Dmitri Tsafengas el heroe oculto que elimino al creador de apartheid

rickycardo1

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Lo declararon loco para torturarlo, pero logro bajarse al nazi que quitaba tierra a afros en sudafrica y los expulsaba a enclaves.Aunque ahora que tienen el poder han empeorado el pais en caos.La lucha tenia que ser violenta ya que protesta pacifica no dio resultado.


Tras 52 años de encubrimiento para eludir la responsabilidad del Estado en la muerte del cerebro del apartheid y presentar al autor como un enfermo mental sin motivación política, una investigación ha desmontado esa mentira. Dimitri Tsafendas era un activista que cumplió con «su deber» y tuvo la «conciencia limpia».



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SHOCK en áfrica

La muerte de Verwoerd impactó al mundo y especialmente a África: los nigerianos salieron a la calle en Lagos gritando «Aleluyah», los parlamentarios keniatas pidieron que no fuera enterrado en suelo africano, el SWAPO dijo que «el fascista ha tenido su merecido»...

TUMBA ANÓNIMA

Su tumba, anónima, sigue estando tapada por la maleza. En una tarjeta sobre una corona de lirios blancos puede ahora leerse: «Persona desplazada, marinero, cristiano, comunista, luchador por la libertad, prisionero político, héroe. Recordado por tus amigos».

TSAFENGAS Y ANGIOLILLO

El joven anarquista italiano Michelle Angiolillo, ejecutado por garrote vil en la cárcel de Bergara tras matar a tiros en Arrasate al presidente del Gobierno español Cánovas del Castillo, al morir gritó «¡Germinal!» (nacerán otros nuevos), como hizo Dimitri Tsafendas en su juicio.

ANARQUISMO

A los 18 años ya discutía con su padre la obra de autores anarquistas como Bakunin, Emma Goldman y Malatesta. Absorbió el pensamiento de Luigi Galleani y su «propaganda de la acción» que justificaba el uso de la violencia y la muerte para acabar con los tiranos.

Dimitri Tsafendas es posiblemente el hombre que más cambió el curso de la historia de la Sudáfrica de la posguerra. Y sin embargo, si se busca en los índices de los libros sudafricanos la «T» resulta casi imposible encontrar a «Tsafendas, Dimitri». Su nombre fue virtualmente borrado de la historia del país. Solo se le presenta como una persona demente, que oía voces internas y veía sombras amenazantes, cuyas acciones fueron dictadas por un parásito intestinal gigante que vivía en su interior.

El mundo, incluida África, creyó la mentira racista al considerar a Tsafendas como un simple lunático, totalmente apolítico, que apuñaló mortalmente al primer ministro y arquitecto del apartheid, Hendrik Verwoerd, el 6 de setiembre de 1966. El encubrimiento de la verdad por parte de las autoridades sudafricanas del apartheid llegó a niveles desesperados. Todo valió para ocultar las profundas motivaciones políticas que llevaron a Tsafendas a matar a Verwoerd.

Convertida la mentira de Estado en mitología del apartheid, esta duró 52 años. «El gusano le empujó a hacerlo» se convirtió en un refrán repetido en todos los rincones, desde las escuelas hasta los pozos de agua. El relato oficial decretó que Tsafendas fue un esquizofrénico que creía estar poseído por una tenia –gusano parasitario que se transmite a través del cerdo– que vivía en sus intestinos y controlaba sus acciones. Fue declarado no apto para ser juzgado y pasó a la historia como un loco, un ujier parlamentario que no estaba en sus cabales.

En este caso tampoco el conocimiento de la verdad evitó el tráfico de la mentira. Sabían desde el principio que Tsafendas no estaba loco, que estaba totalmente sano y era consciente, que mató a Verwoerd por razones políticas, empujado por un sentido de justicia social, por profundas convicciones antiimperialistas y antifascistas.

Desmontar la mentira histórica

Harris Dousemetzis, profesor de la Universidad de Durham (Inglaterra), tras haber investigado durante casi 10 años la historia de Tsafendas, ha revelado recientemente esa verdad. O mejor dicho, ha desmontado una de las mayores mentiras históricas de las autoridades sudafricanas. En su exhaustivo trabajo que ha tomado la forma de un libro, ofrece por primera vez una biografía completa de este hombre extraordinario. Y demuestra que Tsafendas fue una persona politizada desde muy joven, detenida en numerosas ocasiones por su activismo político. En Mozambique, país que le vio nacer, la Policía secreta portuguesa ya lo tenía fichado para los 20 años.

Dousemetzis ha conseguido, a la vista de sus averiguaciones, que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica reexamine el «caso de Tsafendas», que prestigiosos abogados y activistas de derechos humanos hayan hecho un llamamiento a rehabilitar su nombre en los currículos escolares y en otras instituciones. Un portavoz del Ministerio de Justicia ha declarado estos días que estudian la petición y que pronto tomarán una decisión al respecto.

Se trata, por tanto, de una relectura crítica del pasado reciente de un país que mantuvo a Tsafendas hasta el último día de sus 33 años de cautiverio como un enfermo mental. Hablamos del autor de un magnicidio, un tiranicidio, que sacudió al mundo y especialmente a África. De la persona que mató al arquitecto del apartheid. No mató a cualquiera, sino a la persona más culpable del sistema de segregación racial que pudo matar, creyendo que así mataría al propio sistema. Verwoerd, exdirector del periódico supremacista afrikáner “Die Transvaler”, puso en pie el corpus legislativo de la segregación. Separó en distintos territorios a la población blanca frente a los mestizos, asiáticos y negros. Creó las reservas para negros conocidas como los Bantustanes. Su política racial produjo grandes derramamientos de sangre, como el de Shaperville en marzo de 1960, que generó una oleada de protestas en todo el mundo, incluida la condena de la ONU.

La primera opción de Tsafendas consistía en secuestrarlo para pedir un intercambio por presos políticos, pero le fue imposible hacerlo solo. En la sesión parlamentaria del 6 de setiembre de 1966, recién sentado en su escaño Verwoerd tras haber saludado a sus correligionarios, Tsafendas se le acercó con dos cuchillos escondidos bajo su uniforme de ordenanza y le asestó cuatro certeras puñaladas en el pulmón y el corazón. Había mojado los filos en una solución anticorrosiva, pensando que así envenenaría la sangre de Verwoerd y le causaría un mayor daño. Trasladado de urgencia al hospital, allí solo pudieron certificar su muerte.

Errante con causa

Hijo de un marino griego anarquista y de una empleada de hogar mestiza, de la que no supo que era su madre hasta su juventud, Dimitri Tsafendas creció creyendo que era hijo de la mujer con la que su padre se casó tras su nacimiento. Su padre, medio en bromas, le advirtió que podía ser cualquier cosa en la vida menos fascista y monárquico, que podía tener la profesión que quisiera, menos la de soldado profesional o policía. De lo contrario, le dijo que renegaría de él.

Vivió en Maputo, entonces llamada Lourenço Marques. Enfrentarse a los dictados del yugo colonial portugués y a las manifestaciones visibles de su poder siempre dominó su pensamiento. Soñó con dinamitar las oficinas centrales del poder colonial, se alineó con los rebeldes mozambiqueños y ya mostraba su intención de liberar la Sudáfrica dominada por los colonos blancos. Practicando con explosivos tuvo un accidente en casa en el que casi hizo volar a toda su familia. Tras ese suceso, la relación con su madrastra se convirtió en insoportable.

Carismático, aunque enigmático, metódico, frío y nada irracional, Tsafendas peregrinó por el mundo tras la ruptura con su madrastra y tener prohibida la entrada en Mozambique por ser simpatizante de la independencia y en Sudáfrica por ser un rojo empedernido de raza mixta. Lector voraz, con una inteligencia superior que le llevó a hablar ocho idiomas, entre ellos el checo, el turco, el italiano y el dialecto bávaro, pasó de EEUU a Alemania y de Turquía a Portugal. En el camino se enroló en la marina mercante y en el ejército antifascista griego y participó en manifestaciones contra el apartheid, vestido con túnica y capirote del Ku Klux Klan y levantando un cartel en el que se leía «Dr. Verwoerd».

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By Harris Dousemetzis


It was the 6 September 1966, when Hendrik Verwoerd, South Africa’s Prime Minister, known as the ‘architect of apartheid’, was stabbed to death by Dimitri Tsafendas, a parliamentary messenger, inside the House of Assembly in Cape Town. Tsafendas had originally intended to assassinate Verwoerd with a gun and then shoot his way to freedom; but, unable to procure a firearm and with his term of employment at the Parliament almost at an end, he decided to stab him instead.[1] Even though this left him with no escape plan, he still felt that, since he had the opportunity, it was his duty to carry out the killing.


El 6 de septiembre de 1966, Hendrik Verwoerd, primer ministro de Sudáfrica y conocido como el «arquitecto del apartheid», fue apuñalado mortalmente por Dimitri Tsafendas, mensajero parlamentario, dentro de la Asamblea Legislativa de Ciudad del Cabo. Tsafendas había planeado asesinar a Verwoerd con un arma de fuego y luego escapar a tiros; pero, al no poder conseguir una y con su mandato en el Parlamento a punto de terminar, decidió apuñalarlo.[1] Aunque esto lo dejó sin escapatoria, sintió que, ya que tenía la oportunidad, era su deber cometer el asesinato.
 

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