Perros caramelo CHUSCO de la calle son como 300 razas

rickycardo1

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Y de los mas resistentes inteligentes, estan en toda latinoamerica. MEXICO Y BRASIL se pelean por su origen.

El perro caramelo (o "vira-lata caramelo" en Brasil) es el mestizo más icónico y resistente de América Latina. Aunque no es una raza de pedigree, simboliza la identidad urbana de la región. Su reconocimiento oficial ha trascendido fronteras: [1, 2, 3, 4, 5]
  • Inclusión Legal: Instituciones como la PROPAEM en México han reconocido al perro caramelo como patrimonio y símbolo de identidad nacional, siguiendo iniciativas previas de protección animal en países como Brasil. [1, 2, 3]
  • Impacto Cultural: Se ha convertido en un fenómeno continental que representa la resistencia callejera, la nobleza y el amor incondicional. [1, 2]
  • Rasgos Comunes: Su pelaje color miel está adaptado naturalmente para reflejar el calor, lo que les permite sobrevivir a la perfección en climas tropicales y urbanos.
¿Por qué se consideran tan inteligentes?
  • Sobrevivencia y adaptación: Al descender de una enorme variedad de linajes (hasta 300 razas distintas en algunos casos), poseen una gran fuerza genética (vigor híbrido) que les permite ser sumamente astutos para resolver problemas cotidianos, protegerse y conseguir alimento. [1, 2, 3]
  • Inteligencia de supervivencia: Son muy perceptivos, leales y aprenden a leer el lenguaje corporal humano con gran facilidad, lo que les ha ayudado a ganarse el cariño de las personas en las calles y barrios de toda Latinoamérica. [1, 2, 3, 4, 5]




¿Quién cuida al perro Caramelo? El animal más famoso de América Latina es de todos y a la vez de nadie​


Paola Alín




Caramelo duerme fuera de una tienda de conveniencia, cruza la calle respetando semáforos invisibles y se acerca sin miedo a quien lo quiere acariciar. En la colonia, todas las personas lo conocen. En el mejor de los casos, alguien le da comida, otro le ofrece un recipiente con agua y, de vez en cuando, una persona lo lleva al veterinario. Con su pelaje amarillento (ideal para reflejar el calor y tolerarlo), su constitución resistente y sus ojos expresivos, Caramelo se ha moldeado para sobrevivir entre el asfalto.

En América Latina, desde las calles de Ciudad de México hasta las de São Paulo, estos perros son parte del paisaje cotidiano. El éxito de la película brasileña Caramelo, estrenada en Netflix en octubre del año pasado, es prueba de este vínculo afectivo. En México, recientemente han acaparado la conversación, pues la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (Propaem) los ha reconocido como una de las “razas” emblemáticas del país. No obstante, su existencia es recordatorio de una deuda con los animales en situación de calle.

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Más allá de una “raza”​

Un estudio genético realizado en Brasil en 2025 —uno de los más ambiciosos hasta la fecha— analizó a más de 300 ejemplares y decenas de miles de marcadores genéticos para descifrar el origen del “vira-lata”, como se les conocer en en el país latinoamericano a los perros Caramelo. El resultado es un ADN en el que las piezas del rompecabezas tienen el rastro de casi 300 “razas” distintas, desde pastores alemanes hasta pequineses.

Lo increíble de Caramelo es que, a pesar de su origen tan diverso, todos se parecen: tienen un tamaño medio, cuerpo más o menos atlético, hocico afilado, pelaje corto y orejas en ese punto exacto entre la alerta y la caída. Los perritos con estas características han sobrevivido porque son aptos. Incluso su color narra una historia de supervivencia. El tono amarillo que les da nombre es un rasgo funcional que ofrece mayor resistencia al sol e incluso a enfermedades.

Pero su existencia se explica “a raíz del abandono”, señala a EL PAÍS Josune Luquin, fundadora de Adoptist, una plataforma que amplifica las historias de perros y gatos rescatados en busca de hogar. “El gen del pelaje amarillo es dominante. A lo largo de varias generaciones, es más probable que prevalezcan estos perros, hasta que terminamos identificando a ese ‘perrito de la calle’ mexicano. Pero no es un motivo de orgullo, sino un problema real que hay que atender”, añade.
 

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