella que unos seis años después encabezó Lope de Aguirre en medio de la selva amazónica.
Desde temprana edad fue claro para él que sus opciones estaban limitadas a dedicarse al sacerdocio o irse en busca de fortuna a América, pues siendo el segundo hijo del matrimonio de sus padres, la herencia familiar iría a su hermano mayor. Es así como Lope De Aguirre se embarcó hacia América en 1534. Tras su llegada a América, se trasladó a Perú y participó en la conquista y colonización de varios lugares. Poco después se involucró en la represión de distintas rebeliones, tales como la de la batalla de Las Salinas, la expedición de Diego de Rojas, la batalla de Chupas (apoyando a Vaca de Castro contra Diego de Almagro) y las guerras civiles de Perú. Más tarde apoyó a Núñez de Vela contra Gonzalo Pizarro. Igualmente, apoyó a Melchor Verdugo en la batalla de Jaquijaguana y posteriormente a Baltasar de Castilla.
En 1551 el juez Esquivel condenó a Lope de Aguirre a ser azotado públicamente en Potosí por infringir las leyes que protegían a los indios. En represalia por la condena, Lope de Aguirre asesinó a Esquivel una vez finalizado el mandato del juez. Huyó prófugo durante varios años hasta 1554 cuando se vio beneficiado por la amnistía concedida por Pedro de Alvarado a todos los que se alistaran para luchar contra la rebelión de Hernández Girón. En 1560 se enroló en una expedición organizada por el virrey del Perú y comandada por Pedro de Ursúa que buscaba encontrar el legendario El Dorado. Conformada por centenares de soldados, la expedición partió el 26 de septiembre de ese año. Después de recorrer el río Amazonas infructuosamente, el descontento general de los hombres desencadenó en un motín liderado por Lope de Aguirre, quien asumió el mando de la expedición tras asesinar a Pedro de Ursúa.
Todo empezó con motivo de una empresa de expedición, espoleada por informes de algunos indios de Brasil sobre la existencia de unos fabulosos reinos<> ribereños del Amazonas: Omagua y El Dorado. En 1558 el virrey marqués de Cañete encomendó al famoso conquistador don Pedro de Ursúa> que encabezara la misión. La hueste empezó la navegación del gran río el 26 de septiembre, pero cuatro meses después y antes de que lograran alcanzar la desembocadura, en enero de 1561 hubo un motín que culminó con el asesinato del capitán Ursúa y de algunos de sus adeptos. Los rebeldes, acaudillados por Lope de Aguirre, navegaron hacia el norte seis meses y desembarcaron en la isla de la Margarita en el mes de julio, luego se internaron por el actual territorio de Venezuela, hasta alcanzar Barquisimeto, donde los supervivientes se enfrentaron a los soldados del rey. La malograda aventura concluyó ahí, con la muerte de Lope de Aguirre el 27 de octubre de 1561.
La expedición de Ursúa -que luego se convertiría en la rebelión de Aguirre- fue una más de las empresas expedicionarias españolas en que un escenario natural hostil y desconocido, así como la frustración en alcanzar los objetivos de apropiación de riquezas y poblaciones dieron al traste con todo. En esta lista, por ejemplo, puede incluirse la exploración a la Baja California de 1533, en la que se registró el motín de Fortún Jiménez y el homicidio del capitán Diego de Becerra; y ya antes habían sufrido motines Colón y Magallanes, aunque lograron salir con bien de ellos.
Sin embargo, una vez que en el seno de las expediciones se desataba la violencia, prácticamente no había vuelta atrás; el cabecilla solía eliminar al comandante, tomaba el control de la empresa y prometía (con o sin intenciones de cumplir) repartir equitativamente el futuro botín entre los hombres, sin considerar al empresario que hubiera financiado el proyecto. En consecuencia, aparte de la sublevación contra un jefe, el motín pretendía "resolver" una demanda económica, que era lo que tocaba más de cerca y afectaba los intereses de los participantes en estas empresas.
Aquí vale la pena explicar que, aparte de su natural jefatura política y militar acordada con las autoridades superiores, el comandante de una expedición era por lo común socio o inversionista del proyecto. Era su responsabilidad proveer el avituallamiento (barcos, caballos, pertrechos militares, alimentos, etc.), que él adquiría a crédito y que vendía a los participantes. De tal forma que si la empresa fallaba, las pérdidas no iban tanto en detrimento suyo, pues de cualquier manera retenía el botín logrado por escaso que fuese, sino de la tropa, que al repartirse la deuda, acababa por cargar con el mayor peso de ella.
Por ello, los expedicionarios anhelaban encontrar y hacerse de riquezas cuanto antes y cuando esto no sucedía, era fácil que afloraran las inconformidades y luego la sedición. Por el carácter doble de autoridad-empresario de los jefes, lo que podía haber quedado circunscrito a una demanda comercial privada, trascendía al ámbito político y judicial para convertirse en delito de insubordinación.<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742016000200013#fn6"><sup>6</sup></a> En caso de sobrevivir a un motín y de llevar el caso a tribunales, el jefe ultrajado siempre podía esgrimir haber sido víctima de la rebeldía y la ambición desmedida de sus hombres; los amotinados, en cambio, solían denunciar a su comandante por tiranía y fraude al real fisco.
En su primera fase, la rebelión de Lope de Aguirre se ajustó a lo arriba descrito, por ello, fue similar a las demás, en cuanto a que las principales motivaciones fueron económicas. Pero la muerte de Ursúa cambió el cariz y los alzados buscaron legitimarla con el argumento de haber suprimido a un mal representante de la autoridad regia, a fin de reemplazarlo por otro más justo. Entre los insurrectos hubo una redistribución del poder, sin que se cuestionara el orden establecido, aunque pronto la situación se transformaría radicalmente.
Cuando Gonzalo Pizarro< se alzó en el Perú, nunca mostró intenciones de romper los vínculos que lo unían a su rey, por mucho que su plan fuese establecer una monarquía, autónoma de la castellana, que gobernaría el territorio. En las misivas que envió al monarca, Pizarro confirmaba su obediencia y adhesión al poder real y sólo denunciaba la injusticia de las Leyes Nuevas, que eran lesivas de los legítimos intereses de los encomenderos. Pero no existía algún asomo de que intentara "independizarse" o "desnaturarse", según la expresión jurídica vigente.<> Garcilaso de la Vega corroboraba en sus Comentarios reales que Gonzalo Pizarro no deseaba emancipar al Perú "porque el respeto natural que a su príncipe tenía pudo más en él que la persuasión de sus amigos".
Hoy las monarquías han perdido su aura sacralizada, pero en aquella época, uno de los actos más graves que podía concebir la sociedad era el rompimiento de la fidelidad al monarca. Por tanto, la rebelión pizarrista fracasó precisamente por no haber comprendido el sentir de los súbditos españoles a los que deseaba integrar a sus fines. El respeto a la imagen del soberano era un deber supremo y un valor compartido por la comunidad,<> así que no muchos se dejaban arrastrar a la vorágine de una rebelión. Hacerlo no sólo suponía la pérdida del favor de su señor y arrostrar la "ira del rey", sino también echarse encima el baldón de traidores que rompían el vínculo de vasallaje, lazo consagrado por las antiquísimas Partidas.> Además, toda vez que se asumía que el poder del rey emanaba de Dios, quien lo desafiara se transformaba también en un doble transgresor, es decir, que el quebrantamiento era tanto de orden civil (delito), como espiritual (pecado).
En este sentido y distinguiéndose de las demás, la rebelión de Lope de Aguirre no se circunscribió al aspecto económico-reivindicativo ni a liquidar a su comandante como hicieran tantas otras, sino que fue mucho más allá, al atreverse a romper con la Corona de Castilla y proclamarse, por así decirlo, "independiente", una situación absolutamente insólita y sin precedentes hasta ese momento en los nuevos dominios.
Traspuestos los límites, se trazó un fin: "reconquistar" el Perú y liberarlo de la metrópoli. Los sediciosos empezaron por proclamar una "nueva monarquía", cuya cabeza sería don Fernando de Guzmán, un hidalgo sevillano que, por proclamación de sus compañeros, se convirtió en "rey de Perú, Tierra firme y Chile". Pero no bastaba con "entronizar" a un nuevo soberano, Aguirre estaba convencido de que el éxito de la empresa sólo se aseguraría si toda su gente se emancipaba o "desnaturaba" de Castilla, negando el vasallaje a Felipe II y repudiando su autoridad, es decir, rompiendo formal y legalmente los vínculos que los ligaban a su rey y señor. En términos jurídicos, era la única manera de sentar las bases de una monarquía independiente y alterna a la castellana en las Indias.
Empero, en la madrugada del 22 de mayo de 1561, Aguirre tomó la decisión de dar muerte al insípido "rey" Fernando de Guzmán, pues se había enterado de los tratos que tuvo con sus capitanes para traicionarlo. La eliminación de Guzmán derivó en otros cauces. Aguirre descartó en adelante el establecimiento de un reino paralelo y se decidió a asumir personalmente el control de la expedición, a cuyos efectos se autodenominó "Fuerte caudillo de los Marañones". En su nuevo proyecto, los conquistadores -ahora organizados en un tipo de "república" o cuerpo político a cargo de un jefe- serían los encargados de todo. El virreinato sería "reconquistado" y escindido de Castilla para que lo gobernaran los "desposeídos", como el propio Aguirre. Todos participarían activa y proporcionalmente en el reparto de las riquezas de un territorio que sería "reconquistado" por ellos.<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742016000200013#fn12"><sup>12</sup></a>
Los motivos de Aguirre: contraimagen del mundo
A esta altura de sus proyectos, Aguirre se dedicó afanosamente en poner por escrito los motivos de su rebelión y a manifestar sus intenciones de "desnaturamiento", lo que hizo en tres cartas sucesivas.<
La primera, del 8 de agosto de 1561, fue escrita en la isla de la Margarita, luego de enterarse de la deserción de varios de sus "marañones" que habían sido comisionados para apoderarse de un navío del provincial dominico fray Francisco de Montesinos, así que la misiva la dirigía al prelado y a los fugitivos que se habían puesto bajo su amparo. En sus líneas refuta que él y sus leales puedan ser considerados traidores, explica a Montesinos las razones de su alzamiento y le exhorta a pasarse a su bando y en cuanto a los renegados que lo habían abandonado, les recuerda que son culpables de una doble traición: el asesinato de Ursúa y el juramento al "príncipe" Guzmán, por lo que no alcanzarían jamás el perdón real. Y de paso se expresa burlonamente de que "a los traidores Dios les dará la pena y a los leales el rey resucitará. Aunque hasta ahora no veo ninguno resucitado; el rey ni sana heridas ni da vidas"> Y, finalmente, convencido de que no había vuelta atrás ni salida posible, cierra su texto con la expresión: "César o nihil", lo que claramente daba a entender que o triunfaba en su intento o sucumbiría en él.<
Su segunda y más célebre carta, redactada entre la salida de Burburata, el 20 de septiembre de 1561 y la llegada a Valencia, el 14 del mismo mes, iba destinada a Felipe II y en ella queda de manifiesto su desconocimiento de la figura del rey, puesto que suprime la fórmula protocolaria para dirigirse al monarca, "Vuestra Majestad", y la reemplaza por un simple "tú".
Las líneas le comunican a Felipe que él y sus marañones habían determinado salir
Los temas importantes de esta misiva son tres: la denuncia del mal gobierno en manos de oficiales y delegados corruptos; la avaricia e indolencia de los ministros eclesiásticos y, finalmente, la manifiesta injusticia de un monarca que no ha logrado recompensar la fidelidad de sus auténticos vasallos y, en consecuencia, la ruptura del vínculo con él.de tu obediencia, y desnaturándonos de nuestras tierras que es España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar [por] no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros que, por remediar a sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra que es lástima, ¡Oh rey!, y el mal tratamiento que se nos ha hecho.<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-85742016000200013#fn16"><sup>16</sup></a>
De lo primero, denuncia la perversidad de la administración, encabezada por el virrey Cañete, "malo, lujurioso, ambicioso tirano", quien "premió" a los hombres que combatieron la rebelión de Hernández Girón con persecuciones y castigos. Según Aguirre, si los hombres de armas leales se hubieran pasado al bando insurrecto, Francisco Hernández Girón se hubiera convertido en el rey del Perú.<a h Los oficiales reales, "malos, que de cierto lo son [...] llaman servicio [a] haberte gastado ochocientos mil pesos de tu real caja para sus vicios y maldades" y encima, se comportan con los demás con soberbia inaudita, pues "quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos [...]". Contra ellos alerta al soberano: "no fíes en esos letrados tu real conciencia, que no cumple a tu real servicio descuidarte, que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas" y en acrecentar sus haciendas personales.
Bajo la LIBERTAD: LIBRO
Lope de Aguirre, príncipe de la libertad - Miguel Otero Silva
"La rebelión que encarna Lope de Aguirre, la primera rebelión americana, lo hace figurar por mérito propio en el pabellón de la heterodo
Lope de Aguirre, príncipe de la libertad de Miguel Otero Silva reconstruye la vida del conquistador español Lope de Aguirre, enfocándose en la expedición a El Dorado y su posterior rebelión contra la corona española. La trama narra cómo la arbitrariedad del líder de la expedición, Pedro de Ursúa, y las penurias del viaje llevan a Aguirre a tomar el control, declarar la independencia del Perú y sembrar el terror en su camino. La obra explora la ambición, la locura y el concepto de libertad a través de la visión humanizada del personaje, a pesar de su brutalidad.
La expedición y la rebelión: Aguirre se une a la expedición de Ursúa hacia El Dorado, pero la ineficiencia y la crueldad del líder provocan un motín. Tras el asesinato de Ursúa, Aguirre toma el mando, asesina a sus rivales y declara la independencia de España, autoproclamándose "Príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile".
El terror y la caída: La rebelión se convierte en una serie de crímenes brutales en el Amazonas y en la isla Margarita. Aguirre, cada vez más paranoico, ejecuta a muchos de sus seguidores, incluida a su propia hija, antes de ser finalmente derrotado y asesinado en Barquisimeto.
Una perspectiva alternativa: La novela busca ofrecer una visión menos demonizadora del personaje, presentando la rebelión de Aguirre como un acto de protesta contra el poder opresor de la corona española, aunque sin justificar su crueldad
Y bajo el Sicoanálisis
El presente artículo busca crear una primera aproximación psicoanalítica al relato de la expedición de conquista que protagoniza Lope de Aguirre, enfocando particularmente su análisis en la Relación de la jornada de Omagua y el Dorado de Pedrarias de Almesto (1562), recientemente publicada por Álvaro Baraibar (2012). Proponemos leer el relato dando énfasis a los aspectos relacionados con la transgresión de las diversas instancias de la Ley, lo cual nos llevará a identificar tres nudos psicoanalíticos: las resonancias míticas de la jornada, su estructuración perversa y el rol de testigo cómplice en la figura del propio Almesto. Lo anterior nos ayudará a establecer una hipótesis sobre la amplia y contradictoria recepción que ha tenido la jornada a más de 400 años y, además, nos permitirá vincular este relato mítico con las raíces coloniales de América Latina, cuestionando, incluso, algunos aspectos de la teoría psicoanalítica.