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Jeremías Gamboa: "Todos temblamos cuando en el colegio van a escoger al cholo"
Es autor de Animales Luminosos, Contarlo todo, Punto de fuga, Cuba Stone y, la más reciente, El principio del mundo.
Jeremías Gamboa. Foto: Yayo lópez
Amet Aguirre
Hace unos meses, Jeremías dio una entrevista a la BBC en el marco del Hay Festival 2025, cuyo titular fue “En el Perú, el mejor elogio que te pueden hacer es que no pareces peruano”.
Esa afirmación desató una furibunda polémica en las redes sociales, lo que desnudó, una vez más, el miedo y el dolor que significa para nuestra sociedad el ser cholos. Este es un tema que atraviesa la mayor parte de la literatura de Gamboa y del que conversamos en esta entrevista.
¿Cómo has tomado toda la ola de comentarios que han aparecido sobre tu novela El principio del mundo?
La enfrento tratando de mantener siempre un centro de gravedad estable ante elogios —que han sido muchos— y también frente a los comentarios no tan elogiosos. Yo ya he vivido esto con Contarlo todo. Fui apanado completamente cuando el libro salió, pero también tuve muchos lectores y mucha buena recepción, de manera que ya tengo una edad como para saber cómo es esto.
¿Qué sensación te da que uno de los temas más hablados sobre tu novela haya sido su extensión?
Me sorprendió muchísimo. Cuando Contarlo todo se anunció y salió, el tema era el marketing del padrinazgo de Vargas Llosa; es más, había críticas negativas y el libro no había aparecido aún. Fue una cosa realmente impresionante que mostraba una ansiedad de un grupo de gente ante la irrupción de una novela exitosa. Ahora el tema es la longitud, y me he dado cuenta de que es un tema masculino, que suelen ser los hombres los que tienen un asunto con el tamaño. Ha habido algunos comentarios orientados a ver cuántas páginas le sobran, pero yo tengo la impresión, por las grandes novelas largas que he leído, de que a todas ellas les sobran siempre páginas. Después de ese primer momento, han aparecido ya comentarios que han entrado más bien en los asuntos del libro, en la excursión del libro. Por ejemplo, ya se ha estado hablando de formas, de técnicas, de vasos comunicantes, y eso me alegra mucho porque empieza a haber una conversación literaria realmente.
En la entrevista con la BBC dijiste que el mejor elogio para un peruano es decirle que no parece peruano, lo cual generó una crítica muy ácida en redes sociales. ¿Por qué crees que ocurrió?
Quizá yo debí matizar más mis declaraciones, debí ser más enfático en decir que era el caso de algunos peruanos que piensan así. Lo que creo es que hay un grupo de peruanos que lo hacen y creo que no son pocos. Me atrevería a pensar que en el fondo —ya estoy volviendo nuevamente a la polémica— somos más de los que creemos. He recibido amenazas, no sabes… Es un hate que yo no conocía: un hate nacionalista. Hay comentarios que dicen que yo abomino lo andino, que yo soy un racista enajenado. Pero si tú lees la novela, te das cuenta de que es absolutamente lo contrario. Hay mucha gente que cree que para mí realmente esa frase es un elogio; y no, más bien para mí es lamentable y demuestra que nos cuesta mucho reconocernos en lo más peruano. Tengo mil anécdotas, por ejemplo, de personas que se apellidan, no sé, Mamani García y solo usan el García, o una chica que se apellidaba Paucar, pero decía que era Pacard, un apellido francés. A eso me estaba refiriendo.
A pesar de que Lima es una ciudad de orígenes migrantes, como lo demuestra José Ragas en su libro Lima chola, la ciudad sigue siendo especialmente hostil con las personas que llegan de provincia.
Ragas demuestra que el terror de que los cholos bajen de los cerros a Lima no es de los 80, ni los 70, ni los 60, es constitutivo. Los cholos han fundado Lima. O sea, las migraciones han sido muy anteriores y aquí voy a citar a Gustavo Rodríguez, que dijo una frase que me encantó: “La ciudad chola o andina más grande del mundo es Lima”. Es decir, ‘Lima chola’ es un pleonasmo. Lo de que Lima es la ‘Ciudad de los Reyes’ es un mito. Algo que forma parte del corazón de mi novela es que quienes ejercen la discriminación contra los serranos y cholos son exserranos y excholos. En los barrios obreros, como el barrio de mi unidad vecinal, todos decían ser “criollos”, todos “limeños”, pero la realidad es que eran de familias migrantes. Pasaba que, debido a que mi familia recién había llegado de Ayacucho y tenían un acento distinto al hablar, ellos nos llamaban serranos, cholos, vicuñas, etcétera.
Suena a una especie de venganza en cadena, de hacer a otro lo que me hicieron a mí.
En mi novela hay una escena donde explico esta dinámica: todos temblamos cuando la profesora del colegio va a escoger al cholo, al que va a ser el indio, porque todos creemos que podemos serlo. Una vez que señalan al otro, los demás vamos con todo a decir “él es el cholo”, porque eso me libera a mí de la sospecha de serlo. Ahora matizo: para una cantidad muy grande de peruanos, no todos, el mejor elogio que te pueden hacer es que no pareces cholo, indígena. En mi caso fue muy claro: mis padres fueron muy maltratados al llegar de Ayacucho a Lima por gente que había migrado también en algún momento. Pero encontraron una dignidad en otro lugar. Mi madre, en una casa de unos palestinos que no estaban con el nudo colonial; y mi padre, con unos argentinos, en un restaurante. Los trataron de una manera horizontal los que no tenían la ansiedad de ser cholos o no. Ese es el mecanismo que mi novela revela y es a lo que me refería en esa entrevista con la BBC.
Fuente: https://peru21.pe/cultura/jeremias-gamboa-todos-temblamos-cuando-en-el-colegio-van-escoger-al-chol
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