rickycardo1
Miembro de plata
Un maldito desgraciado que citaba chicas muñecas para fotos y las matabas en los años 50s. Se le ve cara de enfermaso. Lo BUENO ES QUE FUE GASEADO.
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Caminaba como un cazador, eligiendo a sus presas: mujeres con porte de modelos. Harvey Murray Glatman se les acercaba y les decía que era fotógrafo profesional. Se presentaba bajo diferentes pseudónimos, les proponía que fueran a su supuesto estudio para hacerles una sesión de fotos, con la promesa de armarles un portfolio que las ayudaría a lanzar sus carreras.
Su propuesta era tentadora. En los años 50, Los Ángeles vibraba con promesas de éxito, fama y belleza. Pero Glatman no buscaba modelos para revistas ni portadas. Las buscaba para sus propias puestas en escena, donde la cámara no era un instrumento artístico, sino una herramienta de tortura psicológica. Las sesiones fotográficas no terminaban con una selección de retratos, sino con la muerte.
Fue apodado el “Asesino de los Corazones Solitarios” y el “Asesino de Chicas Glamorosas”. Detrás de esos nombres impactantes y mediáticos había un criminal frío y calculador, responsable de crímenes aberrantes que estremecieron al país. Tenía una mente profundamente perturbada, producto de un historial de abusos, encierros y múltiples señales de alerta que fueron desatendidas. Su caso expuso con crudeza las fallas del sistema judicial y de la salud mental.
Sus víctimas confirmadas fueron tres: Judith Ann Dull, Shirley Ann Bridgeford y Ruth Mercado (también conocida como Angela). A todas las engañó con promesas de éxito, a todas las fotografió antes de asesinarlas y, en cada caso, se llevó un “trofeo”: los zapatos. Cada uno fue su fetiche personal, que guardaba como recuerdo de cada crimen.
Judith
La caída del “asesino de las chicas glamorosas”: un falso fotógrafo, promesas de fama y un supuesto estudio convertido en una trampa
Harvey Murray Glatman las engañaba para llevarlas a su estudio, donde las fotografiaba antes de matarlas. Usó la cámara como herramienta de control y muerte. Fue ejecutado el 18 de septiembre de 1959, en la cámara de gas
Caminaba como un cazador, eligiendo a sus presas: mujeres con porte de modelos. Harvey Murray Glatman se les acercaba y les decía que era fotógrafo profesional. Se presentaba bajo diferentes pseudónimos, les proponía que fueran a su supuesto estudio para hacerles una sesión de fotos, con la promesa de armarles un portfolio que las ayudaría a lanzar sus carreras.
Su propuesta era tentadora. En los años 50, Los Ángeles vibraba con promesas de éxito, fama y belleza. Pero Glatman no buscaba modelos para revistas ni portadas. Las buscaba para sus propias puestas en escena, donde la cámara no era un instrumento artístico, sino una herramienta de tortura psicológica. Las sesiones fotográficas no terminaban con una selección de retratos, sino con la muerte.
Fue apodado el “Asesino de los Corazones Solitarios” y el “Asesino de Chicas Glamorosas”. Detrás de esos nombres impactantes y mediáticos había un criminal frío y calculador, responsable de crímenes aberrantes que estremecieron al país. Tenía una mente profundamente perturbada, producto de un historial de abusos, encierros y múltiples señales de alerta que fueron desatendidas. Su caso expuso con crudeza las fallas del sistema judicial y de la salud mental.
Sus víctimas confirmadas fueron tres: Judith Ann Dull, Shirley Ann Bridgeford y Ruth Mercado (también conocida como Angela). A todas las engañó con promesas de éxito, a todas las fotografió antes de asesinarlas y, en cada caso, se llevó un “trofeo”: los zapatos. Cada uno fue su fetiche personal, que guardaba como recuerdo de cada crimen.
Judith