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El Nombre no tiene que ver con INTI los Incas.
Una intifada (que en árabe significa literalmente "sacudida" o "levantamiento") es un término político que se utiliza principalmente para describir una insurrección o rebelión popular contra una fuerza de ocupación o un gobierno considerado opresor
Desde 1987 que fue la primera en reclamo por CONFISCACION DE TIERRAS israle siguio ocupando mas tierras , cortando agua talando arboles y expulsando a sus habitantes.
Una intifada (que en árabe significa literalmente "sacudida" o "levantamiento") es un término político que se utiliza principalmente para describir una insurrección o rebelión popular contra una fuerza de ocupación o un gobierno considerado opresor
Desde 1987 que fue la primera en reclamo por CONFISCACION DE TIERRAS israle siguio ocupando mas tierras , cortando agua talando arboles y expulsando a sus habitantes.
BBC Mundo | Breve historia del Estado de Israel
Historia de Israel, desde la creación del Estado hasta la fecha
www.bbc.co.uk
A pesar su poderío militar, Israel no pudo contener el levantamiento, que contaba con el respaldo de toda la población palestina que vivía en los territorios ocupados. El Consejo Nacional Palestino (gobierno en exilio) votó en 1988 por una solución que contemple la existencia de "dos estados", basada en la resolución de la ONU de 1947, y renunció al terrorismo. Intifada: notas sobre una insurrección imaginalEl presente ensayo piensa la experiencia política de la “intifada” palestina de 1987 como un momento en el que se desencadena un tipo de ...
www.redalyc.org
9 de Diciembre de 1987 Fue el 9 de diciembre de 1987 cuando los palestinos de los Territorios Ocupados despertaron de otro modo. 20 años habían transcurrido desde la naksa, (el desastre de la guerra de 1967 y la de 1973) que para los palestinos tuvo como consecuencia la ocupación israelí de Cisjordania (para Siria las alturas del Golán y para Egipto el Sinaí) territorio históricamente legitimado por Nationes Unidas (N.N.U.U.) para la construcción del eventual Estado, imponiendo así una dependencia económica y política de Palestina respecto de la metrópolis sionista. “Económica”, porque los palestinos se convirtieron en la mano de obra barata de sus industrias a quienes los israelíes exigían altos impuestos (BISHARA, 1989); y “política” porque cada movimiento, cada desplazamiento, cada actividad laboral, requería y dependía del férreo control ejercido por los chekpoints y otros dispositivos de la trama colonial israelí (SAID, 1989). Como ha sido habitual para los palestinos, la historia reciente había sido mezquina. La naksa introdujo modificaciones decisivas que impactaron directamente la situación sobre la que, veinte años mas tarde, se desenvolverá la intifada2. Ante todo, comienza a experimentarse el crepúsculo del nasserismo donde el discurso panarabista, que comenzaba a ser desplazado por un discurso nacionalista, terminó por desembocar en la celebración de los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel (SAID, 2013)3. La división sirio-egipcia no se hizo esperar y la diplomacia cairota terminó negociando con Israel para recuperar sus territorios (el Sinaí) desprendiéndose tanto de los sirios como de los palestinos. La mutación egipcia catalizada por la negociación de Camp David implicó un giro geopolítico que conduciría a Egipto desde la órbita soviética hacia la esfera de influencia norteamericana implementando así – sobre todo desde principios de los años 80 –, políticas de neoliberalización económica (infitah)4. Aislamiento Palestina es aislada. Deja de ser tratada como un asunto propiamente “árabe” y, en un cambio del horizonte de inteligibilidad, comienza a ser visto como un problema concerniente exclusivamente a los palestinos: la rúbrica “conflicto árabe-israelí” – sintagma circunscrito al discurso panárabe –, comienza a ser desplazada por la de “conflicto palestino-israelí”. Sin embargo, la historia también experimenta sorpresas: en medio de la naksa, cuando el panarabismo parecía debilitarse, tiene lugar la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) liderada por Yassir Arafat. Tal organización constituyó un acontecimiento mayor, no sólo porque implicó la reconstrucción del movimiento nacional palestino que había sido diezmado después de la limpieza étnica que antecedió y constituyó a la fundación del Estado de Israel, sino porque posibilitó la visibilización de la cuestión palestina a nivel de la política internacional. Sin embargo, desde el principio, la entidad sionista y su comparsa occidental (EEUU y Europa) negaron sistemáticamente su carácter de interlocución, no obstante la existencia de la Resolución 3236 de las NNUU que legitimaba la lucha por la autodeterminación de los pueblos (SAID, 2013, p.290)5. Siguiendo los pasos de lo que había sido la propuesta del movimiento nacional palestino durante el Mandato Británico, la OLP propuso la creación de un Estado democrático laico para todos los ciudadanos, rechazando el “exclusivismo” racial sobre el cual se fundaba – y se funda aún –, el Estado sionista (que se autodeclara como “Estado judío” haciendo de la categoría de “judío” una categoría étnico-racial) (HILAL, 2007). Mas, tal propuesta fue sistemáticamente desechada y, si bien Egipto recuperó el territorio del Sinaí, ni los sirios ni los palestinos obtuvieron lo suyo. Si tomáramos a Camp David como una prueba de la fortaleza del panarabismo, claramente, éste reprobó. Las diferencias se abrieron y la división imperó. De ahí que la OLP no pudiera resolver el asunto de los Territorios Ocupados (precisamente en vitud del abandono egipcio y la sistemática negación sionista y “atlántica”) y los asentamientos se profundizaran, dejando a los palestinos que vivían ahí, sin posibilidad alguna que revertir la situación desde el punto de vista de las instancias internacionales. De ahí en adelante, los palestinos de los Territorios Ocupados comenzaron a ser considerados por la agenda sionista sólo como un problema “demográfico”, como una población y jamás como un pueblo con capacidad de auto-determinación o una comunidad con capacidad de negociación (KHALIDI, 2006). La sistemática negación israelí por legitimar a la OLP como interlocutor, la fractura del discurso panárabe y los acuerdos de Camp David surtieron sus efectos en la configuración de una situación que mantendrá a los Territorios Ocupados bajo el manto del olvido. Mas, el 9 de diciembre de 1987 dislocó esta situación. La primera intifada fue el fin de la derrota, una de las vías que se abrió para salir del atolladero que, sin embargo, nadie calculó ni previó. También conocida como la intifada de las “piedras”, esta singular revuelta conmocionó a los diferentes actores nacionales, regionales e internacionales. Mostró a la colonización sionista (en la que convergían sus derechas e izquierdas) fuera de juego a la hora de enfrentar la monstruosidad de la revuelta. Yitzhak Rabin, en ese entonces Ministro de Defensa israelí no canceló su viaje a los EEUU argumentando que el levantamiento en los Territorios Ocupados no “era suficientemente serio” (PRATT, 2006, p.37); pero cuando las manifestaciones prosiguieron Henry Kissinger se apresuró a aconsejar a los israelíes de que había que poner fin a la intifada: “[…] lo más rápido posible, superándola, brutalmente y rápido” (PRATT, 2006, p.39). Si bien la OLP había jugado un papel central en la política palestina hasta ese momento, convirtiéndose en la primera organización política de corte federal que visibilizó el problema como un problema estrictamente colonial, su lógica representacional fue insuficiente frente al trabajo del Mando Nacional Unificado organizado por la intifada de 1987: si este último resguardó el carácter acéfalo de la intifada, la primera se remitía a una cabeza expresada en la figura de Yassir Arafat. El primero no tuvo una dirección partidista y centralizada, sino que logró articular y hacer converger a diferentes organizaciones locales de diferente signo político que irrumpieron bajo una sola consigna: fin a la ocupación y autodeterminación del pueblo palestino (PRATT, 1993)6. Mas, tal consigna no esperaba al futuro en base a una acumulación de reformas o negociaciones (no hay cálculos involucrados), sino que el futuro era el “ahora” en el que la “interrupción intifadista fue ella misma, un territorio palestino liberado”. Su inactualidad le hacía remecer los pivotes de la ocupación. No habrá que esperar un largo futuro. Se trataba, mas bien, de conectar esta nueva forma de resistencia con el pasado de resistencias, anudándole epifánicamente en la articulación entre el símbolo y la historia. Las piedras pudieron mas que las bombas. Los niños mucho más que soldados. Quien no sepa de niños, nada sabrá de revueltas. Ante todo, la intifada de 1987 fue una impugnación anti-colonial (BISHARA, 1989). Estalló en 1987, se expandió desde los territorios ocupados durante cuatro años ininterrumpidamente y provocó graves consecuencias en la economía y en la política israelí. Si bien, ni Benjamin ni Jesi asumen explícitamente la dimensión colonial a la hora de problematizar el lugar de la revuelta, ésta parece hallarse implícita en la forma del “derecho” criticada por Benjamin o de la “simbología capitalista” impugnada por Furio Jesi (2016) como específicas formas de “colonización” de la imaginación popular. La intifada de 1987 fue el catalizador que hizo devenir a los palestinos de los Territorios Ocupados de una simple “población” de la cual el ojo sionista podía disponer arbitrariamente, a un “pueblo” que es capaz de demandar el fin de la ocupación y luchar por su autodeterminación. No quiere decir esto que la intifada haya iniciado la resistencia constituyendo así a los palestinos bajo la potencia de un “pueblo”. Hace bastante tiempo que ello ya había acontecido, tanto desde las revueltas desatadas en 1936 durante el Mandato Británico como durante las luchas durante el período de la nakba abierta desde 1948 con la fundación del Estado de Israel (SAYIGH, 1979). La creación de la OLP – erigida después de 1967 –, y el conjunto de insurrecciones que tuvieron lugar desde los años 50 hasta los años 70 fueron sus rostros más recientes y visibles (HILAL, 2007). Desde los movimientos anti-coloniales contra el Mandato Británico de los años 30, pasando por la formación de la OLP y las apuestas revolucionarias, la intifada fue “otra singularización” de la resistencia palestina que estalló desde los Territorios Ocupados (Gaza y Cisjordania) por Israel desde 1967, hacia el resto de la sociedad. No hubo fuerza política alguna que llamara a la intifada. Todos fueron tomados por sorpresa. La cartografía política de ese entonces acusó recibo de su fisura. Asumió la pervivencia de un lugar que carecía de espacio, de un sitio que no tenía territorio y que, sin embargo, comenzaba a trastocar las agendas, a movilizar los ejércitos, a gastar recursos diplomáticos de gran envergadura: la intifada había hecho saltar las formas institucionales, visibilizando el verdadero vacío que pulsaba en el centro de la colonización sionista. Como un topo horadando las entrañas, la intifada se abría terreno en sus inexpugnables intersticios. Su carácter popular exigía un tipo de “hacer” muy diferente al que imponía la colonización sionista: ante todo, articuló el Mando Nacional Unificado, una instancia compuesta de varios movimientos locales que, lejos de constituirse en “representante” de los manifestantes, funcionó como catalizador de la misma fuerza intifadista (TERÁN, 2017)7. Organizó diversos comités, se mantuvo fiel al carácter descentrado del movimiento y no pretendió mas que boicotear a la colonización israelí para no depender ni económica ni políticamente de sus dominios. Quizás, el Mando Nacional Unificado que, antes de ser un dispositivo de neutralización, actuó como receptor de las fuerzas populares, fue la organización que dio un nuevo y popular uso a las epifanías míticas. No más “falsos mitos” impuestos por la simbología colonial y su orientalismo, sino los “mitos genuinos” que brotan de la misma experiencia de lucha de los palestinos. Los caídos El 8 de diciembre de 1987, un vehículo que transportaba a trabajadores palestinos de regreso de la jornada laboral al campo de refugiados de Jabaliya (norte de Gaza) fueron embestidos por un camión militar israelí. Tal choque tuvo como consecuencia el fallecimiento de cuatro trabajadores y otros tantos heridos. La indignación frente al hecho fue total. La tensión que inundaba la atmósfera de los Territorios Ocupados desde 1967 parecía abrigar los ánimos de insurrección. Los funerales no se hicieron esperar. Los habitantes de Jabaliya asistieron en masa para despedir a los “mártires”, pero con la presencia militar israelí al acecho, éstos no tardaron en convertirse en un campo de protestas. Iniciados en medio del entierro de los muertos, los enfrentamientos se extendieron hasta la noche en diversas localidades aledañas para irrumpir nuevamente al día siguiente: a las 8:00 am del día 9 de diciembre de 1987, una unidad militar israelí llegó al campamento de refugiados de Jabaliya. Palestinos rodearon la unidad, lanzando una bomba de fuego cerca de los jeeps y el oficial israelí a cargo dio la orden de disparar. En un instante, una de las balas cruzaron el corazón de Hatem Abu Sisi, un niño de 15 años (PRATT, 2006). Los muertos deberán estar a salvo y la intifada será su redención. Los cuerpos de los asesinados traían consigo la doble sophia (JESI, 2016). Que el funeral haya sido uno de los lugares desde donde comenzó la protesta no resulta casual pues en él, los hombres habitan el umbral entre la muerte y la vida, entre el mito y la historia. El funeral de los “mártires” – pues se trata de caídos cuya muerte será leída por sus pueblos como caídos en combate –, será el lugar en el que se decidirá si acaso los muertos se mantendrán o no a resguardo del “enemigo”: “La mujer caída es hija caída que es hija de caído, /hermana de caído y hermana de caído, nuera / de madre de caído, nieta de abuelo caído / y vecina de tío caído […]” (DARWISH, 2002). La cadena de caídos – aquella que juega a contrapelo de la historia- se condensa en un cuerpo imaginal (el de Hatem Abu Sisi); los “cualquiera” que luchan, que estaban ahí para abrazar justicia –, y no para destinarse a la muerte. La intifada, como lo hace el poema de Darwish en otro sentido, resguardará a los mártires del “enemigo”. La diferencia entre “falsos mitos” y “mito genuino” indicada por Jesi (2016) – o entre violencia mítica y divina subrayada por Walter Benjamin (2018) –, se juega en el contexto intifadista en la diferencia entre sacrificados y mártires: los palestinos conmemoran sus mártires que nada instauran ni conservan, sino que interrumpen el continuum histórico por el que los vencidos componen simbología. Los asesinatos israelíes se sucedieron en otras localidades a medida que avanzaban las protestas. La intifada inundó las calles de los Territorios Ocupados, levantando otros rostros, lanzando una lluvia de piedras frente a los soldados y visibilizando a mujeres y niños no como observadores pasivos del acontecer, sino como verdaderos protagonistas de una nueva forma de lucha. Huelgas, protestas, sentadas, organización de vecindarios y pueblos, constituyeron el levantamiento intifadista: los palestinos de los Territorios Ocupados eran otros. Sus habitantes no esperaban nada que estuviera en el remoto futuro, sino que horadaban poderes y en el “ahora” de su acontecer hacían uso de su potencia: “Los pueblos no encuentran el coraje continuamente contra un poderoso y armado Israel, sin alguna reserva, algún profundo fondo presente de valentía y auto-sacrificio revolucionario” (SAID, 2013, p.20). La observación de Said es aguda. Entiende que la rebelión contra un opresor como el “poderoso y armado Israel” trae costos enormes que hace que no cualquier pueblo esté dispuesto a alzarse en su contra. Y, sin embargo, en ciertas condiciones, “cualquier pueblo” puede actuar así, siempre que traiga consigo las vibraciones del pasado en la urgencia del presente. Mas, la observación de Said subraya que el coraje palestino contra las fuerzas israelíes se anuda a una historia de movilizaciones anti-coloniales que han impregnado a este pueblo de “valentía y auto-sacrificio revolucionario”. Estados Unidos comenzó a dialogar con la OLP pero Israel continuó negándose a negociar con una organización a la que consideraba terrorista. |