1.Milli Vanilli: un Grammy y millones de ventas por hacer 'playback'.
En 1987, el productor discográfico alemán Frank Farian descubrió al francés Fab Morvan y el alemán Rob Pilatus, dos mulatos que bailaban con la cantante Sabrina. A ojos de Farian, aquella exótica pareja lo tenía todo para triunfar: dotes para la danza, desparpajo y sex appeal. Como no sabían cantar, el productor contrató a un par de vocalistas y un puñado de músicos: ellos grabarían los discos, mientras Fav y Rob movían las bocas y el esqueleto. ¿Resultado? Vendieron millones de discos y recibieron un premio Grammy.
El chasco llegó en 1990, cuando un tal Charles Shaw confesó en un periódico que él era quien cantaba en los discos y que Milli Vanilli eran un par de impostores. Desesperados, Rob y Fav le pidieron a Frank Farian que los cubriera pero, temeroso de hacer más el ridículo, el productor optó por reconocer públicamente la verdad. Poco después, al dúo le quitaron su Grammy y lo echaron de su sello discográfico.
Tras el escándalo, los Milli grabaron algún disco con sus verdaderas voces, pero ya nadie les creía. Rob no encajó bien el fracaso, tuvo problemas con la ley y las drogas y acabó muerto por sobredosis el 2 de abril de 1998.
2. Jordy: el niño cantor traicionado por sus padres.
Marisol, Joselito, Nikka Costa… Casos de niños canores los hay a patadas, pero ninguno tan precoz y tan fugaz como el del francés Jordy. Su primer éxito, con solo cuatro años, fue Dur dur d’être bébé! (1992), donde, sobre una base dance, el niño balbuceaba una letra sobre las tribulaciones de ser pequeño. Los responsables de la música eran sus padres, el productor Claude Lemoine y la compositora Patricia Clerget, que se hicieron de oro gracias a la simpatía de su vástago. Con su primer disco, Jordy entró en el Libro Guiness de los Records como el artista más joven (4 años) en llegar al número uno en todo el mundo. El segundo disco mantuvo el éxito, y una de sus canciones fue incluida en la película Mira quién habla también (1993). Pero el tercero fracasó.
3. U2: un directo lleno de sonido enlatado.
En 1992, tras un radical cambio de imagen y sonido, la banda irlandesa más famosa del mundo emprendió el Zoo TV Tour, una gira de conciertos por los cinco continentes. En ella, el grupo cambió por completo su concepción del directo, que pasó de la austeridad de las giras anteriores a ser un espectáculo multimedia. Para quitarse trabajo y sincronizar bien imágenes, luces y sonidos, Bono y los suyos llevaron todos los instrumentos pregrabados. Como a menudo había fallos de sincronización, fueron muchos los que los acusaron de fraude.
Uno de los que los que más cizaña metió fue el cantante de Kiss Gene Simmons: “Si, como U2, cobras 100 dólares por la entrada, hacer mímica sincronizada es una falta total de honradez”, sentenció en una entrevista. Lo más curioso es que, más de una década después, el grupo Kiss también fue sorprendido haciendo playback y tuvo que pedir perdón en Twitter.
4. Technotronic: la despampanante chica de portada no sabe cantar.
Este grupo belga de eurodance fue ideado por el productor Jo Bogaert, alias Thomas de Quincey. Cuando lanzaron su primer disco, el rompepistas house Pump up the jam (1989), la chica que salía en la portada y en el vídeo era la despampanante modelo Felly Kilingi, pero cantaba Manuela Kamosi, alias Kid K, mucho menos atractiva.
En 2009, coincidiendo con el vigésimo aniversario del disco, MC Eric, el otro miembro del dúo, explicaba así el fraude en Tentaciones: “Kid K firmó un contrato ilegal porque era menor de edad. Cuando todo el mundo se dio cuenta, era tarde, porque la canción ya era un éxito en los clubes. Así que encontraron a esta chica parecía africana y tenía una imagen muy fuerte. La compañía la escogió sin que lo supiéramos”.
A partir del siguiente disco, rectificaron, saliendo en todas las fotos y videos y tocando mucho en directo. Pero el éxito nunca les volvió a acompañar.
5. Leonard Cohen: su mánager y amante le robó todo el dinero.
En 1994, harto del mundanal ruido, el cantautor Leonard Cohen tomó la decisión de raparse la cabeza, hacerse monje y recluirse en un monasterio zen de Mount Baldy, Los Ángeles.
Antes de retirarse, dejó sus asuntos económicos en manos de su mujer de confianza, Kelly Lynch, que durante 17 años había sido asesora financiera y amante esporádica del cantautor. Pero, traicionando su confianza, Lynch se fugó con los cinco millones de dólares que Cohen tenía ahorrados para su jubilación, dejándolo casi en la bancarrota.
Así las cosas, el cantante tuvo que colgar los hábitos para volver a la carretera y ganar algo de dinero. Y Kelly Lynch fue condenada a 18 meses de cárcel.
El cantautor y poeta canadiense falleció el 7 de noviembre de 2016 a los 82 años de edad.
6. Rihanna: plagiando con descaro.
Pese a tener una preciosa voz y un desarmante atractivo físico, la cantante de Barbados nunca se ha caracterizado por su originalidad. Su efervescente R&B suele picotear de aquí y allá, homenajeando y sampleando (coger partes de otra canción) a su antojo. Por ejemplo, uno de sus mayores éxitos, Don’t stop the music, está construido sobre Wanna be starting something, de Michael Jackson, que la cantante sampleó a golpe de talonario.
Lo que sí fue un plagio descarado y traicionero fue Bitch better have my money, una canción estrenada en 2015 que “fusilaba” con descaro un tema de la rapera Just Britttany, titulado Betta have my money. Como es obvio, RiRi no se molestó ni en cambiar el título.
7. Boney M: el cantante no canta, pero si lo quiere el público...
En 1975, el grupo ABBA arrasaba en todo el mundo. Fue entonces cuando al productor alemán Frank Farian (que más tarde crearía a Milli Vanilli) pensó en montar una respuesta negra y exótica a los fabulosos suecos. Para ello, contrató a dos cantantes y una modelo, todas del Caribe, y a un DJ antillano que atendía por Bobby Farrell. Como el susodicho DJ no sabía cantar, Farian decidió hacerlo él mismo.
El éxito del grupo, llamado Boney M, fue apoteósico y canciones como Ma Baker, Belfast o Rivers of Babylon arrasaron en todo el mundo. Fue entonces cuando Bobby Farrell empezó a protestar y a pedir que lo dejaran cantar. Pero Farian, que disfrutaba siendo la voz en la sombra, no aceptó y, harto de la rebeldía de Farrell, lo echó del grupo y puso a otro monigote al frente. La cosa no funcionó, pues el público se quejaba de que aquel impostor no era “el negro de Boney M”. Así que el productor tuvo que llegar a un acuerdo con el falso cantante, que aceptó volver al grupo a cambio de dinero extra y cambiar su nombre por “Bobby Farrell & Boney M”.
8. C+C Music Factory: tú te callas.
Los productores americanos Robert Clivillés y David Cole crearon este grupo de dance pop a principios de los noventa. Tras hacer unas bases, contrataron al rapero Freedon Wiliams y a la vocalista Martha Wash para poner voces en rompepistas como Gonna make you sweat (Everybody dance now).
El éxito fue legendario: cinco veces disco de platino. Pero la señorita que salía en la portada de los discos y en los vídeos no era la oronda cantante Martha Walsh, sino Zelma Davis, una deslumbrante modelo de 19 años que, años después, se lavaría las manos en una entrevista de Rolling Stone: “Yo era joven e inocente. Recuerdo que les dije a los que grababan el videoclip que eso no lo había cantado yo y los de la casa de discos me hicieron callar”.
La que no se calló fue Martha Walsh, que denunció a los productores y a CBS/Sony por fraude, publicidad engañosa y apropiación comercial.
9. Michael Jackson: un disco póstumo con la voz de otro
En diciembre de 2010, poco más de un año después de la muerte del Rey del Pop, se publicó Michael, un (supuesto) álbum póstumo de canciones inéditas. Desde el primer momento, el lanzamiento fue criticado tanto por los parientes, amigos y colaboradores del cantante, que consideraban una falta de respeto publicar unas canciones que no estaban acabadas. Lo que no sabían es que en muchas de ellas ni siquiera cantaba Michael, sino Jason Malachi, dotado de una tesitura de voz muy parecida.
La primera que llamó la atención sobre el fraude fue Paris, la hija de Michael que, en una conversación por vídeo chat con varios amigos, la chica comentó que “mi padre no canta ninguna canción de ese álbum. Busca en YouTube a Jason Malachi. ¡Es él!”. La conversación fue grabada y se filtró a Internet, donde ya había un clamor que especulaba sobre el fraude. Y en enero fue el propio Malachi quien reveló la verdad en su Facebook: "Chicos, creo que es hora de confesar. Era yo quien cantaba Breaking News, Keep Your Head Up, Monster y Stay. Yo tenía un acuerdo con la compañía discográfica, pero ahora el gato está fuera de la bolsa. Perdón a todos mis fans, y a los fans de Michael Jackson".
10. Billy Joel: estafado y arruinado.
Desde 1973 hasta que se retiró temporalmente en 1993, esta estrella del pop facturó 40 éxitos, ganó seis premios Grammy y despachó más de 100 millones de discos en todo el mundo. Sin embargo, por avatares del destino, también se ha arruinado varias veces.
El ejemplo más sonado fue cuando Frank Weber, su ex mánager, usó 30 millones de dólares que sacó de las cuentas del cantante para avalar prestamos personales y realizar varias inversiones que acabaron mal. Joel no se enteró de la estafa hasta 1989, año en que le hicieron una auditoría, y tuvo que declararse en quiebra, demandando poco después a Weber por fraude y apropiación indebida. Hay más: el ex manager era padrino de la hija del cantante y había sido su cuñado. El caso afectó tanto al artista que en su disco River of dreams (1993) dedicó varias canciones al asunto.