Galleta belga Biscoff solo 5 conocen su receta

rickycardo1

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Sera muy rica.
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Las clásicas galletas belgas Lotus Biscoff (o speculoos) se caracterizan por su textura crujiente y su profundo sabor a caramelo y especias. La auténtica receta comercial es un secreto guardado por muy pocos, pero puedes preparar una versión casera increíblemente similar utilizando 5 ingredientes clave: [1, 2, 3, 4]
  1. Mantequilla sin sal: 125 g a temperatura ambiente (pomada).
  2. Azúcares: 55 g de azúcar común y 25 g de azúcar moreno oscuro (para ese tono acaramelado).
  3. Harina: 150 g de harina de trigo común (todo uso).
  4. Especias: Una cucharadita de canela en polvo. Puedes agregar también una pizca muy pequeña (1/8 de cucharadita) de nuez moscada, clavo de olor y jengibre en polvo para darle el toque speculoos tradicional.
  5. Agentes leudantes: 1/4 de cucharadita de polvo para hornear, 1/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio y una pizca de sal. [1, 2, 3, 4]
Solo cinco personas conocen la receta exacta de las galletas Biscoff. La fórmula es secreta —un secreto se puede mantener para siempre, una patente no—, pero Jan Boone, director ejecutivo de Lotus Bakeries, la compañía que las creó hace más de 90 años, y una de esas cinco personas, comparte los ingredientes de su éxito. Su caramelizado las hace reconocibles y diferenciables, son dulces y crujientes y sirven de punto de partida para otras preparaciones. “Es muy versátil. Y eso es algo de lo que éramos menos conscientes hace cinco o diez años”, cuenta. TikTok e Instagram se han llenado de vídeos de tartas de queso, tiramisús, batidos, mousses e incluso hamburguesas con estos pequeños dulces. “Es fantástico ver que a los jóvenes, a la generación Z, les encanta nuestra marca”, dice Boone. “Les gusta experimentar y les encanta compartirlo en redes sociales. Es realmente increíble”. Las Biscoff se han ido haciendo con las redes y las despensas, están entre las cinco más vendidas globalmente, según la compañía, y esto es solo el principio: “Queremos conquistar el mundo”.

Boone creció en Lembeke, una pequeña ciudad flamenca que huele a estas galletas desde que su abuelo comenzó a hornearlas en 1932. Cuando tenía ocho o nueve años, la maestra preguntó en su clase qué querían ser de mayores y entre algún profesor y algún que otro policía había un director ejecutivo en potencia: “Siempre tuve la ambición de trabajar en la compañía”, recuerda por videollamada. Para entonces, las Biscoff ya se producían industrialmente, habían llegado a los países vecinos y se asomaban al mercado asiático. Boone siguió las estrictas reglas marcadas por la casa, acabó sus estudios de Económicas y trabajó 10 años en una consultora y en la industria farmacéutica antes de incorporarse como director general en 2005 y ser nombrado director ejecutivo en 2011.


“Creo que cada generación tiene que aportar algo a la compañía”, reflexiona Boone. Su abuelo apostó por el uso de productos naturales y protegió la receta. Sus sucesores, su tío y su padre, apuntalaron la primera internacionalización y se aseguraron de que pudieran producir de forma eficiente. “En Bélgica tenemos muchos productos”, comenta Boone. “Y vimos que era muy difícil internacionalizar todas esas especialidades. Así que dijimos: vamos a enfocarnos”. Esa fue su primera contribución a la estrategia de la empresa, centrarse en Biscoff para convertirla en una marca global.
 

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