Desde los años 1930s-40s los apristas eran la peor calaña política. En los campos de agricultura allá entre los cerros y donde había pobreza, los apristas usaban la fuerza bruta, las amenazas, y todo lo que encontraban para obligar a la gente que se vuelva aprista. Sin una indetificación de Aprista mucha gente no podía comprar nada en el mercado.
Cuando tomó posición el gobierno de Odría, hubo muchas peleas callejeras entre apristas y odriistas. Mi padre andaba con un fierro en su vehículo para protegerse de los apristas.
En el gobierno e Velasco, en una huelga de varios días de la policía, los apristas mandaron camiones llenos de sus partidiarios al centro de la ciudad para robar y destruir. Yo estuve allí, en el mismo momento cuando llegaron esos infelices a destrozar todo. Atacaban a toda persona con corbata y ataché para tumbarlo al suelo y abrir la maleta y si no había dinero entonces dejar que todos los documentos se pierdan en la calle.
A mí me dio hasta un poco de risa verlos usar inmensa una viga de madera que trajeron para intentar romper y abrir la puerta del hotel Sheraton, Parecía una película de la época medieval. Los empleados del Sheraton tirando agua hervida desde pisos de arriba contra los apristas.
Uno tipo con su camioneta ofreció llevar gratis a cualquiera que quiera subir a su camioneta, y él se iba a Chorrillos por el zanjón y no haría parada alguna en el camino. Arriba de esa camioneta todo el que pudo y a huir de allí a como sea.
Horas después el ejército disparó contra todo lo que se movía en el centro de la ciudad. Empezaba esa noche el toque de queda.
Los apristas siempre fueron gente de mala reputación, en los campos, en los trabajos y por sobre todo en las universidades, San Marcos la favorita de ellos.
No era de esperar que el primer gobierno de Alán García fuera todo un desastre, ni a los EEUU le gustó para nada que el Perú tuviera tal gobierno.
Cosas que casi nadie se acuerda era de barcos llenos de arróz y aceite llegando a puertos peruanos pero no descargaban nada y se seguían de frente a puertos de Chile o Ecuador porque de Perú no había quién les pague por la mercancía.
Entonces los niños del barrio inventaron su juego. En la calle se acercaban a cualquiera y les decían: "Oiga, mire -se metían la mano al bolsillo y sacaban un puño de los preciados granos diciendo- yo soy millonario, tengo arróz".