Primero, EE. UU impuso unos aranceles altísimos a los productos japoneses. Un aumento del 20% que directamente mató la competitividad de grandes marcas como Honda o Toyota que vendían sus productos en el mercado norteamericano.
Segundo, también se inició una fuerte campaña de propaganda contra Japón. Algo similar a lo que se vio contra China en la era de Trump, alegando que los japoneses "quitaban trabajo" a los ciudadanos americanos.
Tercero, y esto fue lo más fuerte, fue el Acuerdo Plaza. Junto a sus aliados europeos, EE. UU promulgó una nueva política monetaria que destruyó la moneda japonesa en favor de fortalecer el dólar americano.