Saiki
Miembro de bronce
No soy homosexual, y si lo fuera, creo que no tendría problema en decirlo. Lo que sí me intriga es ver cómo, cada vez que se habla de matrimonio igualitario o derechos LGTB+, aparece un montón de gente a escupir odio disfrazado de “opinión”. Sale un g@y a denunciar discriminación y en lugar de empatía, reciben burlas o aplausos. Pareciera que algunos se olvidan de que vivir y dejar vivir no es tan complicado. Y no, no se trata de “proteger a los niños”; seamos honestos, muchos padres usan eso como excusa porque consideran que ser LGTB+ es un mal ejemplo, cuando afuera hay verdaderas amenazas para los niños: violencia, abuso. Además, el qlo es de ellos, no de ustedes 
Hace tiempo me crucé con un gráfico que mostraba que, en materia de valores, Perú era más afín a países de África Occidental que a otros de Latinoamérica. Eso da cuenta del exacerbado nivel de conservadurismo social que existe en este país. A eso súmale el paupérrimo nivel educativo de la mayoría de peruanos y la creciente tendencia a la fanatización de sectores evangélicos. Todo eso causa una sociedad profundamente cavernaria que es incapaz de reconocer y aceptar otras formas de identidad y estilos de vida.
En una sociedad con tantas taras, es más fácil utilizar a los homosexuales como chivos expiatorios, cuando la verdadera pervesión, en la enorme mayoría de los casos, las cometen hombres heterosexuales contra mujeres y niñas (incluso a aquellas de su propio círculo familiar).
Hace tiempo me crucé con un gráfico que mostraba que, en materia de valores, Perú era más afín a países de África Occidental que a otros de Latinoamérica. Eso da cuenta del exacerbado nivel de conservadurismo social que existe en este país. A eso súmale el paupérrimo nivel educativo de la mayoría de peruanos y la creciente tendencia a la fanatización de sectores evangélicos. Todo eso causa una sociedad profundamente cavernaria que es incapaz de reconocer y aceptar otras formas de identidad y estilos de vida.
En una sociedad con tantas taras, es más fácil utilizar a los homosexuales como chivos expiatorios, cuando la verdadera pervesión, en la enorme mayoría de los casos, las cometen hombres heterosexuales contra mujeres y niñas (incluso a aquellas de su propio círculo familiar).