Concurso de cuentos navideños 2: Alas negras de la lujuria

Bruno Molina

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Cuento 2, del Concurso de cuentos navideños.

Música recomendada para su lectura, a continuación:



ALAS NEGRAS DE LA LUJURIA

Últimamente no sé que pasa conmigo. Capaz… Capaz me he vuelto loco. Sí, eso debe de ser. La verdad es que lo veía venir desde hace mucho. Andar por ahí y por allá con los huevos al aire no es para nada algo saludable. Pero, ¿qué les puedo decir? Me gusta el sexo. Follar a lo loco es de lo único que se ocupa mi diminuto cerebro y mi, en contraste, enorme miembro. ¡Es que es tan fácil! Al menos para mí… Y eso que tengo de atractivo, lo que tu hermana adolescente tiene de virgen. Pero es así, joder. Que me parta un rayo si miento. Soy un convencido de que si todo el tiempo que dedicamos, nosotros, los hombres, a pajearnos, lo dedicáramos en cosas provechosas, otra sería nuestra historia. Dudo que Isaac Newton o Jesús hayan practicado más de una puñetera vez la estrujada de ganso. ¡Hombre, que fueron jodidamente productivos! Uno descubriendo leyes físicas, y el otro inventándose mil y una formas para agarrar de cojudos a la humanidad por ya más de veinte siglos. Unos genios de la hostia. Y con más sexo que quien les escribe y quienes leen este texto salido de los cojones. Aunque, he de decir, modestamente, que las pocas veces que le dediqué a la chaqueteada me hicieron lo suficientemente productivo en el sexo, en comparación con millones de personitas pululantes en el globo terráqueo.

Creo que ando dando mucha vuelta al asunto este que les quería contar. Lo siento, my darling, pero lo último que soy, es Vargas Llosa. No soy bueno yendo al grano. ¡Pero vale!, haré el intento…

Resulta que uno de esos días de cache extremo, me pasé de la raya. Mis embestidas iban del todo correctas, maliciosas, pero controladas. Ya saben, jaladas de cabello, mano en la boca, ahorcadas; su nuca al suelo y sus piernas al aire, mientras la sometes en caída libre… En fin, se pueden imaginar… Y si no, imaginen su mejor performance y ya con eso tienen un alcance…

La cosa es que mientras se hacía todo eso en diversas partes de aquella habitación de hotel en San Borja, en Navidad (razón por la que el decorado del cuarto tenía lucecitas), algo comenzó a llamar mi atención… Y no se trataba de su vagina dilatada, ni de su rostro desencajado y sudoroso por la excitación…. Era algo de otro corte, no de uno sexual precisamente…

De pronto, ante mis ojos, una niña se hacía presente a través de la ventana del quinto piso. Lo curioso es que, contrario a cualquier reacción concordante con la escena, mi sorpresa no se tradujo en gritos o en dejar de sacar el pito del cuerpo desgastado de mi acompañante de turno. Todo lo contrario, empecé a reír a carcajadas. Y a embestirla y golpearla cada vez más fuerte… A tal punto que aquel acto ya no me producía gozo, ni tampoco a ella. Todo era dolor y más dolor. Violencia y más violencia. Ella me pedía una y mil veces que me detenga, pero a mí me valía verga. Además, que siempre andan con ese rollo cuando lo quieren más y más adentro. Duro y más duro.

La niña miraba nuestro acto con un morbo tal, que nosotros parecíamos las víctimas, no ella… Los inocentes. Los puros. Di por sentado que era un espejismo. La fantasía de la peor de las drogas… Era la coca que no había jalado. La marihuana que no había fumado. Era el éxtasis que no había tomado junto a mi vaso de ron… Como dije desde un inicio: era capaz que de mí solo quedaba un loco. Un pobre imbécil sometido a la lujuria, que no hacía otra cosa que pensar en enterrar su jodido pene en lo que fuese.

Pero no era así. Viendo bien por la ventana, cuando estaba a punto de correrme por onceava vez, entendí que sí, siempre fui un loco, pero que también, en esos precisos momentos era, además de ello, un loco de mierda, con una suerte del culo…

La ventana se rompió en mil pedazos, y lo que habían entendido mis ojos enfermos por una niña, no era otra cosa que una maldita vampiresa. ¡De niña no tenía nada esa prostituta! Con seguro más de cinco mil años, lo correcto era llamarla una anciana.

  • ¡Aaahhh! ¡Vayámonos de aquí! ¡Nos va a matar! -exclamó la golfa, mientras trastabillaba, al tener las piernas acalambradas tras seis horas de sexo y haberse corrido ocho veces.
Mis ojos enfermos, ahora eran acompañados por oídos enfermos, ya que los gritos de la golfa fueron por demás exagerados (perdonen por llamarla golfa varias veces, sé que es redundante, pero a la fecha de haber escrito esta porquería no recordaba el nombre de la puta esa, por lo que prefiero llamarla golfa a ponerle un nombre estúpido como Candy, Yahaira o demás mamarrachos de nombre de zorras).

  • No lo creo -dije, mientras me cogía de los oídos. -Se está quitando las bragas. De seguro quiere un trío- dije para terminar, ya que la vampiresa waifu ya estaba toda desnuda y soplando mi flauta.
  • ¿Es que acaso la conoces!, exclamó la golfa, que aún no recobraba la fuerza de sus piernas.
Morrigan, la vampiresa waifu, se desprendió por un segundo de mi flauta y miró fijamente a la golfa…

  • ¿Siempre eres tan ruidosa? Dime, estúpida, ¿vas a quedarte ahí o te unes a la fiesta? Una cosa más… ¿Prefieres esta apariencia o la auténtica? A mí se me da igual la verdad… En Navidad hay muchas tiendas con dulces deliciosos… Prefiero la sangre, pero lo segundo mejor después de ello son los dulces… Y esta apariencia ayuda a que no me miren raro mientras me los devoro… Pero ahora que lo pienso, no es la mejor apariencia para una ocasión como esta…
  • Si-si es lo que deseas, ento-tonces debes cambiar de apariencia, señorita… -le respondió a su vez la golfa.
  • ¡Tú a mí no me das órdenes, estúpida! -gritó, Morrigan.
La golfa estaba a punto de llorar, pero la vampiresa pronto se rió a carcajadas, dándole a entender que se trataba solo de una broma. Fue hacia ella, mientras dejaba atrás su disfraz de niña, para pasar a su verdadera imagen, la de una vampiresa sexy de cuerpo exuberante (con alas negras incluidas).

Una duda me asaltó: “¿Debía jalarle de los pelos o era una mejor opción jalarle de las alas?”.

  • ¡Perras, vengan ya las dos! ¡La tengo dura como una piedra!, exclamé, mientras le echaba lubricante a mi polla.
  • ¡A mí no me confundas con un can, malnacido! ¡Odio a esos pulgosos! -exclamó Morrigan…
  • ¡Joder, dije perras, no mujeres lobo!
  • Es que son tan parecidas… ¡Ja, ja, ja!
Ambos reímos. La golfa, quien le lamía el ano a la vampiresa, entendió el chiste y también unió sus carcajadas.

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Gracias. :meow_partychristmas:
 

Ufff un contenido muy lujurioso , de la navidad solo relata que tuvo sexo ese dia pero se centra en su relato sexual y lo explica bien.
Comentario personal: lo hubiera centrado mas en su no creencia de la navidad o el por que cree que hay personas que no creen en estas fechas. No pues no hay mas que comentar... la navidad solo lo del nombre pero buen cuento para la colección de relatos eróticos de Papa Chuiman jajaj

Puntaje: 5
 
Joder macho, que esté cuento es un follón de la hostia...🤣🤣🤣🤣🤣
Mucho españolismo (no sé si porque el autor es de esa nacionalidad o porque ha querido imitar las horrendas traducciones de ciertas ediciones de mangas que circulan por el mercado).... Pucha que si yo estoy en pleno polvo y se me aparece una niña fantasma flotando en la ventana, salgo corriendo calato al estilo Kukin Flores (algún día les contaré una experiencia similar)....
Entretenido, aunque solo sabemos de la navidad por las luces; cómo dijeron más arriba, efectivamente parece el argumento de un proyecto de hentai fan fiction de un Otaku arrecho (y virgo, añadiría yo), Pero se deja leer ...
5/10 vampirescos puntos
 
Me oriné de la risa con este relato, que se puede leer a toda velocidad, lo cual demuestra es que formalmente es funcional sin que sea una maravilla. La prosa es sencilla y coloquial y el tono más bien anecdótico. Más que un cuento veo un divertimento, una construcción que, si bien de literaria tiene lo que yo de bailarín, es atractiva y extravagante en el mejor sentido.

El narrador protagonista comienza, advirtiendo sus limitaciones para describir, sea por algún problema cognitivo o por haber ingerido alguna sustancia. Esta licencia es oportuna porque prepara al lector para no esperar un relato maravilloso pero sí desternillante e impredecible. Bueno como historia, como un guion para El Bananero, pero allí nos quedamos.

La literatura es más que eso, es un entramado donde los personajes se presentan y generan un conflicto que se desata en un final inesperado pero conectado al planteamiento y a la tensión, no es una colección de eventos que por estar al azar nos sorprenden.

Me gustó, aunque, repito, no como literatura; como la que te dice "te quiero pero no para acostarme contigo".
5.5 puntos.
 
Contenido.

Estamos frente a la fantasía sexual de un escritor que hace tiempo no tiene sexo real (pero que sí pasa bastante tiempo en Internet).

El argumento no es demasiado sorprendente. El giro que se da con la transformación de la vampiresa es solo un agregado que se otorga a la faena sexual de un protagonista lleno de contradicciones en su constitución.

Forma.

La vulgaridad a la que el narrador-protagonista está muy acostumbrado es cómica. Pero pierde gracia y verosimilitud cuando usa expresiones comunes en España y en México. Tal vocabulario es normal en un joven que pasa mucho tiempo en Internet; no en un hombre ya algo maduro que se dedica a conseguir prostitutas o mujeres fáciles.

Opinión personal.

Este cuento se consume y digiere con facilidad. Pero una vez hecho eso, puede echarse al olvido tranquilamente. Además se quedó corta la caracterización de la vampiresa transformada. Debió tener más protagonismo.


Puntaje: 2,34.
 
En lo formal, tiene por ahí un par de comas y tildes olvidadas. El personaje principal habla como español, pero está en San Borja, suponiendo que es un turista.

El relato va rápido, logra transmitir las escenas de sexo furibundo con un lenguaje que fluye raudamente. La psicología del sujeto también está bien retratada, se trata de un individuo trastocado por su obsesión con el sexo. El cuento transmite bien el contexto y lo que piensa y siente el protagonista, bien por eso.

Lo de la Navidad es sólo un añadido para entrar en el concurso de cuentos. La escena pudo transcurrir igual en 28 de julio o en el día del pollo a la brasa sin perder su contundencia porque, como ya dije, el autor tiene buenos recursos narrativos. No obstante, ubicarla en una noche más tenebrosa como Halloween, viernes santo o un martes 13 le hubiese dado un poco más de condimento, pero bueno, había que cumplir con las reglas. Hasta hubiese podido participar con cierto éxito en el anterior certamen de concursos de terror.

La irrupción de la niña en la ventana salva al relato de ser un mero cuento pornográfico (que tampoco estaría mal en sí). Es el conflicto de la historia y la reacción inesperada (no de terror del protagonista, sino por el contrario, de una mayor excitación) sostienen aún más la narración. El problema es que ahí queda, la niña convirtiéndose en una vampiresa no convence tanto y, pero aún, aunándose a un trío, hace que el cuento vuelva a su inicio erótico, desdeñando una rica posibilidad de hacerlo más complejo. Igual, no está mal, pero el autor pudo aprovechar esa oportunidad, y no lo hizo.

Puntaje: 8
 
Un texto narrado por la conciencia, me gusta. Buena redacción, aunque también noto un abuso de los puntos suspensivos (pero no están puestos en mal lugar como en otros casos).

Me llama la atención tanto españolismo junto, y esos detalles sobre el tiempo empleado en la "paja" me sugieren que el autor sabe bien de qué pie cojea (o es que se trata de una autora). Pero en el segundo párrafo sucede algo:

Por alguna razón nos hace saber que divaga, que se distrae e intenta justificarse con lo de Vargas Llosa. Me pareció muy hablado, aunque ingenioso; de todas formas, creo que evitar esto limpiaría el texto.

Por ahí una coma innecesaria y puso un puntito en vez de guion, pero nada que dificulte enormemente la lectura. Respecto al final, ¿fue un chiste gallego? De navideño, solo las luces del hotel.

Puntaje: 7.5
 

a) Contenido muy como decirlo, chabacano.

b) Historia con forma parecida a la de "por qué @SplinterJr odia Los Olivos". La historia entretiene a ratos pero se va desinflando. Es una historia grosera y para pasar el rato. Pero más alla de eso no le veo merito literario.

c) Es muy procaz, me parece que se equivoco de concurso.

Puntaje 5
 
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