rickycardo1
Miembro de plata
Tuvo la base educativo y pudo cambiar tecnicas.
Tambien en ministerio de minas llamado RAMO MINERO.
diariocorreo.pe
lvidado por las autoridades pese a los años, sigue siendo uno de los científicos más destacados de Arequipa a quién todavía no se le otorga su contribución a diferentes disciplinas, aquí algunas referencias con el historiador Gonzálo Gómez Zanabria quien nos menciona un poco de su trayectoria. El historiador nos comentó que el científico nació en el seno de una familia criolla liberal en el sur de Perú, hablando específicamente de Arequipa al final del período colonial.
Fueron sus padres don Antonio Salvador de Rivero y Araníbar, capitán del ejército real en el Virreinato del Perú, y María Brígida de Ustáriz y Zúñiga. La educación básica o primaria la realizó en el Seminario de San Jerónimo de Arequipa. Desde muy niño mostró aptitudes para la ciencia y fue por ello que tuvo una gran labor cuando se dedicó de llenó a lo que más le gustaba.
¿Por qué le decían el “sabio Rivero”? Por ser polifacético Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz como científico, geólogo, naturalista, anticuario, ingeniero de minas, mineralogista y finalmente diplomático en Arequipa.
¿Dónde nació y donde murió? Nació en Arequipa el 22 de octubre de 1798 y falleció en París - Francia el 6 de noviembre de 1857, a los 59 años de edad.
¿Cuáles fueron sus aportes a la ciencia en el siglo XIX? Destaca el descubrimiento de la Humboldtin (un oxalato de fierro), comprobando asi existencia de minerales orgánicos en las minas de cobre y salitre cerca de Tarapacá en el desierto de Atacama (actual Chile) y que toma su nombre en honor a su amigo y mentor Alexander Von Humboldt, sobre el uso del guano de aves y carbón de piedra en el Perú.
¿Cómo fue su vínculo con la minería, cuál es su contribución? En el Perú fue nombrado como director general de Minería y luego le fue encargado fundar y promover una Escuela de Minas en la capital, para finalmente trabajar en la planificación y creación del primer Museo Nacional de Historia Natural, Antigüedades e Historia del país pero su labor destaca más el extranjero.
¿Cómo diplomático también tuvo un rol preponderante? Al final de su vida, el presidente Ramón Castilla en 1851 lo nombró cónsul general del Perú en Bélgica
Tambien en ministerio de minas llamado RAMO MINERO.
Mariano Eduardo de Rivero: El científico desconocido de Arequipa
Mariano Eduardo de Rivero fue muy alagado por su habilidad en la ciencia y considerado como todo un científico en el siglo XIX de un Perú colonial
lvidado por las autoridades pese a los años, sigue siendo uno de los científicos más destacados de Arequipa a quién todavía no se le otorga su contribución a diferentes disciplinas, aquí algunas referencias con el historiador Gonzálo Gómez Zanabria quien nos menciona un poco de su trayectoria. El historiador nos comentó que el científico nació en el seno de una familia criolla liberal en el sur de Perú, hablando específicamente de Arequipa al final del período colonial.
Fueron sus padres don Antonio Salvador de Rivero y Araníbar, capitán del ejército real en el Virreinato del Perú, y María Brígida de Ustáriz y Zúñiga. La educación básica o primaria la realizó en el Seminario de San Jerónimo de Arequipa. Desde muy niño mostró aptitudes para la ciencia y fue por ello que tuvo una gran labor cuando se dedicó de llenó a lo que más le gustaba.
¿Por qué le decían el “sabio Rivero”? Por ser polifacético Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz como científico, geólogo, naturalista, anticuario, ingeniero de minas, mineralogista y finalmente diplomático en Arequipa.
¿Dónde nació y donde murió? Nació en Arequipa el 22 de octubre de 1798 y falleció en París - Francia el 6 de noviembre de 1857, a los 59 años de edad.
¿Cuáles fueron sus aportes a la ciencia en el siglo XIX? Destaca el descubrimiento de la Humboldtin (un oxalato de fierro), comprobando asi existencia de minerales orgánicos en las minas de cobre y salitre cerca de Tarapacá en el desierto de Atacama (actual Chile) y que toma su nombre en honor a su amigo y mentor Alexander Von Humboldt, sobre el uso del guano de aves y carbón de piedra en el Perú.
¿Cómo fue su vínculo con la minería, cuál es su contribución? En el Perú fue nombrado como director general de Minería y luego le fue encargado fundar y promover una Escuela de Minas en la capital, para finalmente trabajar en la planificación y creación del primer Museo Nacional de Historia Natural, Antigüedades e Historia del país pero su labor destaca más el extranjero.
¿Cómo diplomático también tuvo un rol preponderante? Al final de su vida, el presidente Ramón Castilla en 1851 lo nombró cónsul general del Perú en Bélgica
1. El individuo (y la sociedad)
En mayo de 1822, el para entonces joven científico peruano, arequipeño, don Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz (de ahora en adelante Rivero) fue contactado por el ministro de la Gran Colombia en París, Francisco A. Zea, para fundar y administrar una Escuela de Minas en Bogotá, integrar una misión científica para investigar los recursos naturales del hasta hace poco virreinato de Nueva Granada, además de fundar también un museo de historia natural. Rivero llevaba ya doce años fuera de la América Latina, en Europa, donde había tenido una carrera de estudiante increíble. Ella había comenzado ciertamente en Arequipa, donde estudió en el Seminario de San Jerónimo, obviamente no para ser cura, sino para ampliar los conocimien- tos de un niño y luego muchacho que mostraba claramente síntomas de genio3. Prueba de ello es que entre los doce y los diecinueve años de edad hizo estudios de Matemáticas, Física y Lenguas (latín, francés y alemán) en la Highgate School de Londres. Téngase en cuenta que ciertamente este muchacho precoz ya hablaba y escribía el español y que para estudiar en Londres debía dominar cómodamente el inglés4. En otras palabras, era por cierto un verdadero políglota5.
Lo prueba además que en 1817, a la edad de diecinueve años, se trasladó a París para continuar sus estudios en la denominada entonces École Royale des Mines, aunque esta «escuela real» obviamente no tuvo ese título entre 1793 –cuando se decapitó a Luis XVI para crear la República Francesa– y 1814 –cuando, finalmente, para gusto de los realistas y del resto de las monarquías europeas, incluida la Gran Bretaña, se derrotó a Napoleón en Waterloo–6. Allí Rivero estudió ahora Mineralogía y Química. Era Mariano Eduardo, sin lugar a dudas, una mente insaciable. Había pasado en pocos años, y aún en su juventud, de las Matemáticas, la Física y las Lenguas a disciplinas científicas más cercanas a lo que era la actividad e industria minera en el Perú y otras partes del mundo. Esta es la razón por la que ahora redacto estas páginas7.
Es durante su residencia en París que Rivero conoce a Alexander von Humboldt, el gran sabio y científico alemán, quien además era un hombre de ideas liberales. Humboldt había hecho investigaciones sobre el Perú, ya que, después de varias tratativas anteriores, el rey Carlos IV, soberano del Imperio español, le dio autorización para viajar entre y dentro de las colonias hispano-americanas de 1799 a 1804, costeando él mismo sus propios gastos. Humboldt, quien había recibido poco antes una herencia cuantiosa, así hizo, acompañado de su colega, Aimé Bonpland. El resultado de esta experiencia fue su Relation historique du voyage au régions equinoxiales du nouveau continent, finalmente terminada en 1834 y consistente en 34 volúmenes, de los cuales los últimos tres son su Narrativa personal. El resto incluye sus estudios naturales, mineralógicos, geográficos y demás (Humboldt, 1995). Humboldt y Rivero establecieron una relación muy personal, obviamente el primero como mentor del segundo. Por ejemplo, una vez que Rivero se graduó de la École Royale des Mines, comenzó su práctica profesional trabajando y visitando minas en Inglaterra, Francia, Alemania y España. Estando en Bohemia –para entonces parte del Imperio alemán–, descubrió un óxido de hierro hasta entonces desconocido (en inglés: iron oxalate) y Rivero le puso el nombre de Humboldtina en honor a su maestro alemán. Fue Alexander von Humboldt quien lo recomendó para su trabajo en la expedición científica a la Gran Colombia, a través del cónsul en París, Francisco Zea8.
Para terminar esta parte sobre la biografía de Rivero, permítaseme añadir que en París también conoció y trabajó con los famosos científicos franceses
Para terminar esta parte sobre la biografía de Rivero, permítaseme añadir que en París también conoció y trabajó con los famosos científicos franceses
Joseph Louis Proust y Joseph Louis Gay Lussac. Este último fue descubridor de lo que hoy se llaman las «Leyes de Gay Lussac», que hasta ahora permiten un conocimiento básico sobre el comportamiento de los gases9.
2. La coyuntura de la Independencia y el proyecto bolivariano
La estadía de Rivero en Colombia no duró mucho. A finales de 1825 regresó al Perú para instalarse y vivir allí hasta 1851, cuando el presidente de entonces, Ramón Castilla, lo nombró embajador de la República del Perú en Bélgica (para entonces el título formal del cargo era cónsul general del Perú). Seis años más tarde, moriría en París un 22 de noviembre.
Rivero sería, en consecuencia, uno de los personajes del proyecto bolivariano en el Perú, aunque, como regresa en una fecha tardía para ser considerado en este, no tuvo mucho tiempo para participar en él. Más bien para entonces las demandas de alejamiento de Simón Bolívar del país y la denigración del «tirano colombiano» eran una constante en la política peruana, sobre todo en la capital de la República. El proyecto bolivariano comenzaba a ser visto entonces como un proyecto autoritario10, aunque haya sido el mismo Congreso de la República el que le dio poderes completos para derrotar a las fuerzas del virrey José de La Serna, las que en 1824 todavía ocupaban la sierra centro y sur del Perú11.
El proyecto bolivariano obviamente se opone al proyecto sanmartiniano en el diseño de un futuro país independiente, fuera este una monarquía constitucional, como San Martín y su ministro Monteagudo en algún momento pensaron y hasta trataron de establecer, o una república, en el caso de Bolívar. Aunque para alcanzarlo, en Bolívar, y porque «la América era ingobernable» o «como arar en el mar», se llegaría a la República a través de una previa dictadura12. Bolívar comenzó como liberal en su juventud, pero terminó como conservador y dictador. Tanto en el Perú, como sobre todo en Bolivia, estableció una dictadura vitalicia, aunque en ninguno de los dos casos sus intentos cuasi monarquistas perduraron. Más bien, una lucha de caudillos fue la continuación a los proyectos bolivarianos de construcción del Estado republicano, en la que, al comienzo, se enfrentaron bolivarianistas contra «nacionalistas», lo que en el Perú supuso el conflicto entre Santa Cruz y La Mar, por un lado, y Gamarra, por el otro. En lo socioeconómico, sin embargo, Bolívar era un proteccionista interesado en promover la acción del Estado en la economía, un Alexander Hamilton a la peruana, como alguna vez se comentó13.
Así, mientras que José de San Martín y sus fuerzas políticas y militares negociaron con los virreyes Pezuela y La Serna hasta antes de ocupar Lima y aún después, Bolívar representó una dinámica más agresiva en su enfren- tamiento con las fuerzas que aún existían del poder colonial –como los ejércitos y las autoridades políticas controlados desde el Cusco por el virrey La Serna– y con los caudillos y supremas autoridades políticas peruanas, quienes, una vez perdidas sus bases y sus relaciones con el Congreso, clama- ron por una conexión con el virrey y con la monarquía española14. Me refiero sobre todo al rol que José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete y luego el marqués de Torre Tagle jugaron en el proceso de Independencia nacional15.
Rivero llega entonces al Perú cuando el proyecto bolivariano está casi terminando y pronto se ve envuelto en las guerras caudillescas que sucedie- ron a la obtención de la Independencia nacional. Los presidentes Andrés de Santa Cruz y luego José de La Mar, bolivarianistas en cierto sentido, coadyuvaron a que Mariano de Rivero y Ustáriz fuera nombrado director general de Minería y luego encargado de fundar y promover una Escuela de Minas en Lima, para finalmente trabajar en la planificación y creación del primer Museo Nacional de Historia Natural, Antigüedades e Historia del país. Las dos últimas tareas quedaron inconclusas, ya que la influencia de los «colombianos» (parte de las tropas y oficiales del ejército bolivariano) y la reacción nacionalista contra ellos durante las gestiones de Santa Cruz y La Mar –ambos realistas antes de convertirse en patriotas– acabó por cerrar todo lo que oliera al «tirano colombiano», quien, en verdad, era más bien venezolano y caraqueño16. Rivero fue visto entonces como uno de los agentes del bolivarianismo en el Perú. La reacción antibolivariana a finales de la década de 1820 estuvo dirigida por el nuevo y poderoso caudillo de origen cusqueño, Agustín Gamarra, el «ángel negro», quien enarbolaba las banderas del conservadurismo frente a los líderes «liberales» de entonces17. La palabra «liberales», ciertamente, merece las comillas, pues el liberalismo de comienzos del siglo XIX es una evolución propia y bien peruana del liberalismo de la Ilustración del final del siglo XVIII y de los liberalismos nacionales posteriores18.
3. Políticas públicas, políticas privadas
Hasta entonces, claramente los planes bolivarianos y el rol de Rivero en ellos fue, en términos de políticas públicas, un esfuerzo por promover el rol del Estado en la economía y, en este caso, un Estado postcolonial, mezcla de liberalismo económico, en parte, y de proteccionismo. La Dirección General de Minería, una institución estatal, debía promover el desarrollo minero, así pues Rivero viajó, exploró y estudió muchos lugares del país y, en particular, Cerro de Pasco y Puno, para descubrir las trabas a este desarrollo, además de promover sus soluciones. De la misma manera, se promovió la instalación y desarrollo de bancos estatales de rescate de la actividad minera cuyo objetivo era promover el crédito público además de comprar los minerales, sobre todo de plata, a precios por encima de los que pagaban los «habilitadores», «aviadores» y «rescatistas» privados. Estos bancos de rescate debían reducir la injerencia y quasi dominación que comerciantes, en buena medida oligopólicos, tenían sobre la producción y los empresarios mineros. En 1821, por ejemplo, el mismo año de la jura de la Independencia nacional, Dionicio de Viscarra le escribía al ministro de Estado de José de San Martín, Hipólito Unanue, que
[…] han existido en Pasco unos Mercaderes de platas con el nombre de Rescatadores […] cuyo exercicio ha sido havilitar á los busconeros, con telas, aguardientes, azogues, erramientas, y algun dinero […] siendo este comercio tan lucroso, y segu- ro, que quantos se hán entretenido en el son unos capitalistas opulentos, mientras que los mineros son unos indigentes mi- serables19.
La dominación comercial sobre la producción minera, además, se basaba en Lima, es decir, se tejían redes entre comerciantes urbanos de gran escala asentados en la capital del Virreinato –y luego de la República– y comerciantes de menor escala, a la vez que arrieros muleros y llameros que conectaban la capital con los diversos mercados regionales que formaban la estructura económica del país20.
San Martín y, aún más, Bolívar trataron de romper esta faceta del yugo colonial estableciendo nuevas formas de acción para el comercio y la actividad minera. Se diseñó entonces la existencia de bancos de rescate, en donde el gremio de productores mineros participaría, y un Banco de la Emancipación, aunque la función de este más bien era la de contrarrestar la escasez de moneda y el pánico que las guerras de la Independencia provo- caron en el comercio y los negocios del país, sobre todo en la capital, Lima (Camprubí, 1960, 1963). Para 1827, la discusión de los bancos de rescate otra vez llegaba al Congreso de la Nación, donde Juan José Landaburu mencionó en un informe que una vez más se sentía sobre la producción, transporte y comercio mineros una hegemonía de los comerciantes, finan- cistas y «habilitadores» privados, algunos de estos ahora extranjeros, y que tanto los bancos de rescate como las aduanas y hasta la Casa de Moneda de Lima debían tener un rol en la comercialización y distribución de las
«pastas» de plata y sus beneficios. Landaburu, por ejemplo, proponía que los precios de compra de la plata (el «rescate») debían ser diferenciados de acuerdo a los mercados regionales en donde la producción ocurría. Así, en Pasco, donde más plata se producía y era más fácil recolectar, comprar y enviar el metal a Lima, los precios tenían que ser más bajos que en La Libertad (Hualgayoc, por ejemplo), desde donde los metales tenían que viajar 200 leguas hasta llegar al destino deseado (la ciudad de Trujillo y el hoy llamado puerto de Salaverry)21.
«pastas» de plata y sus beneficios. Landaburu, por ejemplo, proponía que los precios de compra de la plata (el «rescate») debían ser diferenciados de acuerdo a los mercados regionales en donde la producción ocurría. Así, en Pasco, donde más plata se producía y era más fácil recolectar, comprar y enviar el metal a Lima, los precios tenían que ser más bajos que en La Libertad (Hualgayoc, por ejemplo), desde donde los metales tenían que viajar 200 leguas hasta llegar al destino deseado (la ciudad de Trujillo y el hoy llamado puerto de Salaverry)21.