rickycardo1
Miembro de plata
No abortaron, eran drogos o no podian mantenerlo. 189 BEBES.
Crecen meses solos en hospitales. Seran traumados fuertemente,
www.elobservador.com.uy
Tienen el alta médica, pero quedan internados a falta de otro lugar para ellos; en 2024 solo en el Hospital Pereira Rossell hubo 189 bebés recién nacidos internados por cuestiones "sociales", un número que viene en aumento.
Por Carolina Delisa
La habitación de la sala de Pediatría está a media luz. De un lado, Nicolás, que apenas lleva viviendo dos meses y dos días, duerme en una cuna de hospital. Del otro lado, Mateo, que nació apenas dos días antes, también duerme. En el medio, dos cuidadoras conversan en voz baja. Es plena tarde y el día está hermoso, primaveral. Pero a través de la ventana, que da a un pozo de aire del hospital de Las Piedras, apenas uno puede darse cuenta que es de día.
En sus primeros dos meses, estos dos bebés apenas han visto la luz del sol.
Apenas han respirado aire fresco.
Lucía llegó cuando ya había caído la noche con la contundencia que podía hacerlo una bebé de cuatro kilos y medio. Su mamá biológica le eligió el nombre, pero siguió firme en su decisión de desvincularse. Cuando tuvo el alta médica, se fue.
Desde entonces, la bebé ha sido la que más atención pedía en el área de neonatología. Las enfermeras que estaban de turno ya no sabían qué hacer para consolarla.
—No paró de llorar en toda la mañana. ¿Puedo llevarla al patio? —pidió una enfermera a la doctora de turno. Era fines de octubre. La bebé ya había cumplido un mes en el hospital y apenas había salido. No está permitido que nadie saque a estos bebés de la sala en la que están internados, para evitar cualquier riesgo, pero ante el desespero por el encierro, los doctores conceden pequeñas excepciones.
—Llevala un ratito —autorizó la médica.
Cuando salió al patio, Lucía escuchó el movimiento de los árboles y el canto suave de algunos pajaritos, y enseguida se quedó dormida. Es el único patio interno del hospital, aunque un día de semana cualquiera puede estar vacío. Su uso no se condice con la cantidad de personas que circulan en el edificio al día.
Las enfermeras, con turnos que cambian cada ocho horas, se sentían ya a principios de octubre, madres de trillizos. Lucía, Nicolás y Mateo les reconocían las voces. Sonreían cuando ellas les hablaban. Eran las que los mecían en brazos, les cantaban, los bañaban, los peinaban, les daban el biberón. Hasta les llevan juguetes. Cuando las mujeres se iban a casa, los extrañaban. En sus casas, sus familias preguntaban: ¿cómo vienen los bebés?
El primer mes y medio de vida de los tres pasó sin que nadie llegara por ellos. Crecieron tanto que ya no entraban en la palangana donde se bañaban. Entonces, una partera del hospital les regaló un bañito. Y recibieron peluches. Y recibieron hasta un gimnasio, que quedó amuchado en la pequeña sala de neonatología junto con las tres cunas, aunque hasta entonces no lo habían usado. Todavía no habían llegado, ni siquiera, las cuidadoras del INAU.
Crecen meses solos en hospitales. Seran traumados fuertemente,
Bebés solos: llevan dos meses en una salita del Hospital de Las Piedras esperando por familia
Tienen el alta médica, pero quedan internados a falta de otro lugar para ellos; en 2024 solo en el Hospital Pereira Rossell hubo 189 bebés recién nacidos internados por cuestiones "sociales", un número que viene en aumento
Por Carolina Delisa
La habitación de la sala de Pediatría está a media luz. De un lado, Nicolás, que apenas lleva viviendo dos meses y dos días, duerme en una cuna de hospital. Del otro lado, Mateo, que nació apenas dos días antes, también duerme. En el medio, dos cuidadoras conversan en voz baja. Es plena tarde y el día está hermoso, primaveral. Pero a través de la ventana, que da a un pozo de aire del hospital de Las Piedras, apenas uno puede darse cuenta que es de día.
En sus primeros dos meses, estos dos bebés apenas han visto la luz del sol.
Apenas han respirado aire fresco.
Lucía llegó cuando ya había caído la noche con la contundencia que podía hacerlo una bebé de cuatro kilos y medio. Su mamá biológica le eligió el nombre, pero siguió firme en su decisión de desvincularse. Cuando tuvo el alta médica, se fue.
Desde entonces, la bebé ha sido la que más atención pedía en el área de neonatología. Las enfermeras que estaban de turno ya no sabían qué hacer para consolarla.
—No paró de llorar en toda la mañana. ¿Puedo llevarla al patio? —pidió una enfermera a la doctora de turno. Era fines de octubre. La bebé ya había cumplido un mes en el hospital y apenas había salido. No está permitido que nadie saque a estos bebés de la sala en la que están internados, para evitar cualquier riesgo, pero ante el desespero por el encierro, los doctores conceden pequeñas excepciones.
—Llevala un ratito —autorizó la médica.
Cuando salió al patio, Lucía escuchó el movimiento de los árboles y el canto suave de algunos pajaritos, y enseguida se quedó dormida. Es el único patio interno del hospital, aunque un día de semana cualquiera puede estar vacío. Su uso no se condice con la cantidad de personas que circulan en el edificio al día.
Las enfermeras, con turnos que cambian cada ocho horas, se sentían ya a principios de octubre, madres de trillizos. Lucía, Nicolás y Mateo les reconocían las voces. Sonreían cuando ellas les hablaban. Eran las que los mecían en brazos, les cantaban, los bañaban, los peinaban, les daban el biberón. Hasta les llevan juguetes. Cuando las mujeres se iban a casa, los extrañaban. En sus casas, sus familias preguntaban: ¿cómo vienen los bebés?
El primer mes y medio de vida de los tres pasó sin que nadie llegara por ellos. Crecieron tanto que ya no entraban en la palangana donde se bañaban. Entonces, una partera del hospital les regaló un bañito. Y recibieron peluches. Y recibieron hasta un gimnasio, que quedó amuchado en la pequeña sala de neonatología junto con las tres cunas, aunque hasta entonces no lo habían usado. Todavía no habían llegado, ni siquiera, las cuidadoras del INAU.