Parque Bicentenario de Miraflores abre debate sobre el potencial de la Costa Verde

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23 May 2020
Vecinos critican la obra que se construirá en la Bajada de Armendáriz. El arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio resalta aspectos de la iniciativa, pero la considera incompleta.



La emblemática bajada miraflorina no debe su nombre al virrey José de Armendáriz o al obispo de Cusco José Pérez Armendáriz, precursor de la independencia del Perú, sino a un fundo que estaba por sus inmediaciones. Hasta hace un siglo se le llamaba también quebrada de las parras, por los sembríos de vid de este fundo. Así lo cuenta el historiador Juan Luis Orrego.

El extenso fundo comprendió terrenos del actual Miraflores, y su historia se remonta a 1766, cuando Mateo Ninavilca y Mariano Morales, mayordomos de la Cofradía de la Parroquia del Cercado, cedieron la propiedad a José García Urbanega. Este, en 1780, legó el fundo a don Francisco Armendáriz, comerciante español de origen vasco. De allí el nombre.

Al borde del acantilado se ubicará el Parque Bicentenario, proyecto que ha generado críticas entre vecinos del distrito que se oponen a la intervención del espacio natural. La iniciativa implica una inversión de cerca de S/22 millones y sería entregada en julio de 2021.



El parque ocupará 3.8 hectáreas del acantilado y tendrá un jardín botánico al aire libre, seis plazas, ocho miradores, una plataforma para actividades y otros elementos paisajísticos.

Según Antonio Monsalve, gerente de Obras de la Municipalidad de Miraflores, se trata de un proyecto piloto que podrá replicarse en otras áreas de la Costa Verde miraflorina.

El proyecto habilitaría áreas verdes para la ciudad; el 83% del espacio contará aproximadamente 170,000 plantas de varias especies botánicas costeras. Asimismo, reforzaría el acantilado a partir de un sistema de andenes. El proyecto cuenta con los permisos y opiniones de las instituciones vinculadas, como la Autoridad del Proyecto Costa Verde, Emape y el Ministerio de Vivienda. Según Monsalve, no hay una modificación de la topografía natural.

Al proyecto, que busca dar mayor seguridad en espacios públicos desaprovechados, se suma un puente que unirá Miraflores con Barranco, específicamente el Malecón de la Reserva con el Malecón Harris. Se trata de un puente peatonal y para scooters, patines y bicicletas.



ASPECTOS QUE SE DISCUTEN
Para Pilar Mujica, vecina de Miraflores, el proyecto implica destruir paisaje natural con cemento. “Lo que necesitamos es más verde”, dice y opina que sería mejor arborizar el distrito.

El vocero de los vecinos que critican el proyecto, Juan Manuel de la Serna, considera que, pese a crear áreas verdes, construir implica un daño irreversible al entorno natural. Además, dice, no es necesario un parque en esa ubicación.

Serna aclara que no se busca descartar el proyecto, sino repensar su diseño. Así, afirma, en lugar de construir un puente, se pudo haber explorado otras opciones como ampliar el puente Armendáriz o que el puente se ubique cerca del eje de las avenidas San Martín y La Paz.

El puente cortaría la vista al mar al unir los acantilados. (Crédito de foto: Britanie Arroyo).


Para el arquitecto Jorge Ruiz de Somocurcio, la iniciativa, con aspectos positivos, se halla incompleta. Primero, considera, falta una bajada al mar desde el parque. Debería haberse contemplado escaleras o ascensores que conduzcan directamente a la playa, lo cual supera el campo de acción del municipio miraflorino.

Segundo, el puente podría ubicarse cerca del eje San Martín-La Paz, más cerca de donde existe el cruce actual. Ello beneficiaría a una zona con bastante circulación. Y un puente en el borde del acantilado alteraría el paisaje. Además, es necesario que Barranco se sume para que tenga sentido la integración.

Sobre la crítica de que el puente cortará la vista, Monsalve afirma que es una estructura metálica liviana para minimizar el impacto. De su ubicación, declara que, como parte del proyecto de interconexión de los malecones del que es parte un puente similar entre San Isidro y Miraflores, ya entregado, se buscó el punto de continuidad más directo y de menor costo.

Ruiz de Somocurcio apunta que el potencial del proyecto se desdibuja al no articularse dentro de una visión integral de la Costa Verde porque no se cuenta con un Plan Maestro actualizado de esta. “Como no hay una hoja de ruta que defina dónde van puentes, bajadas, escaleras, parques, cada municipio actúa por separado, lo cual es un despropósito”, afirma.

 
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