Francia antartica la colonia frente a Rio en brasil que duro 12 años.1555

rickycardo1

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Holanda pudo 20 años, pero Francia no pudo mas tiempo. PARA los portugueses eran herejes., internamente la colonia se quebro al haber pelea contra los hugonotes calvinistas., y todo era para llevar madera palo Brasil. Gracias a esa colonia los portugueses fundaron el Rio de janeiro Enero para poder expulsarlos.
Tambioen tiene una HISTORIA INCREIBLE anterior en 1504 llevo un Indio salvaje que vivio 95 años en Francia y se encamo con las francesas.


Breve, atribulada y adversa, la experiencia colonial francesa en la bahía de Guanabara, entre 1555 y 1567, es una nota de pie de página en la historia de la expansión europea. En Brasil, se la recuerda, sobre todo, porque la reconquista del territorio llevada adelante por los colonizadores portugueses dio paso a la fundación de la ciudad de Río de Janeiro en 1565. Empero, la colonia denominada Francia Antártica, al mando del vicealmirante Nicolas Durand de Villegagnon (1510-1571), tuvo repercusiones mucho más duraderas: fue un preludio de las guerras religiosas que inflamarían Europa en las décadas posteriores, abonó el imaginario occidental sobre los pueblos aborígenes, provocó que los intelectuales europeos se cuestionasen su propio mundo y dejó un vasto legado de representaciones iconográficas y de relatos.

Con el aporte de historiadores, musicólogos, lingüistas y expertos de otras disciplinas, el libro intitulado França Antártica: Ensaios interdisciplinares [Francia Antártica. Ensayos interdisciplinarios] (Unicamp, 2020) examina ese legado múltiple para encuadrar este breve episodio de la historia de Brasil en un contexto más amplio que el relato de la reconquista portuguesa. ¿Qué representó para los pueblos originarios? ¿Cómo se relaciona con lo que ocurría en Europa y con la expansión colonial? ¿Cómo afecta la perspectiva actual sobre la formación del país? “Excepto por la fundación de Río de Janeiro, la ocupación portuguesa en América no habría sido muy diferente si no hubiera franceses en Guanabara”, sostiene la historiadora del arte Maria Berbara, del Departamento de Historia y Teoría del Arte de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj) y una de las organizadoras de la obra. “De cualquier manera, la colonia de Francia Antártica legó un enorme repertorio de textos, imágenes, ideas y conceptos que contribuyeron a configurar la imagen de Brasil y de toda América”.

Los relatos sobre el Nuevo Mundo, editados por el grabador belga Theodor de Bry (1528-1598), que circulaban entre el público europeo del siglo XVI, eran un gran éxito de ventas, en buena medida, porque estaban presentadas de manera que resonaba con el modo de pensar y percibir el mundo de los europeos de la época. Por ejemplo, las ilustraciones del paisaje brasileño de algunos de los documentos de ese entonces –como el mapa estampado en la portada del libro– son claramente coincidentes con las representaciones del Jardín del Edén de las ediciones impresas de la Biblia que circulaban. “Eran innumerables los panfletos en circulación, con un éxito de público abrumador. Uno de los motivos radica en que esos textos indagaban en temas por entonces muy sensibles, como la religiosidad”, dice Berbara. “El propio Villegagnon redactó un panfleto, También existen cartas, como las de los jesuitas. El relato de Hans Staden [1525-1576], que se ubica un poco más al sur, fue muy leído”.

Francia Antártica fue un preludio de lo que iba a suceder en el continente europeo
Las principales obras literarias del siglo XVI sobre Francia Antártica son las del fraile franciscano y cosmógrafo francés André Thevet (1502-1590) y el expedicionario y pastor calvinista Jean de Léry (1536-1613). En 1557, Thevet publicó Les singularitez de la France antarctique, donde relataba su breve experiencia como capellán de Villegagnon. Como cosmógrafo, el fraile registraba las características de las tierras descubiertas por los viajeros y su obra La Cosmographie universelle, de 1575, contiene párrafos importantes sobre Brasil. En 1578, en gran medida para contradecir lo que consideraba “falsedades” del católico Thevet, el protestante Léry publicó Histoire d’un voyage fait en la terre du Brésil (Historia de un viaje a la tierra del Brasil). La obra es pródiga en descripciones del modo de vida de los indígenas, incluyendo el lenguaje tupí, la música –tema de uno de los capítulos del libro–, las costumbres y la pintura corporal.





Wikimedia Commons Americae tertia pars, ilustración del relato de Hans Staden realizada por Théodore de Bry en 1592Wikimedia Commons


El indio más viejo de Francia

A los 95 años murió en Honfleur, Normandía, un individuo llamado Essomericq. No era francés, sino el primogénito del cacique indígena Arosca, y los europeos le endosaron ese nombre para reemplazar el suyo en lengua aborigen: Içá-Mirim. Él había desembarcado en Europa después de que Binot Paulmier de Gonneville, marinero galo, se lo llevara de la actual Santa Catarina al sur de Brasil con la promesa de regresarlo en veinte meses. Jamás cumplió.

Los franceses empezaron aquel viaje un año antes, el 24 de junio de 1503, en Honfleur y a bordo de La Esperanza, barco de cien toneladas y capacidad para una tripulación de sesenta hombres. El destino no era un punto en concreto del mapa, solo los mares del sur.

A la altura del cabo de Buena Esperanza, se perdió La Esperanza ―el barco― que luego de caer en un “bucle” de corrientes marinas navegó sin rumbo por semanas, exactamente hasta el 6 de enero de 1504 cuando vio tierra. Sin pretenderlo, habían arribado a un territorio que Pedro Álvares Cabral reclamó para Portugal tres años antes.

Los indígenas recibieron bien a los franceses y pronto acordaron la apertura del comercio entre ambas naciones. Por seis meses, la tripulación permaneció en tierra reparando tanto las heridas de la carne como las de la nave.

El regreso no tuvo contratiempos en la parte más peligrosa y desconocida del Atlántico, pero a dos jornadas de Honfleur, un par de barcos piratas los atacaron. Para salvar la vida, Binot Paulmier lanzó su navío hacia la costa y naufragó. La mayoría de la tripulación pudo sobrevivir, pero mercancías además de cartas de navegación y bitácora se perdieron entre las aguas.
En pos del “paraíso” de la libertad, dos barcos zarparon del puerto de El Havre el 14 de agosto de 1555. La tripulación estaba compuesta por soldados, artesanos y seiscientos hombres reclutados “voluntariamente” en las prisiones de Ruan y París.

El 15 de noviembre la expedición soltó anclas en una isla de la bahía de Guanabara, en el actual estado de Río de Janeiro y a la que los nativos tamoios llamaban Serigipe ―hoy Villegagnon―. Allí, el conquistador galo ordenó la edificación del fuerte Coligny en honor a su mecenas.

Francois ClouetGaspard de Coligny fue decapitado en la masacre de San Bartolomé.
La fortaleza era el puesto de avanzada de la colonia Henryville que empezó a construirse en tierra firme o como la llamaron: Francia Antártica.

El cacique local, Cunhambebe, puso a disposición de sus nuevos aliados un grupo de guerreros con los que fue posible extender los dominios de Francia, al tiempo que expulsaba a sus propios enemigos de la región.

Sin embargo, la felicidad de los colonos se agotó sobre todo por la falta de alimentos y el fuerte parecía cada vez más una colonia penal. Prisioneros indígenas y europeos soportaban condiciones miserables hasta que decidieron rebelarse. Villegagnon pudo frenar esta insurrección ejecutando a los cabecillas, detectados gracias a un grupo de soplones.

Algunos conjurados huyeron al continente para refugiarse entre tribus indígenas rivales de lo tamoios, esperando un momento propicio para la venganza.

La caída del paraíso

Recién en marzo de 1556 llegó un nuevo barco desde Francia al mando del sobrino de Nicolas Durand de Villegagnon; traía trescientos colonos que incluían las primeras mujeres, además de catorce misioneros enviados por el propio Calvino.

Sin embargo, al poco tiempo, Villegagnon renegó de los hugonotes, quienes se escondieron una vez más entre los indígenas hasta conseguir su regreso a Europa. Solo ocho fugitivos prefirieron reingresar al fuerte Cologny, tres de los cuales morirían ahogados casi enseguida por no retractarse de su fe.

De todas maneras, la colonización de las islas de la bahía de Guanabara y algunas zonas del continente se mantuvo y el éxito de la colonia atraía a cazafortunas, piratas y comerciantes que habían convertido las pieles de mono y cocodrilo yacaré y las plumas de papagayo en artículos de última moda.

Pero la intolerancia religiosa provocó que se suspendiese el envío de ochocientos colonos adicionales, al tiempo que se ordenaba el regreso inmediato de Villegagnon para responder por sus acciones. Los territorios quedaron al mando de su sobrino, Legendre de Boissy
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Portugal, que se consideraba dueño legítimo del país por el tratado de Tordesillas, finalmente, decidió expulsar a los franceses en marzo de 1560. El ejército estaba compuesto por europeos e indígenas al mando del tercer gobernador general de Brasil, Mem da Sá.

Tras doce días de negociaciones, el sobrino de Villegagnon decidió no rendirse, estallando un combate de tres jornadas. La madrugada del 17 de marzo el fuerte de Cologny cayó. Dos disidentes franceses habían entregado la información necesaria para la victoria de Portugal.

Un grupo de colonos galos embarcó apresuradamente mientras el resto se refugiaba en la costa. De allí los expulsó un familiar de Mem de Sá en 1567 con el apoyo de la tribu de los temiminós, que antes habían sido desalojados de sus tierras por la alianza tamoio-francesa.

En Europa Nicolas Durand de Villegagnon siguió combatiendo a los calvinistas que originalmente iba a salvar con su expedición a América. Vivió hasta 1571.

La historia lo recuerda como un guerrero valiente, gran marinero, ingeniero y hasta diplomático; capaz de acciones de tremenda humanidad y crueldad implacable por igual. Fue una figura diametralmente opuesta a Binot Paulmier, quien más bien era un marinero modesto y tan adelantado a su época que hasta adoptó sin dudar al hijo de un cacique del otro lado del planeta.

Ambos fueron hombres de su tiempo, sin embargo, como los de cualquier época, estaban cargados de contradicciones que no deberían mirarse con lentes fabricados por la coyuntura, sino más bien con pura perspectiva histórica e interés por entender al otro.
Y UN RESUMEN

Los primeros europeos en llegar a lo que hoy es Brasil fueron los portugueses. Una flota bajo el mando de Pedro Álvares Cabral tocaba tierra en abril de 1500 y reclamaba aquellas tierras en nombre de la Corona de Portugal, conforme a lo establecido en el Tratado de Tordesillas (1494). Apenas cuatro años después, el navegante francés Binot Paulmier de Gonneville también se dejaba ver por allí. Los comerciantes franceses no tardarían en comenzar a negociar con los asentamientos portugueses de aquellas tierras, comerciando sobre todo con maderas valiosas y el llamado Palo Brasil (Caesalpinia echinata), un árbol del que se obtenía un cotizadísimo tinte rojo.
No pasó mucho tiempo hasta que los franceses empezaron a considerar la idea de establecer sus propias colonias en Brasil, para no depender de los portugueses en sus tratos y sacar tajada de las grandes riquezas minerales que -decían- ocultaban aquellas tierras (aunque fuese ignorando el Tratado de Tordesillas, que contaba con la bula del papa Alejandro VI). Durante años, los corsarios franceses y los mairs (comerciantes no autorizados que negociaban directamente con los indígenas sin pagar los correspondientes impuestos a la corona lusa) se enfrentaron a los portugueses, llevando a ambos países a un enfrentamiento.
Es entonces cuando surge la figura de Nicolas Durand de Villegagnon. Villegagnon, vicealmirante de Bretaña, hábil marino, diplomático, aventurero y explorador, se convirtió en el impulsor de la idea de crear una colonia francesa en el Nuevo Mundo. No sólo para mayor gloria de su país y de su rey, Enrique II; por aquel entonces, las luchas de religión que enfrentaban a católicos y hugonotes ensangrentaban Francia y Villegagnon, simpatizante de los protestantes, soñaba con crear una colonia que acogiese a todos los que buscasen un lugar donde vivir su religión en paz, sin ver su vida amenazada por ello. En 1554, Villegagnon había visitado en secreto la costa brasileña, buscando emplazamientos y recogiendo información sobre los indígenas y los portugueses. La expedición, apoyada por el almirante Gaspard de Coligny y financiada por Enrique II, estaba formada por tres naves (dos de transporte y otra con suministros) y 600 hombres, buena parte de los cuales eran presos reclutados en las prisiones de París y Rouen, además de artesanos, soldados, sacerdotes e incluso un grupo de mercenarios escoceses que eran la guardia personal de Villegagnon, y partió de Le Havre el 14 de agosto de 1555. El 10 de noviembre avistaban tierra y el 15 llegaban a la bahía de Guanabara, donde hoy en día se encuentra Río de Janeiro, fundando dos asentamientos: el Fuerte Coligny, en la isla de Sergipe, y Henriville, en tierra firme. El conjunto de la colonia fue llamado "Francia Antártica".
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Nicolas Durand de Villegagnon (1510-1571)
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Los colonos franceses se pusieron manos a la obra, asegurando su posición gracias a pactos con las tribus cercanas, los tamoyos y los tupinambá. Los trabajos para el acondicionamiento y desarrollo de la colonia eran agotadores, y no pocos franceses sucumbieron a la enfermedad y a las privaciones. Además, se produjeron algunos roces entre católicos y protestantes, y un amago de sublevación (porque al parecer el líder de la colonia quiso obligar a los colonos a casarse con las indias con las que "intimasen") que fue cortado de raíz por Villegagnon ejecutando a los cabecillas.
Como los portugueses no habían descubierto todavía su presencia, la colonia fue creciendo y la llegada de barcos mercantes franceses se producía con regularidad. En 1556 Villegaignon envió una nave a Francia solicitando mas colonos: pedía tres o cuatro mil soldados y trabajadores cualificados, además de mujeres. Los refuerzos llegaron en marzo de 1557, en tres naves (la Grande Roberge, la Petite Roberge y la Rouse) al mando de Legendre de Boissy, señor de Bois-le-Comte y sobrino de Villegagnon: sólo 300 colonos (incluidas las cinco primeras mujeres francesas) y 14 misioneros calvinistas. Estos, al parecer, eran una petición expresa de Villegagnon, descontento por la actitud poco piadosa de un grupo de colonos, apodados trouchements, los cuales habían confraternizado más de la cuenta con los indígenas (y sobre todo con las indígenas). Pero la llegada de estos severos predicadores no hizo sino acentuar las diferencias religiosas entre protestantes y católicos en el seno de la colonia, y Villegaignon acabó echándolos (unos cuantos se instalaron fuera de la colonia junto a varios ex-colonos descontentos) o ejecutándolos. En 1559, Villegagnon se vio obligado a volver a Francia, para defenderse de las acusaciones de los calvinistas, dejando a su sobrino al mando de la colonia.
En 1560, Catalina de Austria, reina regente de Portugal, ordenó al Gobernador de Brasil, Mem de Sá, expulsar a los franceses de sus asentamientos. Con unas fuerzas de 10 navíos y 120 soldados portugueses y un millar de indígenas, atacó Fuerte Coligny el 15 de marzo de 1560, tomándolo tras tres días de duros combates. Los franceses dejaron la isla y se refugiaron en tierra firme, mientras que los portugueses demolían el fuerte, pero sin atacar el asentamiento terrestre, al no disponer de las fuerzas necesarias. En Henriville, los franceses siguieron aprovisionando a los barcos franceses con la ayuda de los tamoyos, a los que incluso adiestraron para convertirlos en tropas auxiliares contra los portugueses.
En 1563, un nuevo ejército portugués, a las órdenes de Estácio de Sá, sobrino del gobernador, es enviado para expulsar de una vez por todas a los franceses. Estableció su campamento en lo que hoy es Río de Janeiro (fundada con el nombre de San Sebastián de Río de Janeiro el 1 de marzo de 1565) y tras una serie de escaramuzas que duraron dos años, finalmente derrotó a los franceses y a sus aliados en enero de 1567, aunque murió un mes después de las heridas recibidas en el combate. Los franceses huyeron; algunos lograron volver a Francia, otros fueron capturados y unos pocos se establecieron en Cabo Frío, desde donde siguieron comerciando con Francia y apoyando a los tamoyos, hasta su expulsión definitiva la década siguiente. La represión contra los indígenas fue atroz; cientos de ellos fueron asesinados, mas de 400 fueron vendidos como esclavos y los supervivientes tuvieron que abandonar la costa y refugiarse en el interior. Todas las construcciones de la colonia francesa fueron quemadas y arrasadas.
Villegagnon renegó del protestantismo y abrazó el catolicismo tras su retorno a Francia; murió en Beauvais en 1571, a los 61 años. Hoy en día, la isla donde construyó el Fuerte Coligny se llama todavía isla de Villegagnon.
Los franceses aún harían otra intentona para instalarse en Brasil; en 1612 se instalaron en la isla de Upaon-Acu y fundan una colonia a la que llamaron "Francia Equinoccial" y una ciudad llamada San Luis (actual Sao Luís, capital del estado de Maranhao). Serían expulsados en 1615 por los portugueses.
 

Hubo viajes constante de autoctonos tupinamamba que eran antropófagos a Francia. Dejaron semilla en Francia ROUAN.
En general, los matrimonios de tupinambás con mujeres francesas fueron excepcionales. De ellas se sabe muy poco, incluso de quienes pertenecieron a estratos sociales más altos como Marie Moulin, hija del capitán Gonneville, casada con Essomeriq-Binot, el indio carijó que vivió en Normandía y con el que tuvo 14 hijos. De acuerdo con Perrone-Moisés [1992: 61-66], de Marie sólo podemos inferir que era una joven, saludable, que el matrimonio duró mucho tiempo y que transmitió una cultura aristocrática a sus hijos. Por otra parte, la esposa de Yapoco, cuyo origen no queda claro, permanece en Brasil, mientras él regresa a Francia y no es posible saber si volvieron a reunirse. Finalmente, las mujeres de los catecúmenos habrán emprendido el viaje hacia Brasil, pero no sabemos si llegaron a su destino ni su experiencia entre los tupinambás. A expensas de las mujeres, el matrimonio formaba parte irrenunciable de la alianza y era el resultado de las negociaciones de los tupinambás frente a la imposición de las nuevas normas cristianas.
CONSIDERACIONES FINALES
El bautizo de tres tupinambás en París, en 1613, era el símbolo de la alianza franco-tupí que se había comenzado a fraguar desde los primeros años del siglo XVI. Esta ceremonia constituía también el correlato de la circulación de numerosos franceses que se habían incorporado a los grupos tupinambás para facilitar las relaciones comerciales; es decir, visibilizaba la larga tradición de viajes de indios tupís a tierras francesas que durante más de un siglo habían sido constantes, aunque no numerosos. Pero, la presencia y bautizo de estos tupinambás se fraguó como un discurso político que redituaba tanto al proyecto católico de los capuchinos como a los grupos que resistían a la expansión portuguesa sobre el litoral brasileño.

La relación comercial y de alianza política entre tupinambás y franceses se había construido sobre las bases de un enemigo común: los portugueses; no obstante, el vínculo se había reforzado y recreado a partir del el intercambio y el conocimiento recíproco y de diversas formas de interacción, mediación y aculturación. Por un lado, los tupinambás habían recibido e incorporado franceses a su estructura social mediante el sistema de linaje y parentesco mientras que, a inicios del siglo XVII, los indios aceptaron la catequesis y algunas de las normas y restricciones impuestas en aras de mantener la alianza política y militar. En este sentido, los tres catecúmenos bautizados en París fueron reconocidos como “embajadores tupinambás”, esto es, como interlocutores frente al monarca francés.

Si bien las promesas de amistad y apoyo militar se desvanecieron frente a una serie de circunstancias políticas internacionales, a través de este pacto ritualizado, es posible reconocer la agencia indígena que no dudó en apropiarse del orden discursivo y simbólico católico en función de sus propios intereses.
 
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