La España diversa y mestiza que desafía el relato nacional de las derechas juega la final del Mundial
- El vestuario de la selección española lo completan nueve catalanes, cinco vascos y un gallego, tres de ellos, además, migrantes de primera o segunda generación. "La gente aparca las batallas culturales e ideológicas en momentos puntuales, como puede ser una competición internacional", defiende el sociólogo David Moscoso.
- María Cappa recuerda el Mundial de 2010, cuando la mitad de los convocados eran catalanes o vivían en Barcelona, "epicentro del odio fascista" por el auge del independentismo. "El público les aplaudía igual porque lo que primaba era -como ahora- la ilusión de volver con la copa", recuerda.
- "Los aficionados más conservadores tienen que lidiar con una importante contradicción: celebrar los éxitos de un equipo que representa la plurinacionalidad que ellos mismos rechazan", defiende el escritor Ramón Usall.
- Víctor López
Madrid18/07/2026 20:15Actualizado a19/07/2026 11:27
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El fútbol si sirve para algo es para integrar la sociedad (...), somos ejemplo de la integración", reivindicó
Lamine Yamal antes del partido entre Francia y España. La antesala: unas declaraciones racistas en las que
Mariano Rajoy acusaba a
Les Bleus de tener en su banquillo a demasiados futbolistas negros, prueba -fehaciente- del
pasado colonizador de Francia en Camerún, Argelia, Togo, Costa de Marfil o Mauritania.
Lamine Yamal es hijo de padre marroquí y madre ecuatoguineana. El delantero nació en
Esplugues de Llobregat (Barcelona), pero creció y vivió desde pequeño en el barrio de Rocafonda (Mataró). El vestuario de la selección española lo completan otros ocho catalanes, cinco vascos y un gallego;
tres migrantes de primera o segunda generación, un defensor de los derechos LGTBIQ+ y un negacionista de la crema solar,
colega, además, de Dani Desokupa.
La Roja se ha convertido en una suerte de espejo de la sociedad española, una sociedad diversa y multicultural, una sociedad que la derecha y la extrema derecha se empeñan en negar. El
Mundial de Fútbol, sin embargo, hace que las filias y fobias del entramado ultra queden –al menos, temporalmente- fuera de juego.
"El fútbol está completamente insertado en la sociedad. Las tensiones y la polarización también se ven en los estadios. Lo que ocurre aquí es que confluyen distintas vías en apoyo a la selección porque pesa más la necesidad imperiosa de sentirse ganadores del Mundial. La afición no hace -por tanto- un análisis profundo de la procedencia o los gustos de cada jugador", defiende María Cappa, periodista y coautora de También nos roban el fútbol (Akal). "La gente aparca las batallas culturales e ideológicas en momentos puntuales, como puede ser una competición internacional. Lo vimos también cuando España ganó el Mundial de fútbol femenino en 2023. El machismo, la xenofobia y los discursos de odio que promueven los partidos políticos de derecha y extrema derecha volverán a recalar más pronto que tarde en el ámbito deportivo", lamenta David Moscoso, catedrático de Sociología del Deporte en la Universidad de Córdoba.
La España plurinacional, en Estados Unidos
El banquillo español cuenta con jugadores de hasta nueve comunidades distintas en un momento en el que la contienda política está marcada -entre otras cosas- por el debate sobre la
plurinacionalidad del Estado. La final de este domingo coincide además con
la reciente validación de la Ley de Amnistía por parte del TJUE.
La Roja tiene a nueve catalanes en su lista de convocados para este Mundial, es decir, uno de cada tres miembros de la selección han nacido en Catalunya. Andalucía está representada con Gavi, Fabián y Álex Baena. La Comunidad de Madrid con Rodri y Marcos Llorente.
País Vasco y Navarra suman un total de cinco jugadores en la alineación española. El País Valencià y Canarias envían -cada una- a dos futbolistas. Extremadura está en el
once con Pedro Porro. Y Galicia, con Borja Iglesias.
"La derecha conservadora siempre ha querido convertir la selección en un instrumento de españolización, para normalizar la presencia del discurso nacionalista [español] en territorios como Catalunya o Euskadi. Y los aficionados más conservadores -los más exaltados con las victorias de La Roja- tienen que lidiar -habitualmente- con una importante contradicción: celebrar los éxitos de un equipo que representa la plurinacionalidad que ellos mismos rechazan", defiende Ramón Usall, sociólogo y autor de Futbolítica y Fútbol por la libertad (Altamarea). Esta circunstancia no es nueva. El vestuario que bordó la primera estrella en la camiseta de España lo integraban siete catalanes. La final se jugó dos años antes de la primera Diada multitudinaria -la primera de ocho- en las calles de Barcelona. "La ciudad era entonces el epicentro del odio fascista en España. La mitad de los convocados venían de Catalunya o estaban en el Barça. Y el público les aplaudía igual porque lo que primaba era -como ahora- la ilusión de volver con la copa", recuerda María Cappa
La Roja, con tres migrantes a la cabeza
Mariano Rajoy ensalzó hace unos días el "altísimo nivel" de la selección francesa. "
Eso sí, sin franceses", matizó el que fuera presidente del Gobierno entre 2011 y 2018.
Las declaraciones fueron calificadas de "racistas" y "estúpidas" por el Ejecutivo galo de Sébastien Lecornu. El
popular no reparó en un detalle: 23 de los 26 convocados por Didier Deschamps han nacido en Francia. Y pasó por alto otra cuestión: el combinado español tiene en su
once titular a
Aymeric Laporte y
Lamine Yamal. El primero nació en Agen, pero tiene ascendencia vasca -por sus bisabuelos- y prefirió vestir la camiseta de
La Roja que la de los
Bleus. Los padres del segundo llegaron a Barcelona procedentes de Marruecos y Guinea Ecuatorial.
Lamine Yamal nació y creció en la periferia -barrios migrantes- de la Ciudad Condal. España también cuenta en su alineación con
Nico Williams. La familia del extremo vasco, que partió de Ghana en busca de un futuro mejor, llegó a Bilbao de la mano de Cáritas, después de atravesar Burkina Faso, Níger o Argelia y cruzar la frontera hacia Melilla. Nico y su hermano Iñaki son dos de las estrellas del Athletic de Bilbao, un club que se enorgullece de fichar futbolistas que hayan nacido o se hayan formado futbolísticamente en Euskadi.
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El vestuario de la selección española lo completan nueve catalanes, cinco vascos y un gallego, tres de ellos, además, migrantes de primera o segunda generación.
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