rickycardo1
Miembro de plata
ROGUEMOS que se elimine esa plaga. zancudos de la muerte.
El dengue es una enfermedad viral causada por un arbovirus del género Flavivirus y transmitida por mosquitos del género Aedes, principalmente Aedes aegypti. Actualmente, se ha convertido en una de las principales enfermedades transmitidas por vectores a nivel mundial, con impacto creciente en la morbilidad y mortalidad en países tropicales y subtropicales. Desde principios de 2025, se han notificado 3,6 millones de casos de dengue y más de 1900 muertes relacionadas con el dengue en 94 países/territorios de la Región de Europa de la OMS (EURO), las Regiones de las Américas (OPS), Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental (SEARO y WPRO, respectivamente), la Región del Mediterráneo Oriental de la OMS (EMRO) y África (1) con un costo económico de 3 mil millones de dólares anuales en América Latina (2), lo que refuerza la necesidad de innovaciones para enfrentar este flagelo.
La prevención sigue siendo el pilar fundamental, centrada en el control del vector y en medidas comunitarias sostenidas de eliminación de criaderos. El dengue está cada vez más extendido en casi todas las regiones del Perú.
El cambio climático, con el incremento de las temperaturas y la intensificación de las lluvias, acelera el ciclo de vida del mosquito vector y facilita su expansión hacia zonas donde antes no estaba presente (3).
Un metaanálisis de 30 estudios revela una fuerte correlación positiva (r = 0,85, p < 0,01) entre la temperatura (25 °C-30 °C) y la eficiencia de transmisión. Las principales brechas de investigación incluyen el impacto del cambio climático, las coinfecciones con otros arbovirus y la eficacia a largo plazo de las innovaciones en el control de vectores (4).
Aedes aegypti posee un alto potencial de transmisión de patógenos debido a su marcado antropofilismo, ya que se alimenta casi exclusivamente de sangre humana, habita en entornos domésticos y peridomésticos, y utiliza recipientes artificiales con agua como principales criaderos. La hembra es la responsable de transmitir el virus, prefiriendo alimentarse dentro de las viviendas y ovipositar en depósitos de agua. A estas características biológicas se suman factores sociales, como las deficientes condiciones sanitarias y la limitada cobertura de agua potable, que obligan al almacenamiento doméstico en contenedores; cuando estos no están debidamente cubiertos, se convierten en focos ideales para la proliferación del vector (5).
La fumigación con insecticidas químicos constituyó durante varios años la principal estrategia implementada por el Ministerio de Salud (MINSA) para el control del dengue en el Perú. No obstante, su eficacia ha mostrado limitaciones, especialmente frente a la creciente resistencia del vector y la expansión de la enfermedad (5). Como en el caso de Piura donde el mosquito mostraba indicios de resistencia al Malathion (6). En resumen, la resistencia a los organofosforados y piretroides limita los esfuerzos de control de vectores, lo que requiere conocimientos actualizados sobre los patrones de resistencia y sus fundamentos genéticos (7)
Además de la resistencia, la fumigación tiene efectos adversos ambientales y sobre la salud humana, lo que ha impulsado la búsqueda de alternativas sostenibles. (5)
Ante este escenario, la comunidad científica ha promovido la búsqueda de alternativas innovadoras, destacando aquellas que han demostrado resultados exitosos en otros países de la región, como el uso de Wolbachia para reducir la capacidad vectorial del mosquito (8). La Wolbachia forma parte de la flora bacteriana de más del 60% de las especies de artrópodos y tiene la capacidad de bloquear la replicación del genoma viral y es un endosimbionte común que puede proteger a los insectos contra patógenos virales.
La estrategia con Wolbachia consiste en la liberación de mosquitos Aedes aegypti infectados con esta bacteria endosimbionte, que normalmente está ausente en Aedes aegypti.
Una vez instaurada en la población vectorial, Wolbachia interfiere con la replicación del virus del dengue dentro del mosquito y estimula rutas inmunológicas innatas (Toll, IMD, JAK/STAT), reduciendo sustancialmente la carga viral y, por tanto, la capacidad de transmisión. Además, la bacteria se transmite verticalmente de madre a descendencia y promueve incompatibilidad citoplasmática, un fenómeno reproductivo en el cual los cruces entre machos infectados y hembras no infectadas producen embriones inviables, mientras que las hembras infectadas transmiten la bacteria a toda su descendencia, lo que favorece su propagación progresiva sin necesidad de intervenciones continuadas (9).
El aumento sostenido de las temperaturas, en línea con las tendencias globales del cambio climático, también impactó en Perú. Un análisis de 23 años de datos epidemiológicos (2000-2022) mostró una expansión progresiva del dengue hacia zonas antes consideradas de bajo riesgo, incluidas áreas altoandinas y periurbanas. Los brotes más importantes se registraron en 2011-2012, 2017 y 2020, coincidiendo con episodios del Fenómeno del Niño. Las regiones más afectadas por el mayor número de casos fueron Loreto, San Martín, Ucayali, Piura, Lambayeque e Ica (10)
En abril de 2024, el MINSA sostuvo reuniones con el World Mosquito Program e inició los estudios para la implementación de un plan piloto con Wolbachia en la región Piura (11). Posteriormente, el 24 de julio del 2025 mediante la Resolución Ministerial N° 485-2025/MINSA se aprobó el “Plan de implementación y evaluación estratégica de Wolbachia para el control del dengue en escenarios priorizados 2025-2027” cuya ejecución estará a cargo del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de enfermedades (CDC), la Dirección General de Intervenciones Estratégicas en Salud (DGIESP) en conjunto con el Instituto Nacional de Salud (INS) y la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA).
De acuerdo con los criterios de selección basados en el modelamiento de escenarios de transmisión del dengue, el plan contempla intervenciones en nueve departamentos (Áncash, Cajamarca, Ica, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Piura y San Martín), abarcando un total de 30 distritos priorizados (12).
De manera alentadora, el 22 de agosto de 2025, el MINSA anunció el inicio de dicho plan piloto en el distrito de Comas (13). Esta decisión marca un hito importante, pues abre la posibilidad de incorporar una estrategia innovadora y basada en evidencia científica para el control del vector, en un contexto en el que el dengue carece aún de tratamiento específico y continúa representando una amenaza creciente para la salud y la vida de la población. Asimismo, es necesario señalar que aunque los resultados son prometedores, aún se requiere evaluación de impacto a largo plazo en transmisión de otros arbovirus (Zika, chikungunya).
La estrategia de reemplazar mosquitos silvestres por mosquitos transinfectados con la bacteria Wolbachia ha demostrado reducir hasta en un 77% la transmisión del dengue, constituyendo un avance significativo en la prevención. Sin embargo, su implementación debe priorizarse en áreas con alta densidad poblacional y elevada incidencia de casos, dado que no resulta factible cubrir todas las zonas endémicas. Asimismo, es fundamental establecer sistemas de vigilancia genómica y entomológica robustos que permitan monitorear su eficacia frente a los distintos serotipos del virus del dengue (14).
Se debe destacar la experiencia de esta estrategia en otras partes del mundo. En una revisión sistemática y metaanálisis Cochrane (15) que incluyó ensayos clínicos aleatorizados y por conglomerados (cRCT), se identificó un cRCT completado en Yogyakarta (Indonesia). En este ensayo con 6306 participantes, la liberación de Aedes aegypti infectados con wMel Wolbachia redujo en un 77% la probabilidad de dengue virológicamente confirmado, con una prevalencia de mosquitos infectados sostenida en el 95,8% durante 27 meses. Este resultado corresponde a un análisis por intención de tratar (ITT), es decir, un enfoque estadístico que considera a todos los participantes según el grupo al que fueron asignados originalmente, independientemente de si recibieron la intervención completa o se expusieron a ella en su totalidad. Análisis secundarios, que ajustaron la exposición real a Wolbachia, estimaron eficacias aún mayores (80,7% y 82,7%), lo que sugiere que el ITT puede subestimar el impacto real (16)
En América Latina, la experiencia ha sido heterogénea. En Brasil, el programa iniciado en Río de Janeiro en 2017 alcanzó solo un 32% de introgresión, con reducciones modestas en la incidencia de dengue (38%) y chikungunya (10%) (17)
La introgresión se refiere al grado de establecimiento o penetración estable de Wolbachia en la población natural de Aedes aegypti después de las liberaciones. En otras palabras: mide qué porcentaje de mosquitos en la población local porta la bacteria Wolbachia y la transmite de forma hereditaria a sus descendientes. Factores como el uso de insecticidas, la baja invasión inicial y el costo biológico del wMel Wolbachia en la eclosión limitaron la sostenibilidad de la intervención (17). Esta experiencia resalta la necesidad de planificación técnica y gestión integrada de vectores para optimizar resultados.
La comparación entre Indonesia y Brasil muestra que el éxito de la estrategia Wolbachia depende de una alta cobertura inicial, la sostenibilidad ecológica de la cepa liberada y una gestión integrada de vectores sin interferencia negativa de insecticidas. Mientras Yogyakarta demostró un impacto clínico robusto y sostenido, Río de Janeiro evidenció los retos de implementar la estrategia en condiciones urbanas complejas sin planificación técnica suficiente.
La prevención sigue siendo el pilar fundamental, centrada en el control del vector y en medidas comunitarias sostenidas de eliminación de criaderos. El dengue está cada vez más extendido en casi todas las regiones del Perú.
El cambio climático, con el incremento de las temperaturas y la intensificación de las lluvias, acelera el ciclo de vida del mosquito vector y facilita su expansión hacia zonas donde antes no estaba presente (3).
Un metaanálisis de 30 estudios revela una fuerte correlación positiva (r = 0,85, p < 0,01) entre la temperatura (25 °C-30 °C) y la eficiencia de transmisión. Las principales brechas de investigación incluyen el impacto del cambio climático, las coinfecciones con otros arbovirus y la eficacia a largo plazo de las innovaciones en el control de vectores (4).
Aedes aegypti posee un alto potencial de transmisión de patógenos debido a su marcado antropofilismo, ya que se alimenta casi exclusivamente de sangre humana, habita en entornos domésticos y peridomésticos, y utiliza recipientes artificiales con agua como principales criaderos. La hembra es la responsable de transmitir el virus, prefiriendo alimentarse dentro de las viviendas y ovipositar en depósitos de agua. A estas características biológicas se suman factores sociales, como las deficientes condiciones sanitarias y la limitada cobertura de agua potable, que obligan al almacenamiento doméstico en contenedores; cuando estos no están debidamente cubiertos, se convierten en focos ideales para la proliferación del vector (5).
La fumigación con insecticidas químicos constituyó durante varios años la principal estrategia implementada por el Ministerio de Salud (MINSA) para el control del dengue en el Perú. No obstante, su eficacia ha mostrado limitaciones, especialmente frente a la creciente resistencia del vector y la expansión de la enfermedad (5). Como en el caso de Piura donde el mosquito mostraba indicios de resistencia al Malathion (6). En resumen, la resistencia a los organofosforados y piretroides limita los esfuerzos de control de vectores, lo que requiere conocimientos actualizados sobre los patrones de resistencia y sus fundamentos genéticos (7)
Además de la resistencia, la fumigación tiene efectos adversos ambientales y sobre la salud humana, lo que ha impulsado la búsqueda de alternativas sostenibles. (5)
Ante este escenario, la comunidad científica ha promovido la búsqueda de alternativas innovadoras, destacando aquellas que han demostrado resultados exitosos en otros países de la región, como el uso de Wolbachia para reducir la capacidad vectorial del mosquito (8). La Wolbachia forma parte de la flora bacteriana de más del 60% de las especies de artrópodos y tiene la capacidad de bloquear la replicación del genoma viral y es un endosimbionte común que puede proteger a los insectos contra patógenos virales.
La estrategia con Wolbachia consiste en la liberación de mosquitos Aedes aegypti infectados con esta bacteria endosimbionte, que normalmente está ausente en Aedes aegypti.
Una vez instaurada en la población vectorial, Wolbachia interfiere con la replicación del virus del dengue dentro del mosquito y estimula rutas inmunológicas innatas (Toll, IMD, JAK/STAT), reduciendo sustancialmente la carga viral y, por tanto, la capacidad de transmisión. Además, la bacteria se transmite verticalmente de madre a descendencia y promueve incompatibilidad citoplasmática, un fenómeno reproductivo en el cual los cruces entre machos infectados y hembras no infectadas producen embriones inviables, mientras que las hembras infectadas transmiten la bacteria a toda su descendencia, lo que favorece su propagación progresiva sin necesidad de intervenciones continuadas (9).
El aumento sostenido de las temperaturas, en línea con las tendencias globales del cambio climático, también impactó en Perú. Un análisis de 23 años de datos epidemiológicos (2000-2022) mostró una expansión progresiva del dengue hacia zonas antes consideradas de bajo riesgo, incluidas áreas altoandinas y periurbanas. Los brotes más importantes se registraron en 2011-2012, 2017 y 2020, coincidiendo con episodios del Fenómeno del Niño. Las regiones más afectadas por el mayor número de casos fueron Loreto, San Martín, Ucayali, Piura, Lambayeque e Ica (10)
En abril de 2024, el MINSA sostuvo reuniones con el World Mosquito Program e inició los estudios para la implementación de un plan piloto con Wolbachia en la región Piura (11). Posteriormente, el 24 de julio del 2025 mediante la Resolución Ministerial N° 485-2025/MINSA se aprobó el “Plan de implementación y evaluación estratégica de Wolbachia para el control del dengue en escenarios priorizados 2025-2027” cuya ejecución estará a cargo del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de enfermedades (CDC), la Dirección General de Intervenciones Estratégicas en Salud (DGIESP) en conjunto con el Instituto Nacional de Salud (INS) y la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA).
De acuerdo con los criterios de selección basados en el modelamiento de escenarios de transmisión del dengue, el plan contempla intervenciones en nueve departamentos (Áncash, Cajamarca, Ica, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Piura y San Martín), abarcando un total de 30 distritos priorizados (12).
De manera alentadora, el 22 de agosto de 2025, el MINSA anunció el inicio de dicho plan piloto en el distrito de Comas (13). Esta decisión marca un hito importante, pues abre la posibilidad de incorporar una estrategia innovadora y basada en evidencia científica para el control del vector, en un contexto en el que el dengue carece aún de tratamiento específico y continúa representando una amenaza creciente para la salud y la vida de la población. Asimismo, es necesario señalar que aunque los resultados son prometedores, aún se requiere evaluación de impacto a largo plazo en transmisión de otros arbovirus (Zika, chikungunya).
La estrategia de reemplazar mosquitos silvestres por mosquitos transinfectados con la bacteria Wolbachia ha demostrado reducir hasta en un 77% la transmisión del dengue, constituyendo un avance significativo en la prevención. Sin embargo, su implementación debe priorizarse en áreas con alta densidad poblacional y elevada incidencia de casos, dado que no resulta factible cubrir todas las zonas endémicas. Asimismo, es fundamental establecer sistemas de vigilancia genómica y entomológica robustos que permitan monitorear su eficacia frente a los distintos serotipos del virus del dengue (14).
Se debe destacar la experiencia de esta estrategia en otras partes del mundo. En una revisión sistemática y metaanálisis Cochrane (15) que incluyó ensayos clínicos aleatorizados y por conglomerados (cRCT), se identificó un cRCT completado en Yogyakarta (Indonesia). En este ensayo con 6306 participantes, la liberación de Aedes aegypti infectados con wMel Wolbachia redujo en un 77% la probabilidad de dengue virológicamente confirmado, con una prevalencia de mosquitos infectados sostenida en el 95,8% durante 27 meses. Este resultado corresponde a un análisis por intención de tratar (ITT), es decir, un enfoque estadístico que considera a todos los participantes según el grupo al que fueron asignados originalmente, independientemente de si recibieron la intervención completa o se expusieron a ella en su totalidad. Análisis secundarios, que ajustaron la exposición real a Wolbachia, estimaron eficacias aún mayores (80,7% y 82,7%), lo que sugiere que el ITT puede subestimar el impacto real (16)
En América Latina, la experiencia ha sido heterogénea. En Brasil, el programa iniciado en Río de Janeiro en 2017 alcanzó solo un 32% de introgresión, con reducciones modestas en la incidencia de dengue (38%) y chikungunya (10%) (17)
La introgresión se refiere al grado de establecimiento o penetración estable de Wolbachia en la población natural de Aedes aegypti después de las liberaciones. En otras palabras: mide qué porcentaje de mosquitos en la población local porta la bacteria Wolbachia y la transmite de forma hereditaria a sus descendientes. Factores como el uso de insecticidas, la baja invasión inicial y el costo biológico del wMel Wolbachia en la eclosión limitaron la sostenibilidad de la intervención (17). Esta experiencia resalta la necesidad de planificación técnica y gestión integrada de vectores para optimizar resultados.
La comparación entre Indonesia y Brasil muestra que el éxito de la estrategia Wolbachia depende de una alta cobertura inicial, la sostenibilidad ecológica de la cepa liberada y una gestión integrada de vectores sin interferencia negativa de insecticidas. Mientras Yogyakarta demostró un impacto clínico robusto y sostenido, Río de Janeiro evidenció los retos de implementar la estrategia en condiciones urbanas complejas sin planificación técnica suficiente.